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Con mi soga apretando mi cuello



Son pocas las oportunidades en que la estructura del poder se manifiesta con transparencia. En el 2000, tuvimos una de ellas. Actualmente, se escenifica otro de esos privilegiados momentos.
Entonces, los vladivideos pusieron a disposición de todos –en modo reality show– la podredumbre política de los años 90. Ahora, los audios del contralor general de la República nos revelan la novedosa manera, que ningún politólogo supuso, de construir nuestro check and balance para darnos sustento democrático.
En efecto, nuestros controles no son procedimientos establecidos, rendiciones de cuentas, autonomías funcionales ni nada que se les parezca. Son chantajes y extorsiones. Cada vez más explícitos, además. Si Montesinos le pedía a un vocal supremo dirimente que incline su voto por Yanacocha, en beneficio de los «intereses nacionales peruanos»; el actual ministro de Economía le dice al contralor simple y contundentemente que «debían convencer» al presidente de la República y así, supuestamente, trocar informe a la medida por presupuesto pedido.
A estas alturas, algo incuestionable es la necesaria renuncia del contralor de la República. El señor Alarcón, aferrado al cargo como si tuviera aun alguna «cuestión de honor» que defender, debiera ponerse de lado. Es cierto que una turbia legalidad le favorece pero dada su posición luego de las revelaciones hechas, debe tomar en cuenta que refiere a la misma legalidad que aparece como deleznable ante los ojos de la mayoría de los ciudadanos, por situaciones como las generadas por su acción.
Por otro lado, si creíamos que Chinchero sería el Rubicón que cruzaría el Ejecutivo en materia de contratos viciados de sospechas, en beneficio de escenarios propicios para la inversión en tanto más sinceros y transparentes, no estuvimos acertados.
Una de las funcionarias implicadas, la ex viceministra de Transportes Fiorella Molinelli, había puesto su cargo a disposición dos semanas atrás al desatarse el escándalo alrededor de la adenda del contrato para la construcción del aeropuerto cusqueño. Como recordamos, el informe de la Contraloría recomendaba iniciar acciones legales contra ella y otros funcionarios.
Pese a ello, al Ejecutivo no tuvo mejor idea que designarla como flamante viceministra de Vivienda. Todo un monumento al desatino político, cuestionado inmediatamente por la oposición. Como afirma Marisa Glave (FA), "lo que queda claro es que [el Gobierno] va perdiendo legitimidad".
Aun así, las sorpresas no terminan de darse. Por ejemplo, la desconcertante respuesta del ministro de Vivienda, Edmer Trujillo. Luego de destacar las cualidades profesionales de Molinelli, señaló que debía considerarse la presunción de inocencia: "en tanto una persona no esté sancionada ni esté inhabilitada de ejercer un cargo público, no la podemos inhabilitar”.
¿Qué anuncia las formas que adquirió el caso Chinchero? Primero, que es calco y copia de anteriores situaciones en las que antiguas y sólidas aspiraciones regionales terminaron en cuestionadísimos contratos, cuya base es el diseño de las asociaciones público-privadas (APP). Glave apunta hacia esa dirección cuando señala que, en este caso, el manejo desesperado por sacar a como dé lugar una APP que a todas luces llevaba adelante una empresa que no tenía los fondos ni la capacidad para concretar el proyecto, era simplemente una muestra clarísima de que lo que les interesa son los negocios privados y no el interés general.
En segundo lugar, se evidencia claramente el fracaso absoluto de los sistemas de control del Estado y, por ende, la necesidad de iniciar una reforma profunda de éstos. Lo sucedido con el contralor Alarcón es sólo el último capítulo de un larguísimo cuestionamiento a la institución.
En tercer lugar, emerge la sensación de un sistema político reducido al cubileteo de intereses privados en donde la ciudadanía queda completamente fuera de juego. La tensión entre el Ejecutivo y la Contraloría, remite a la que sostiene el Ejecutivo con el Congreso dominado plenamente por el fujimorismo y todo ello envuelto por las presiones de lobbies y grupos de interés que buscan beneficios particulares de los bienes públicos.
Por lo visto hasta el momento, es difícil suponer que el Ejecutivo de PPK corrija rumbos y encaje en fórmulas políticas que al menos respondan al sentido común. Más que penoso es preocupante estos avatares de un gobierno que aún no cumple su primer año de vida.


desco Opina / 9 de junio de 2017

Cerro Verde, el bien esquivo



A medida que la millonaria inversión de la empresa minera Cerro Verde para la ampliación de sus operaciones se acercaba a su fin, aumentaba la presión para que su contribución con Arequipa sea mayor. Sin embargo, los pedidos de la Municipalidad Provincial y del Gobierno Regional, cada uno por su lado, nunca prosperaron. La empresa manifestó que sus pedidos no eran viables debido a la contracción del precio de los metales en el mercado internacional.
Ante esta negativa, al siguiente año (2016) diferentes autoridades se unieron para firmar un comunicado público solicitando a la empresa que no dilate más el proceso judicial por la demanda que la SUNAT interpuso para que paguen las regalías mineras que no abonaron por el proyecto de sulfuros primarios en los años 2006 y 2009, que asciende a más de 800 millones de soles. La minera argumenta que este proyecto estaba contemplado en su contrato de estabilidad tributaria, por lo que se niegan a pagar este concepto, que por cierto es una contribución no tributaria.
Han pasado varios meses de aquel comunicado, y varios de los argumentos de la minera se han ido desbaratando. El último revés para la empresa fue la resolución contra la Acción de Amparo que Cerro Verde interpuso en la Corte Superior de Justicia de Arequipa para anular el proceso por las regalías impagas, lo que allanaría el camino para que la resolución de esta controversia, que se ventila ya en la Corte Suprema, sea positiva para la región.
Sin embargo, durante una sesión descentralizada de la Comisión de Energía y Minas del Congreso, una alta funcionaria de Cerro Verde deslizó la posibilidad de que, en caso el fallo les resulte contrario, sumarían las contribuciones hechas a Arequipa por el aporte voluntario y otros para saldar el monto en controversia. Así las cosas, parece que la batalla por estos millones se va a trasladar a otras canchas. Hubo un pedido ciudadano expreso al presidente de la citada Comisión para que se abra un grupo de investigación en el Congreso que vea este caso, y dos congresistas arequipeños, que estuvieron en la sesión, han manifestado su interés en él.
A estas alturas, la discusión sobre la contribución de la minería en el desarrollo ya no es una discusión solo de portadas en prensa, sino una más profunda, que debería de estar presente en las preocupaciones de los ciudadanos, en especial los del Sur, donde se concentran muchas inversiones en este rubro. No se trata de solicitar a las empresas que remplacen el papel del Estado; esta forma de concebir la contribución empresarial ha hecho poco más que poner a prueba los principios de los líderes locales (algunos de los cuales optaron por venderlos o alquilarlos) y mal acostumbrar a la población a recibir dádivas que no ayudan a solucionar los problemas de fondo. De lo que se trata es que las empresas abonen lo justo por las pingües ganancias que obtienen por la extracción de recursos no renovables.
Para una mejor contribución al desarrollo hace falta que el Estado corrija algunas medidas tributarias y que se acaben los contratos de estabilidad, pues el contexto en el que se hicieron, es muy diferente al actual. De parte de la empresa, hace falta una mayor transparencia en sus gastos sociales y ambientales y que conecten con los planes de desarrollo locales. También hace falta que los políticos regionales dejen de atomizar el presupuesto con una visión cortoplacista, cosa que no resuelve nada.
No podemos convertir a la empresa minera, cualquiera que sea, en una autoridad más de la localidad. Para empezar, debemos exigirle que no nos haga ‘perro muerto’. ¡A estar atentos!

desco Opina - Regional / 2 de junio de 2017
Programa Regional Sur

El caso Chinchero y la reconstrucción



La situación generada por la decisión de no firmar la adenda del proyecto Chinchero, terminó con el gobierno atrapado en su laberinto. Tras perder la oportunidad de anular el contrato cuando pudieron hacerlo porque tenían los argumentos legales, optando por continuar con la APP –fuere por razones “ideológicas” (su fe en las alianzas y la inversión privada, convertidas en los esperados actores protagónicos de la futura reconstrucción) o por compromisos adquiridos con la empresa–, se puso la soga al cuello. El sacrificio de Vizcarra, quien apareció renuente a la firma del nuevo acuerdo, además de un duro golpe al Ejecutivo, reabre el fantasma de la vacancia presidencial, porque las responsabilidades administrativas y penales oportunistamente identificadas por la Contraloría, sumadas a los recientes rumores de la vinculación de la otrora candidatura de Aráoz con Odebrecht dibujan un callejón difícil para el gobierno, al que el fujimorismo parece decidido a empujarlo.
A su proverbial falta de recursos políticos, el gobierno le añadió debilidad técnica, que no le alcanzó para esconder los distintos conflictos de interés que tenía en juego. A la visible participación de la hermana del Primer Ministro desde la empresa involucrada, ahora se añade la participación de la Viceministra de Economía, quien fungió hasta antes de serlo, como consultora del otro lado de la mesa. De esta manera el gobierno podría haberse entregado en bandeja al fujimorismo, empeñado en acabar con la institucionalidad existente y organizar su propia “transición” al 2021, delineando un marco normativo a su medida; es decir, haciendo desde el Congreso el trabajo sucio que les facilitará su acción cuando sean Ejecutivo, creando una “institucionalidad” a su imagen y semejanza.
La respuesta al desacierto gubernamental no se dejó esperar. Las exigencias de renuncia de Vizcarra a la Vicepresidencia y la multiplicación de amenazas de interpelación cubrieron los medios y obligaron a una declaración directa del Premier, profundizando la polarización entre el gobierno y la oposición fujimorista, cada vez más marcada por el creciente empoderamiento naranja que continúa en el camino de dotarse de una legislación tendiente a recortar libertades, reducir la aparición de otras opciones políticas y cerrar el sistema electoral, debilitando aún más al ppkausismo.
En este contexto, las declaraciones de Roque Benavides, presidente de CONFIEP, defendiendo la gestión de Vizcarra y su condición de Vicepresidente, así como la designación de los nuevos ministros, fuertemente ligados al mismo sector empresarial, parecen indicar que el mandatario ha decidido echar mano de su principal “sombrilla”, evidenciando muy temprano el carácter de su gobierno y confiando, quizá, en que ese sector sea capaz de aquello que él no ha logrado en diez meses de gestión: establecer un entendimiento mínimo con Fuerza Popular, de manera que el “clima de negocios” que requiere el modelo no se vea afectado, convenciéndolos de que el riesgo de una caída acelerada de la aprobación del Ejecutivo podría arrastrarlos a ellos y al Congreso de la República, generando un escenario impredecible. En otras palabras, la conveniencia de controlar su malhumor, resolver también sus problemas internos y esperar el 2021.
Todo indica que la preocupación y el interés que comparten el Ejecutivo y los empresarios, tiene un mismo norte: la reconstrucción y la viabilidad de los mecanismos anunciados como privilegiados para dicho proceso: las alianzas público privadas y la ejecución de obras por impuestos. En el fondo, el caso Chinchero evidencia los riesgos y límites de un modelo de financiamiento, las APP, además fuertemente afectado por distintos cambios legislativos que no se quiere discutir y evaluar porque, todo parece indicarlo, es parte de la gran expectativa empresarial para “reactivarse” rápidamente y contribuir a la reconstrucción.
Pero también hay que ser claros. La reciente película de la adenda evidencia el fracaso de un sistema de control, donde el organismo responsable se pronuncia públicamente tarde y para salvar su rostro, exhibiendo observaciones que hizo de manera caleta en el pasado para salvar su responsabilidad ante el escándalo inminente. Particularmente grave, cuando quien presenta el informe fue el Sub Contralor en todo el período anterior. No nos engañemos entonces, porque su comportamiento no es garantía de nada.
De cara a la reconstrucción, estamos advertidos.

desco Opina / 26 de mayo de 2017

El llamado del bosque



Con un elocuente eslogan que evoca a narrativa mística, “El llamado del bosque” congregó a líderes indígenas de nueve países amazónicos que se dieron cita la última semana de abril en la ciudad de Tarapoto alrededor del VIII Foro Social Panamazónico (FOSPA). A pesar de que este cónclave sociocultural tenía carácter internacional y de que el programa prometía abordar sensibles temas que frecuentemente se visibilizan en los conflictos con las comunidades de nuestros Andes y Selva; los medios no le han dado la cobertura que merecía; sólo escuetas notas de prensa han aludido al Foro.
La Carta de Tarapoto ha sido el documento aprobado por los más de 1500 participantes al evento. Sin desmerecer los otros ítems de esta carta, queremos llamar la atención sobre dos de las 24 propuestas planteadas: a) “Impulsar la vigilancia y monitoreo ambiental participativo desde las organizaciones locales para prevenir la afectación de derechos y el incremento de los conflictos que genera el extractivismo” y b) Denunciar y luchar contra la corrupción relacionada con el modelo extractivista y los megaproyectos de infraestructura y explotación en la Amazonía y el Ande”.
Estos son importantes en el actual contexto porque en enero del presente año, el Presidente de la República ha rubricado el DL.1333, que tiene por objeto “establecer disposiciones orientadas a facilitar la ejecución de obras de infraestructura de interés nacional y de gran envergadura que sean priorizadas (Ley 30025 y modificatorias) y otros proyectos que sean priorizados”; decreto que ya está inquietando a los líderes nativos y al cual han denominado “la Ley del despojo” porque ante la deuda de titulación comunal que tiene el Estado peruano, muchos derechos territoriales de comunidades campesinas e indígenas se encuentran jurídicamente vulnerables de ser afectados.
En ese sentido, el D.L. 1333 crea un proyecto especial denominado APIP (Proyecto Especial de Acceso a Predios para Proyectos de Inversión Priorizados) que facilitará el acceso a territorios rurales públicos o privados, formales o informales, para fomentar proyectos de inversión de "interés nacional", concepto que en sí mismo es bastante amplio y que no ha quedado precisado pero que por su propia naturaleza estaría eximido de someterse a los alcances de la Ley de Consulta Previa. Así ocurrió con el proyecto de construcción de la línea de transmisión de Moyobamba a Iquitos, el cual se amparó en una interpretación de la ley que exonera a los servicios públicos de ese procedimiento, tal como fuera denunciado por los líderes indígenas en el Foro. Asimismo, los líderes de todas las nacionalidades participantes coincidieron en señalar que en América Latina el apostar por un modelo de desarrollo extractivista que vulnera los derechos indígenas no es patrimonio exclusivo de los gobiernos de derecha.
Por otro lado, la vigilancia y el monitoreo ambiental participativo es una propuesta que ya está reconocida por la Resolución Ministerial N°304-2008-MEM/DM, la cual ha recogido recomendaciones que en su momento emitiera la Defensoría del Pueblo con la finalidad de reducir las causales de los conflictos socio ambientales de las actividades extractivas. Sin embargo, los conflictos no se han reducido porque la participación en la vigilancia es acusada de selectiva, poco representativa y basada en la discreción de los empresarios, por lo que la resistencia social contra las industrias extractivas depredadoras deriva en movilizaciones y paralizaciones que en la gran mayoría de legislaciones latinoamericanas está siendo satanizada y criminalizada. El Perú nunca ha sido la excepción y todas las formas de expresión del descontento colectivo han sido seriamente descalificadas por el gobierno aún antes del “perro del hortelano”. Tampoco podemos caer en la insensata aseveración que el descontento social es causado únicamente por las empresas privadas transnacionales. La ineficiencia de Petroperú en el control y mantenimiento del oleoducto son una prueba de ello, con el agravante de que las sanciones –si es que se aplican– son asumidas con fondos del erario nacional. Demás está decir que la corrupción campea en el monitoreo e incluso al momento de iniciar acciones contra las empresas extractivas sean estas privadas o estatales.
Una de las propuestas que no se visibiliza abiertamente en el pronunciamiento, pero que en el corto plazo será puesta en vitrina nacional es el reclamo indígena de autonomía territorial, tema que ha sido ventilado por diferentes delegaciones asistentes con la finalidad de descolonizar sus territorios ancestrales y administrarlos ellos mismos para asegurar la vigencia plena de sus derechos. Este es un asunto por demás complejo debido al carácter unitario del Estado peruano aun cuando no somos capaces de entender ni atender nuestra enorme deuda de integración sociocultural.
El FOSPA ha culminado pero estamos seguros de que sus resultados recién serán visibles en el mediano plazo.

desco Opina - Regional / 19 de mayo de 2017
Programa Regional Centro