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sábado

Sin consulta previa

 

El 2012 un grupo de comunidades en Puno realizó una gran protesta en contra de la empresa Bear Creek Mining Corporation que iniciaría una exploración en sus tierras para extraer plata. Tras largas semanas de violentas manifestaciones, el gobierno derogó la norma que favorecía la operación de Bear Creek y el proyecto Santa Ana se canceló. La empresa inició en 2014 un arbitraje internacional contra el Estado peruano, que ganó luego de un extenso proceso; sin embargo, en 2018 tuvo que renunciar a la concesión. El principal líder de la protesta, Walter Aduviri, fue condenado a siete años de prisión. Hace poco, una sentencia del Tribunal Constitucional (TC) nuevamente vulnera el derecho de otras comunidades aymaras que no quieren que el extractivismo sea parte de su desarrollo, ni económico ni cultural.

El Tribunal Constitucional declaró improcedente la demanda de las comunidades campesinas Chila Chambilla y Chila Pucará, ubicadas en la provincia de Chucuito, que exigían la nulidad de concesiones mineras que invaden su territorio comunal, porque se omitió la Consulta Previa. La empresa que pretende operar tal concesión, es una cementera del grupo Gloria. El TC dice en su sentencia que la Consulta Previa no es un derecho fundamental, pues no está reconocido en la Constitución, y recordó que el mecanismo tiene sus límites. En efecto, la norma no considera consultar sobre el otorgamiento de las concesiones, al entenderlo como un mero trámite burocrático. Nadie te avisa si la tierra donde está tu casa, tu chacra, o tu campo de pastoreo, se va a concesionar; un día el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet), te despierta con la noticia en el periódico.

La sentencia alarmó a varias organizaciones que velan por los derechos de los pueblos indígenas, pero también de la Defensoría del Pueblo, que ha emitido un pronunciamiento en cautela de los derechos colectivos de las comunidades indígenas y en contra de esta decisión del TC. Sin embargo, más allá de comunicados, esta sentencia hace ver la urgencia de la revisión de la norma de la Consulta Previa, que ya tiene diez años de vigencia, en tanto los conflictos socioambientales se siguen sucediendo.

Otro tema relevante sobre el que se tiene que poner un foco, a propósito de esta sentencia, es el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) como instrumento político para tomar decisiones sobre cómo regular el uso de un territorio, un proceso hundido en los sótanos de la agenda nacional por la presión de los mayores beneficiarios del actual modelo económico: los empresarios. La Zonificación Ecológica y Económica (ZEE), como se recuerda, es una herramienta que impulsó el Consejo Nacional del Ambiente (CONAM) para ordenar la gestión del territorio, que luego el Ministerio del Ambiente puso como requisito obligatorio para el planteamiento de los POT. Hasta el 2017 las ZEE de Arequipa, Apurímac y Moquegua, estaban en una etapa de formulación y ejecución; mientras que Cusco, Puno, Tacna y Madre Dios, ya tenían sus procesos concluidos y aprobados, pero a nivel meso, y debieron emprender los estudios a nivel micro, es decir para cada gobierno local, y otros estudios más para formular su OT. Un largo camino para decidir sobre el territorio, cuando bien estos estudios podrían ser complementarios y no un requisito.

Según el geoservidor del MINAM, Chucuito tiene un potencial minero no metálico, pero ¿es lo que quiere desarrollar la población como potencial económico?, la demanda de amparo presentada por una porción de las comunidades asentadas allí no dice que no. Para ello está el POT como instrumento político, pues no sólo basta con identificar las potencialidades económicas, sino también el tipo de desarrollo que plantea esa comunidad según criterios sociales, culturales, ambientales y otros. Por eso es tan discutible que se quiera seguir haciendo minería en las cabeceras de cuenca, aunque en la mente de muchos empresarios, tecnócratas y periodistas de derecha, estas sean un mito.

Según un reporte de CooperAcción del 2017, en el sur hay provincias que tienen más del 50% de su territorio concesionado como Condesuyos (53.5%) e Islay (54.9%) en Arequipa; Chumbivilcas (58%) en Cusco; Ilo (63%) en Moquegua; Cotabamba (74.8%) en Apurímac, entre otras. Chucuito solo tiene el 6% de su territorio concesionado, y esa cifra podría aumentar. Si bien una concesión no implica que ya esté siendo explotada, hay que ser conscientes de que en algún momento se puede realizar la exploración y explotación de la misma. ¿Acaso Ingemmet tiene idea de cuál es el tipo de desarrollo que quiere determinado distrito? Aparentemente no. Esta desconexión dentro de los organismos del Estado –no sólo a nivel de Lima, sino con los demás sectores subnacionales– provoca que luego, los responsables de un estallido que «espanta» a la inversión privada, sean los pobladores, jamás el Estado, desarticulado hasta ahora, que parece que nunca formula sus decisiones tomando en cuenta los escenarios futuros, menos a la población y su cultura.

 

 desco Opina – Regional / 1º de abril del 2022

descosur

viernes

Tropezar de nuevo y con la misma piedra



Mientras el país estaba posesionado por los resultados futbolísticos y los inquietantes destapes del caso Odebrecht, nuevamente el Ejecutivo puso en debate un proyecto de Ley que afecta la sensibilidad de los derechos territoriales indígenas.
El Proyecto de Ley 1718 hereda la denominación «Ley del despojo» que le dejara el DL 1333, desestimado por la Comisión de Constitución del Congreso de la República en mayo del presente año, y cuya derogatoria fue observada por el Ejecutivo. Aunque el nuevo proyecto excluye de manera expresa a los bienes inmuebles (léase terrenos) que “se encuentren en tierras y territorios de propiedad y/o posesión de pueblos indígenas u originarios; áreas de reserva natural territorial o reserva indígena”, las organizaciones indígenas ya han empezado a movilizarse para impedir su promulgación. Y es de entenderse, porque en nuestro país aún existen muchas reclamaciones territoriales indígenas que no han encontrado solución final; de modo que tal exclusión no significa que no se vulnerarán los derechos de los pueblos originarios. El proyecto de ley cuenta con dictámenes favorables de la Comisión de Economía y la Comisión de Descentralización, se encuentra próximo a debatirse en la agenda del Pleno del Congreso y, al parecer, su aprobación sería inminente.
El sustento del llamado Pacto de Unidad, colectivo conformado por las organizaciones indígenas es bastante claro al respecto “…actualmente existen más de 10 000 comunidades campesinas, nativas y ribereñas que presentan problemas relacionados a la seguridad jurídica de sus territorios. Además, son más de 3000 comunidades de costa, sierra y selva a las que el Estado continúa negando su condición de pueblos indígenas y originarios al no incluirlas en la Base de Datos de Pueblos Indígenas del Ministerio de Cultura”. No existe data oficial de la extensión del territorio indígena que falta titular, ni del número de comunidades existentes que se hallan en esa situación, por lo que consideramos que la cifra vertida en su pronunciamiento no es muy confiable. Lo cierto es que hay estudios que señalan que del total de comunidades campesinas tituladas, el 61.5% no estaría georreferenciado y lo mismo sucedería con el 93.3 % de las nativas; así que el temor tiene plena justificación. Además, la nueva propuesta mantiene al denominado APIP (Proyecto Especial de Acceso a Predios para Proyectos de Inversión Priorizados) y en su redacción busca evadir el reconocimiento de derechos como el de Consulta Previa, situación que ha sido advertida por los líderes nativos.
La Confederación Nacional Agraria también ha advertido el riesgo que se cierne sobre los pequeños agricultores cuyos predios no están claramente georreferenciados y, en muchos casos, existen superposiciones con concesiones de explotación minera o de hidrocarburos que han culminado en serios conflictos con amenazas contra su integridad, inclusive.
La inversión en infraestructura indudablemente es muy necesaria para el desarrollo del país; sin embargo, esta no puede –ni debe– realizarse atropellando derechos. En el caso de las inversiones en infraestructura con fondos del sector privado, estas derivan en concesiones que generan grandes negocios, y los supuestos «justiprecios» que se otorgan a los campesinos resultan irrisorios en comparación con los beneficios económicos inmediatos y futuros que obtienen los operadores. Es decir, mientras el pobre agrava su situación, los poderes económicos llenan sus arcas con la anuencia del Estado peruano.
Un caso similar ocurre con el Proyecto de Ley 1123/2016-CR, aprobado este 7 de diciembre en el Congreso de la República tras su segunda votación. La norma promueve la construcción de carreteras y trochas carrozables en la región Ucayali y es impulsada por el congresista fujimorista Glider Ushñahua; sin embargo, es evidente que su puesta en vigencia afectará principalmente a las áreas boscosas que serán víctimas de procesos de deforestación agresivos, cuyos otros efectos colaterales no han sido evaluados, pero ya vienen siendo advertidos por los pobladores indígenas.
Como vemos, mientras el país sigue atribulado por la sanción FIFA a Paolo Guerrero “el depredador”, el Estado «distraídamente» tropieza dos veces con la misma piedra para dejar las puertas abiertas a otros depredadores, que son también sigilosos, pero mucho más contundentes.

desco Opina - Regional / 15 de diciembre de 2017
Programa Regional Centro

El llamado del bosque



Con un elocuente eslogan que evoca a narrativa mística, “El llamado del bosque” congregó a líderes indígenas de nueve países amazónicos que se dieron cita la última semana de abril en la ciudad de Tarapoto alrededor del VIII Foro Social Panamazónico (FOSPA). A pesar de que este cónclave sociocultural tenía carácter internacional y de que el programa prometía abordar sensibles temas que frecuentemente se visibilizan en los conflictos con las comunidades de nuestros Andes y Selva; los medios no le han dado la cobertura que merecía; sólo escuetas notas de prensa han aludido al Foro.
La Carta de Tarapoto ha sido el documento aprobado por los más de 1500 participantes al evento. Sin desmerecer los otros ítems de esta carta, queremos llamar la atención sobre dos de las 24 propuestas planteadas: a) “Impulsar la vigilancia y monitoreo ambiental participativo desde las organizaciones locales para prevenir la afectación de derechos y el incremento de los conflictos que genera el extractivismo” y b) “Denunciar y luchar contra la corrupción relacionada con el modelo extractivista y los megaproyectos de infraestructura y explotación en la Amazonía y el Ande”.
Estos son importantes en el actual contexto porque en enero del presente año, el Presidente de la República ha rubricado el DL.1333, que tiene por objeto “establecer disposiciones orientadas a facilitar la ejecución de obras de infraestructura de interés nacional y de gran envergadura que sean priorizadas (Ley 30025 y modificatorias) y otros proyectos que sean priorizados”; decreto que ya está inquietando a los líderes nativos y al cual han denominado “la Ley del despojo” porque ante la deuda de titulación comunal que tiene el Estado peruano, muchos derechos territoriales de comunidades campesinas e indígenas se encuentran jurídicamente vulnerables de ser afectados.
En ese sentido, el D.L. 1333 crea un proyecto especial denominado APIP (Proyecto Especial de Acceso a Predios para Proyectos de Inversión Priorizados) que facilitará el acceso a territorios rurales públicos o privados, formales o informales, para fomentar proyectos de inversión de "interés nacional", concepto que en sí mismo es bastante amplio y que no ha quedado precisado pero que por su propia naturaleza estaría eximido de someterse a los alcances de la Ley de Consulta Previa. Así ocurrió con el proyecto de construcción de la línea de transmisión de Moyobamba a Iquitos, el cual se amparó en una interpretación de la ley que exonera a los servicios públicos de ese procedimiento, tal como fuera denunciado por los líderes indígenas en el Foro. Asimismo, los líderes de todas las nacionalidades participantes coincidieron en señalar que en América Latina el apostar por un modelo de desarrollo extractivista que vulnera los derechos indígenas no es patrimonio exclusivo de los gobiernos de derecha.
Por otro lado, la vigilancia y el monitoreo ambiental participativo es una propuesta que ya está reconocida por la Resolución Ministerial N°304-2008-MEM/DM, la cual ha recogido recomendaciones que en su momento emitiera la Defensoría del Pueblo con la finalidad de reducir las causales de los conflictos socio ambientales de las actividades extractivas. Sin embargo, los conflictos no se han reducido porque la participación en la vigilancia es acusada de selectiva, poco representativa y basada en la discreción de los empresarios, por lo que la resistencia social contra las industrias extractivas depredadoras deriva en movilizaciones y paralizaciones que en la gran mayoría de legislaciones latinoamericanas está siendo satanizada y criminalizada. El Perú nunca ha sido la excepción y todas las formas de expresión del descontento colectivo han sido seriamente descalificadas por el gobierno aún antes del “perro del hortelano”. Tampoco podemos caer en la insensata aseveración que el descontento social es causado únicamente por las empresas privadas transnacionales. La ineficiencia de Petroperú en el control y mantenimiento del oleoducto son una prueba de ello, con el agravante de que las sanciones –si es que se aplican– son asumidas con fondos del erario nacional. Demás está decir que la corrupción campea en el monitoreo e incluso al momento de iniciar acciones contra las empresas extractivas sean estas privadas o estatales.
Una de las propuestas que no se visibiliza abiertamente en el pronunciamiento, pero que en el corto plazo será puesta en vitrina nacional es el reclamo indígena de autonomía territorial, tema que ha sido ventilado por diferentes delegaciones asistentes con la finalidad de descolonizar sus territorios ancestrales y administrarlos ellos mismos para asegurar la vigencia plena de sus derechos. Este es un asunto por demás complejo debido al carácter unitario del Estado peruano aun cuando no somos capaces de entender ni atender nuestra enorme deuda de integración sociocultural.
El FOSPA ha culminado pero estamos seguros de que sus resultados recién serán visibles en el mediano plazo.

desco Opina - Regional / 19 de mayo de 2017
Programa Regional Centro