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viernes

Diagnóstico reservado para el sur

 

Arequipa ha sido el primer departamento del sur en ser quebrado por el coronavirus en esta parte del país. Los hospitales no dan más, a las quejas de los usuarios se sumaron la de los médicos; paralelamente, el gobernador Elmer Cáceres Llica, cambiaba por segunda vez la cabeza de la Gerencia Regional de Salud, inauguraba un nuevo centro de contención del virus en Cerro July, hacía larga la obra de la ampliación del hospital Covid de Arequipa, y las curvas de contagio y muertos continuaban en ascenso.

Tras la intervención del Gobierno Nacional en el control del sistema de salud regional, las cosas comenzaron a andar: vimos con estupor como la comisionada del gobierno encontraba en los almacenes de la Gerencia Regional de Salud toneladas de medicinas e implementos de seguridad, las obras en el hospital culminaron, y un segundo contingente de personal de salud arribó a la ciudad para reforzar la atención; sin embargo, parafraseando a Vallejo: Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Al 2 de agosto se contaban 53 546 casos confirmados y 990 fallecidos.

En Puno, más precisamente en San Román, el movimiento comercial continuó como si no hubiera emergencia sanitaria en el país. Los juliaqueños se creyeron inmortales y no pararon, de modo que al 30 de julio ya contaban con 2162 contagiados, acumulando el 50% de los casos en toda la región. Y aquí no hubo autocrítica, la culpa del incremento la atribuyeron a la cantidad de forasteros que pasaron por allí para trasladarse a otros lugares, o a los que vinieron a comprar a la zona. Ya se cuentan 172 fallecidos en toda la región.

En Cusco, se venían preparando los protocolos para abrir Machu Picchu en julio, como si la apertura del transporte interprovincial y el de los vuelos comerciales, sumados al levantamiento de la cuarentena habilitaran a la gente a hacer turismo interno, sin considerar que el coronavirus no es simplemente una enfermedad respiratoria, sino que compromete situaciones bastante más delicadas; pero sobre todo, sabiendo que nuestro sistema de salud hace agua por todos lados. Al primero de agosto, esta región contaba con 9565 casos confirmados y 237 fallecidos. Con este diagnóstico, el Comando Covid del Cusco ha reforzado su cuarentena focalizada con nuevas medidas, como un mayor control en el transporte y la disminución de los aforos en mercados, centros comerciales y supermercados, entre otras.

En Moquegua, el gobernador Zenón Cuevas, regresó a la región después de luchar durante un mes contra el Covid-19 en un hospital de la capital. Ha pedido la unión de todos para vencer al virus. El último decreto de gobierno, que ordena cuarentena focalizada a nivel nacional, ha incluido a Mariscal Nieto (que carga con el 56% de los infectados) e Ilo (38%), en la lista de las provincias de riesgo. El oxígeno es la mayor demanda en esta zona del país. Al 2 de agosto, Moquegua reporta 7091 casos y 136 fallecidos.

Tacna también ingresó a la lista de cuarentena focalizada. Su gobernador inauguró recientemente una planta de oxígeno para autoabastecimiento al interior del hospital Covid Hipólito Unanue. Al 2 de agosto se cuentan 4210 infectados y 130 fallecidos.

El virus está fuera de control en las capitales y principales provincias de estas regiones, y sus hospitales han colapsado. Aun así, los conflictos sociales se han encendido. En Cusco, más precisamente en Espinar, se registraron manifestaciones de pobladores que exigen a la minera Antapaccay un bono por la afectación del Covid-19. Similar pedido ha hecho un grupo de pobladores del distrito de Caylloma (Arequipa) a la Minera Bateas. Y en Melgar (Puno), los ánimos de la población se están caldeando porque no se ha resuelto la contaminación de la Cuenca de Llallimayo; la minera causante de este dañó ambiental continuó sus actividades durante la pandemia. Si bien a finales de junio por resolución ministerial se conformó la “Mesa de Trabajo para abordar la  problemática socio ambiental de la cuenca Llallimayo”, no se ha reportado mayor actividad.

El común denominador en Puno y Arequipa, ha sido la respuesta errática de sus cabezas regionales ante la emergencia, ambos con denuncias por su inacción. Si bien no puede atribuírseles toda la responsabilidad, estamos seguros que con medidas más adecuadas –y a tiempo– se hubieran evitado muchas muertes. En la otra cara de la moneda está la población; es sintomático, por ejemplo, que en Arequipa se registrara la última semana de julio el cierre de cantinas y prostíbulos clandestinos, que haya tráfico de vehículos en algunas avenidas y que el comercio ambulatorio esté descontrolado en varios puntos de la ciudad.

Así las cosas, sólo podemos hacer un recuento de lo que está pasando en el sur. No podemos hacer prospectiva. Aún no.

 

 

desco Opina - Regional / 7 de agosto de 2020

descosur

lunes

El sur posaislamiento


Las medidas de aislamiento social dictadas por el presidente Martín Vizcarra para contener el contagio masivo del nuevo coronavirus han sido saludadas, no solo por grandes sectores en el país, sino por expertos en otros lados del mundo. También queda claro que Perú no podrá escapar de la recesión económica mundial que se viene, ciertamente con sus particularidades: una economía con el 72 % de informalidad, dependiente en un 60% del mercado externo y cadenas económicas frágiles en provincias y, simultáneamente, uno de los países con mayores márgenes de decisión por su situación económica.
El 13 de abril no volveremos a la normalidad, como muchos están pensando. El aislamiento social continuará y las restricciones para la movilidad interna también, sobre todo porque la mayoría de contagios del virus están focalizados en la capital y hay solo un departamento que aún está libre del virus (Puno) de los libres del sur que había hasta la semana pasada (Apurímac, Moquegua y Puno), mientras el número de casos confirmados en otros departamentos del sur son bajos y están controlados. La incertidumbre por los contagios está haciendo que algunas provincias del sur comiencen a cerrar sus accesos, salvo para el transporte de alimentos, como Sánchez Cerro (Moquegua), o que estén con las alertas al tope, como Santa Lucía (Puno), por el transporte ilegal de pasajeros en estos días de confinamiento.
Si bien estamos seguros que no tendremos problemas de desabastecimiento alimentario, pues felizmente en el sur tenemos un movimiento agrícola y pecuario muy dinámico a pequeña y gran escala, hay sectores económicos que se verán afectados. Por nuestro quehacer institucional nos preocupan dos en particular: el turismo rural y la producción alpaquera.
Respecto al primer sector, sin duda el Valle del Colca será grandemente afectado. Aún no es claro a qué se dedicarán todas las personas que han invertido en diversos negocios de servicios al turista, como casas vivenciales, restaurantes, guías, artesanías etc. En estos días vimos un ejemplo de adaptación a los nuevos tiempos: los habitantes de la isla de Uros retornando a sus actividades ancestrales para vivir mientras la actividad del turismo está detenida. ¿Cómo harán otros emprendedores del turismo rural en otras partes de Arequipa, Cusco y Puno? En breve lo sabremos. Aún no se avizoran políticas de nivel regional que puedan atender este problema. Es momento de revalorar la importancia de la pequeña agricultura, que predomina en el Valle del Colca y que tradicionalmente abastece a la ciudad de Arequipa, para que se constituya en una alternativa de compensación a la previsible caída del turismo.
Pero, sin duda, el golpe más duro lo recibirá el sector alpaquero. En la Macrorregión sur se calcula que hay 64 800 familias dedicadas a la crianza de camélidos sudamericanos domésticos (Cenagro 2012). Ya a finales del año pasado, el precio de la fibra había caído estrepitosamente a 8 soles la libra, luego de estar a 18 soles al comenzar el 2019. Es muy probable que muchas compras del extranjero se cancelen, teniendo en cuenta que el principal mercado de la fibra se concentra en China, Italia y Estados Unidos, tres de los países más golpeados por las consecuencias del covid-19. Tenemos el antecedente de la crisis financiera del 2008, cuando el precio de la fibra cayó a 3 soles la libra de fibra blanca y su recuperación tardó varios años. Se debería esperar que entre las medidas que el gobierno viene organizando para enfrentar la crisis, se considere a este sector con políticas para las compras estatales de fibra y la mejora del sistema de comercialización de la carne de camélidos que abastece el mercado interno.
En el caso de la fibra de alpaca, esperamos que las misiones comerciales en los países compradores cumplan un rol dinámico en la promoción y recuperación de este mercado y brinden información acerca de su evolución y que, complementariamente, se impulsen las compras estatales de fibra como se hizo en anteriores oportunidades para la confección de chompas escolares, por ejemplo. En el caso de la carne, serán importantes las acciones del Minagri para mejorar el sistema de comercialización con un rol muy activo del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) para potenciar este recurso como fuente de ingreso de los criadores, previniendo así su descapitalización con una saca planificada. Nos queda pendiente la pregunta ¿Cuál será la reacción del empresariado dedicado a la confección con estas fibras?, la respuesta es incierta.
La ministra de Economía, María Antonieta Alva, anunció recientemente que el gobierno está preparando un plan para contener y reactivar la economía, que por lo poco que se conoce se centrará en facilidades a las empresas para acceder a préstamos, que seguro ayudarán a sobrellevar la crisis a grandes empresas y a algunas pequeñas, pero hay otros sectores (empresas familiares, asociaciones productivas) que quedarían fuera del plan. También se anunció un incentivo a las empresas para que no despidan personal, solventando el 35% de la planilla de trabajadores que ganen menos de 1500 soles. ¿De qué les sirven estas medidas a las personas a las cuales se les cierra el mercado?
Se vienen tiempos feroces.

desco Opina - Regional / 6 de abril de 2020
descosur

viernes

Se quiebra el sur


La visita de los gobernadores Zenón Cuevas y Walter Aduviri, de Moquegua y Puno respectivamente, al mandatario boliviano Evo Morales, se vislumbraba como un primer paso para la formación de un bloque poderoso del sur, uno que busque hacer visibles y posibles varias reivindicaciones comunes y proyectos conjuntos, como el gasoducto del sur y la petroquímica. Las declaraciones posteriores, ya en el ejercicio de funciones, y las propuestas de otros gobernadores del sur vinculadas al gas boliviano, reforzaban esa esperanza; sin embargo, en febrero todo se desvaneció.
Dos hechos han implosionado el bloque. El primero, el reproche de Walter Aduviri a su homólogo arequipeño, Elmer Cáceres Llica, de no poder entablar diálogo alguno por su falta de interés y porque usualmente, “está borracho” durante los GORE convocados por el Ejecutivo. El segundo, el izamiento de la bandera de Puno en Pasto Grande, territorio en disputa  reclamado por los puneños, pero asumido por los moqueguanos como parte de su jurisdicción. Walter Aduviri también fue el protagonista de este incidente.
Cáceres Llica no ha respondido a Aduviri Calisaya –al menos no públicamente–, pues en enero su jefe de prensa anunció que no haría declaraciones a medios durante los primeros 100 días de su gestión. Pese al silencio, lo que se vislumbra es una batalla intestina por el agua, por la construcción de la represa Paltuture (antes Paltiture), anunciada anualmente por el Ejecutivo desde la presidencia de Alejandro Toledo.
Respecto al segundo incidente, Zenón Cuevas ha hecho público un pronunciamiento oficial. En uno de los puntos señala que interpondrá acciones legales para deslindar responsabilidades por los hechos ocurridos ese día y que defenderá legal y pacíficamente sus legítimos derechos respecto a este territorio; mientras, Walter Aduviri denunció un intento de asesinato en su contra de parte de funcionarios moqueguanos. Aquí tampoco hay un buen augurio sobre este problema limítrofe.
Entre tanto, el Ejecutivo está aliviado. Si antes se mostraron nerviosos por la presión de los gobernadores sobre el gasoducto del sur, ahora respiran tranquilos. A solicitud del Ministerio de Energía y Minas y Proinversión, una consultora viene evaluando tres nuevos trazos para el gasoducto. Así las cosas, la reiteración del pedido del gas boliviano para Puno planteada por Walter Aduviri, será tomada como una pataleta personal y no como la reivindicación de un bloque. El GORE seguirá siendo un espacio para que cada gobernador gestione dinero para su jurisdicción, desvaneciéndose la posibilidad de articular esfuerzos territoriales que propongan una política conjunta. Lo único que queda es que la ciudadanía alce la voz, porque si depende de los gobernadores, serán otros cuatro años perdidos.
En este marco, está en agenda la necesidad de recuperar la capacidad de pensar la Macrorregión Sur como el territorio articulado e integrado que permita hacer contrapeso efectivo al centralismo limeño, lo que implica ampliar la mirada localista que ha estado vigente en los gobernadores regionales desde que se establecieran las regiones sobre la base de los departamentos.

desco Opina - Regional / 8 de marzo de 2019
Programa Regional Sur - descosur