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viernes

Aún lejos de la equidad

 

A semejanza de lo evidenciado en otros ámbitos, las condiciones favorables para que el ejercicio de los derechos de mujeres y niñas de nuestro país sea efectivamente garantizado, no van a producirse desarrollando solamente una buena legislación al respecto.

Es ampliamente reconocido que, en las últimas décadas, la igualdad de género en el Perú ha avanzado en varias dimensiones como, por ejemplo, la educación en todos sus niveles y su mayor inclusión en el mercado laboral: cerca de seis de cada diez mujeres tienen un empleo, una cifra superior a la media latinoamericana.

Aun así, hay grandes desafíos por superar. Como en todos los países, hombres y mujeres no comparten por igual las actividades laborales remuneradas y no remuneradas. Así, si uno de los cambios más importantes en el mercado laboral en las últimas décadas ha sido la disminución en las brechas de participación laboral entre mujeres y hombres, debido al incremento de la participación de las mujeres y en particular, de las mujeres casadas, esto no ha sido suficiente para equiparar su situación con la de los hombres.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) dejó constancia que las mujeres peruanas trabajan 9 horas con 15 minutos más que los hombres. Además, en promedio, las mujeres dedican mucho más tiempo que los hombres al trabajo doméstico; así, mientras los hombres dedican 15 horas con 54 minutos a la semana a actividades no remuneradas, las mujeres destinan 39 horas con 28 minutos, es decir 23 horas con 34 minutos más que los hombres. En cambio, los hombres dedican en promedio más tiempo al trabajo remunerado que las mujeres, siendo la brecha de 14 horas con 19 minutos.

Por otro lado, al año 2020, el 36,0% de las mujeres de 14 y más años de edad no tenían ingresos propios, siendo esta proporción 1,8 veces mayor que la de los hombres (19,7%). En esa línea, la brecha más significativa se presentaba en las mujeres del área rural, donde 33,6% de ellas no tenían ingresos propios, mientras que, en el caso de los hombres, era el 11,4%.

La falta de autonomía económica implica ausencia de ingresos propios y determina una mayor pobreza individual. Los perceptores de ingresos propios, con frecuencia tienen mayor poder de decisión sobre el destino que dan a sus ingresos, mayores posibilidades de reservar parte de su dinero para gastos individuales y mejores posibilidades de enfrentar su manutención, especialmente si hay cambios en la conformación familiar de origen.

En suma, en promedio, durante los últimos 10 años, el ingreso promedio mensual de la mujer peruana ha sido menor en 33,5% al de los hombres.

Incluso cuando trabajan por una remuneración, las mujeres peruanas tienden a estar sobrerrepresentadas en el sector informal que, en nuestro caso, es relativamente grande, lo que crea una barrera que les impide acceder a trabajos más productivos, mejor pagados y de mejor calidad. Con un 75%, la tasa de empleo informal de las mujeres trabajadoras es significativamente más alta en el Perú que en el resto de América Latina.

Al mismo tiempo, es más probable que las trabajadoras perciban un ingreso bajo y menos factible que asciendan a puestos gerenciales. Además, es mucho menos probable que las niñas estudien en los campos más lucrativos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

¿Qué debe hacerse? Seguramente, cosas que son del conocimiento general pero que nunca se han colocado entre las prioridades de los gobernantes como garantizar el acceso a una educación de calidad para todos y todas, proporcionando apoyo adicional a niñas vulnerables y madres adolescentes, y recompensando los beneficios de completar los estudios.

Además, se requiere implementar una política de promoción al acceso de las mujeres a roles de liderazgos y gerenciales; proporcionar incentivos en el mercado laboral formal para la atracción de trabajadoras; apoyar las iniciativas empresariales de las mujeres, facilitándoles la formalización y el acceso a servicios indispensables para la sostenibilidad del emprendimiento que llevan a cabo.

 

desco Opina - Regional / 24 de noviembre de 2023

descoCiudadano

jueves

Por una agenda de la mujer


En el marco del Día Internacional de la Mujer queda reflexionar sobre la importante distinción entre lo que significa celebrar y conmemorar esta fecha. Es necesario diferenciar lo que ambas palabras aluden: celebrar está ligado a realizar un acto festivo –según la tercera acepción que nos proporciona la RAE–, mientras conmemorar significa recordar solemnemente algo o a alguien, según la misma fuente.
Si a esta distinción le añadimos el inicio del camino de institucionalización de esta fecha, veremos que esto comenzó con las luchas que emprendieron las mujeres a finales del siglo XIX y XX, cansadas de ver recortados sus derechos y oportunidades de vida. En ese sentido, esta fecha nace de la indignación y el enojo de cientos de mujeres por vivir en un mundo tan desigual. A 45 años de formalizado por Naciones Unidas el “Día Internacional de la Mujer”, queda preguntarnos ¿Cómo es la situación de las mujeres en el Perú?
Si analizamos la situación actual que viven la diversidad de mujeres en nuestro territorio, queda cuestionarnos si deberíamos celebrar la brecha salarial entre hombres y mujeres (ganando estas últimas S/ 0.72, por cada sol que gana un hombre); o la escandalosa deserción escolar que experimentan las niñas (24.2%) por «dedicarse a quehaceres del hogar»”; la cantidad de horas de trabajo por semana no remuneradas que tienen las mujeres en el cuidado del hogar (23.34 horas más que los hombres) según INEI, y que 7 de cada 10 mujeres trabajen en la informalidad. No podemos «festejar» que según la Defensoría del Pueblo, cada 5 horas una mujer desaparezca en el país; que en lo que va del año 15 855 mujeres hayan denunciado algún tipo de violencia solo en enero según GEOMIMP; que a febrero se hayan registrado 30 casos de feminicidios  y que durante enero, 464 menores hayan sido víctimas de abuso sexual.  
Definitivamente, no podemos celebrar con rosas y bombones este día, es más coherente conmemorarlo en primer lugar, reconociendo la lucha que las mujeres han emprendido por la liberación y conquista de derechos. Desde Micaela Bastidas, quien luchó contra la explotación colonial, pasando por Teresa Gonzales de Fanning y Mercedes Cabello de Carbonera, que hicieron lo propio por la educación integral de la mujer; sin olvidar a María Alvarado y Magda Portal, quienes trabajaron por garantizar el sufragio femenino; hasta María Elena Moyano, cuya vida se dedicó a promover la participación política de las mujeres de sectores populares; así como cientos de mujeres que a lo largo de la historia y a lo ancho del país, han luchado por la obtención de derechos a través de diferentes apuestas colectivas.
En segundo lugar, esta fecha se conmemora exigiendo el compromiso del Estado y la sociedad civil para erradicar las brechas de género y la violencia (dos fenómenos sumamente interrelacionados). Antes que compromisos declarativos necesitamos de políticas públicas intersectoriales con presupuesto, bien planificadas y con indicadores claros de que esta lucha va a en serio. Requerimos que se actualice el plan de igualdad de oportunidades, que los gobiernos regionales y locales transversalicen el enfoque de género, que las instancias distritales, provinciales y regionales para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres se instalen en todo el país. Necesitamos que desde los primeros espacios de socialización, como son las familias y escuelas, se cambien los patrones socioculturales machistas que fomentan la violencia y la discriminación hacia la mujer. Exigimos que, desde las universidades, especialmente desde las ciencias sociales, se brinden lecturas para comprender y superar esta terrible situación de desventaja y violencia.
Urge en ese sentido, que las mujeres –desde la diversidad de experiencias– nos organicemos, problematicemos esta violenta y restrictiva realidad, propongamos una agenda y planteemos el camino para asegurarnos que estos esfuerzos se traduzcan en una realidad concreta. Un esfuerzo que viene siendo desarrollado por mujeres de organizaciones sociales de Lima Sur, Norte, Este y Centro, quienes se están organizando en frentes comunes, reflexionando sobre su cuerpo, hogar, barrio y ciudad como territorios a conquistar. Dialogando sobre derechos y planteando propuestas de cambio social a partir del trabajo de incidencia política en el marco de la “Agenda Política de las Mujeres por la Ciudad de Lima”.
En síntesis, empezamos con la distinción entre lo que significa celebrar y conmemorar el Día de la Mujer, describimos un breve panorama de la situación de las mujeres en el país, concluimos que esta fecha se conmemora exigiendo que desde el Estado y la sociedad civil se planteen compromisos serios para erradicar la violencia y desigualdad de género; pero sobre todo, se conmemora reconociendo las luchas que las mujeres han emprendido a lo largo de la historia y retomando este grito de resistencia. Por eso, para las mujeres es importante organizarnos en torno a agendas de transformación, una de las cuales es la Agenda Política de las Mujeres por la Ciudad de Lima.


desco Opina - Regional / 6 de marzo de 2020
descoCiudadano