viernes

Desconozco mayormente...

Las últimas semanas se han evidenciado nuevos escándalos que muestran el grado de corrupción existente en el país, así como la amenaza de importantes conflictos alrededor de algunos de los anunciados megaproyectos que están en curso. En lo que hace a los escándalos, es indudable que el indulto al empresario José Enrique Crousillat y su posterior anulación, como resultado de su grosera exhibición pública y peor aún, de su pretensión de recuperar la administración de América Televisión, le ha hecho un fuerte daño al gobierno, al Ministro de Justicia –que incomprensible y desafiantemente se aferró al cargo hasta ser tardíamente cesado, pareciendo defensor del involucrado–, así como al propio Presidente de la República, que difícilmente se puede creer sea una víctima de esta comedia de equivocaciones, que explicita la total vigencia y la fuerza del fujimontesinismo en plena coyuntura electoral. Los argumentos esgrimidos como justificación de la patinada gubernamental –el abuso de su buena fe– no convencen a nadie y perjudican, una vez más, la confianza ciudadana en la política y sus instituciones.

El escándalo y el espectáculo ligado a éste coinciden con la amenaza de profundización de los conflictos, ya en marcha, alrededor de dos de las futuras grandes inversiones en las que parece estarse embarcando el país, una privada y la otra pública. El primer caso es el de la explotación cuprífera de Tía María, que compromete a la empresa minera Southern Perú y a sectores importantes de la población de Islay, Arequipa. Mediante una inversión cercana a los mil millones de dólares, la empresa pretende extraer 120,000 toneladas métricas de cobre en una zona agrícola, pesquera y turística, sin que la empresa se responsabilice claramente de los eventuales daños colaterales al medio ambiente y a las fuentes de vida de casi 50,000 habitantes. Inicialmente rechazada en una consulta popular que contó con 13,000 participantes (91% de oposición), hoy, un frente regional, integrado, entre otros por el Presidente Regional, el alcalde provincial y distintas autoridades locales, organizaciones sociales y colegios profesionales; rechaza la posibilidad de que la empresa use aguas subterráneas o construya una presa para sus actividades, aceptando posiblemente el rebombeo del agua de mar, para ese fin.

Así las cosas, el Ministerio de Energía y Minas pretende discutir en abril, un estudio de impacto ambiental, rechazado por la población, que no acepta el supuesto soporte técnico de la empresa para manejar las aguas subterráneas. Aunque la negociación no está cerrada y la población arequipeña parece aceptar la inversión, de usarse el agua de mar, las voces que exigen el uso de la fuerza y denuncian intereses «oscuros» contra el proyecto, ya se hacen oir ante la despreocupación de las autoridades del MEM, interesadas sobre todo en asegurar la marcha del mismo.

El segundo caso es el de uno de los 6 megaproyectos energéticos que el gobierno pretende instalar como parte del convenio con Brasil, la hidroeléctrica de Inambari, que ha motivado ya la paralización de diversas provincias puneñas. Con una inversión de más de 4,000 millones de dólares, el proyecto que apunta a generar 2,000 MW de electricidad –75% para el Brasil y 25% para Perú–, supondría la mayor represa del país y la quinta de América Latina, utilizando 26,500 millones de metros cúbicos de agua, con un espejo de 410 kilómetros cuadrados, en una concesión de 1,700 kilómetros cuadrados. El proyecto implicaría desplazar 27 centros poblados de Puno (San Gabán) y por lo menos 12 de Cusco; exigirá también la inundación de 40,000 hectáreas de tierra, incluyendo el 4% de la superficie del Parque Nacional Bahuaja y de más de 60 kilómetros del tramo IV de la Interoceánica, ya construidos, ello, además de severos impactos ambientales y climáticos, como la deforestación directa de miles de hectáreas por el tendido de 300 kilómetros de líneas de transmisión en nuestro territorio, así como el incremento en 5.86% de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero, sin incluir los que producirían las turbinas y los ventiladores… Ello, sin discutir el sentido último de un proyecto que beneficia a los brasileños, antes que al país. Por cierto, como en el caso anterior, distintas voces pretenden reducir el conflicto a la «acción interesada de comunistas y ONG».

Lo dramático de los tres casos es la falta de responsabilidad de las autoridades involucradas. Ese «desconozco mayormente» del gobierno en el escándalo Crousillat, es equivalente a la actitud indolente de las autoridades de distintos sectores, con responsabilidad en el futuro de los proyectos de Tía María y la presa de Inambari. Cuando el deterioro de nuestro sistema político está alcanzando niveles insospechados y cercano aún y sin solución cabal el caso de Bagua, produce malestar profundo la falta de responsabilidad política y de compromiso con la democracia que están mostrando nuestros gobernantes.

desco Opina / 19 de marzo 2010
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Caminante… ¿habrá camino para la selva central?

Con emotiva participación de la población de la selva central, el 18 de febrero pasado, arribó una comitiva oficial a la ciudad de Villa Rica en la provincia de Oxapampa, Pasco; para suscribir el contrato con el Consorcio Servicios Viales, que se hará cargo del mantenimiento de la carretera desde el puente Reither en Junín hasta Von Humboldt en la región Ucayali. Este contrato de mantenimiento por cinco años atenderá 365 kilómetros de carretera con un presupuesto de 204 millones 295 mil nuevos soles y beneficiará a comunidades de selva de las regiones Junín, Pasco, Huánuco y Ucayali.

Entre los visitantes más ilustres se encontraban, el Ministro del Ambiente; Antonio Brack y la Ministra de la Mujer; Nidia Vílchez; el Ministro de Transportes y Comunicaciones estuvo representado por uno de sus viceministros. Se resalta que al acto, llegaron alcaldes y delegaciones de los distritos beneficiados, así como autoridades y delegaciones de Satipo, Pichanaki y Chanchamayo –todas ellas, provincias pertenecientes a la región Junín– y otras ciudades relativamente cercanas pero que no están directamente relacionadas con la obra. Muchas de estas delegaciones de nativos y colonos se han trasladado cruzando ríos bastante caudalosos debido a la vigente temporada de lluvias, lo que hace más loable el sacrificado esfuerzo.
No existe mancomunidad municipal alguna, y poco o ningún esfuerzo biregional para diseñar e implementar planes de desarrollo de la selva central, pero a pesar de ello los líderes y autoridades de los distritos siempre realizan coordinaciones superando las limitaciones de comunicación, lo ideal sería que esta coordinación se realice de manera estructurada porque es indudable que existe cierta identidad de conjunto entre los pueblos de la selva central al compartir problemas y carencias similares, además, se percibe buena voluntad de aprovechar solidariamente estos escasos espacios donde cuentan con la presencia de Ministros de Estado y funcionarios de nivel para expresar sus solicitudes.
Un hecho que pasó desapercibido para la mayoría de la concurrencia fue la casi total ausencia de representantes de los gobiernos regionales, sobre todo de la Región Pasco, que eran los dueños de casa y que a la postre serían los más beneficiados con la obra que mejorará la carretera de acceso a los distritos de la provincia de Oxapampa. Debieron hacerse presentes para demostrar que las desveladas gestiones ante PROVIAS y otras instancias del Ministerio de Transportes realizadas por los alcaldes de Villa Rica y Oxapampa, cuentan con su pleno respaldo. Para la Ministra de la Mujer, aparentemente esto no pasó inadvertido, y en su discurso reconoció justicia en las aspiraciones de muchos pobladores por la conformación de una región selva central, sin dejar de recalcar que en los últimos años se ha producido un importante incremento de recursos en el presupuesto de la Región Pasco, y aunque no se regodeó en pregonar el lento destino de esos fondos regionales, la Ministra sí se esmeró en enumerar y cuantificar las inversiones del gobierno central en carreteras, electrificación, salud, educación, saneamiento y programas sociales entre otros, «…nos preocupamos por los pueblos pobres del Perú y no los olvidamos…» No es necesario tener una mente maliciosa para darse cuenta que existe muy poca coordinación entre el gobierno central y el regional, podría incluso deslizarse la idea de competencia y distanciamientos entre ambos niveles del Estado, en lugar de una conveniente complementariedad para articular y optimizar el uso de los recursos disponibles. Si no se articulan los esfuerzos y recursos del gobierno central, regional y local en concordancia con el trabajo de la población emprendedora de la selva central, es evidente que el camino para el desarrollo integral se hará mucho más largo y poco productivo.
La rehabilitación de esta carretera ayuda a la integración de los pueblos nativos yaneshas y asháninkas así como de los colonos; pero es insuficiente porque no promueve un cambio sustantivo. Se mejorará la conectividad con el centro del país, especialmente con la capital de la república reduciendo los tiempos y los gastos del transporte pero si no se le suman otros proyectos viales de mejora de caminos locales y vecinales –que son responsabilidad de las regiones y municipalidades– no habrán mejoras sustantivas en la rapidez y oportunidad con la que se comercializan los productos agropecuarios. Además las regiones y gobiernos municipales son conscientes de que a los agricultores les urge contar con asesoría técnica, capacitación, equipamiento e infraestructura al servicio de la actividad productiva, sin ello no se incidirá significativamente en el desarrollo económico de la selva central. En conclusión los caminos unen pueblos pero; las acciones concertadas unen esfuerzos y optimizan recursos por lo tanto; mientras este proyecto se mantenga aislado de otras inversiones complementarias, esta importante rehabilitación de carretera terminará como un gran camino hacia ninguna parte.

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desco Opina - Regional / 12 de marzo de 2010
Programa Selva Central


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Sobre corrupción, desinstitucionalización y decencia

El malestar creciente de la ciudadanía con la corrupción aparece en los resultados de distintos sondeos nacionales de opinión pública divulgados el mes de febrero. Así, la encuesta de IPSOS-APOYO muestra que el 41% de los que desaprueban la gestión del presidente García, lo hacen porque hay mucha corrupción en su gobierno. Por su parte, CPI, a partir de su medición, señala que el 16% de sus encuestados, cree que la corrupción es uno de los principales desaciertos de la gestión gubernamental. El Barómetro de la Universidad de Lima –sólo para Lima y Callao– registra que el 48.4% de sus encuestados entiende que el principal problema del partido de gobierno es el de la corrupción.

No podía ser de otra manera, en un escenario en el que en los últimos días, la corrupción y la arbitrariedad en las decisiones de muchas instituciones públicas, ocupó espacio central en la mayoría de medios de comunicación. El escándalo de los «petroaudios», a pesar de los esfuerzos del Poder Judicial y de calificados voceros del gobierno en contrario, no sólo no termina sino que parece involucrar a más figuras visibles del poder, sumándose así a distintas historias antiguas, como la compra de patrulleros, y a otras nuevas, como la adquisición de camiones portatropas, actualmente en discusión.
Como ocurre siempre, la corrupción se ve ayudada por la fragilidad de las instituciones y alienta simultáneamente una mayor desinstitucionalización, como lo demuestran distintos sucesos recientes, vinculados los más de ellos a la judicatura. La sospechosa descalificación del fiscal Guillén en un concurso convocado por el Consejo Nacional de la Magistratura terminó con el concurso y golpeó duramente a la ya desprestigiada institución, ahondando sus diferencias con la cabeza del Poder Judicial, quien a su vez «patinaba» apoyando a un juez que trataba de imponer la incorporación de Javier Ríos al Tribunal de Garantías Constitucionales, polémico abogado que tuvo que renunciar a su designación al demostrarse sus vínculos con Agustín Mantilla. Tribunal de Garantías Constitucionales, que dicho sea de paso, había fallado irregularmente a favor del mismo abogado, en un curioso juicio con la universidad Ricardo Palma.

En este contexto, en el que una vez más se evidencian en el país, altos niveles de corrupción y crisis de las instituciones, Lourdes Flores Nano finalmente optó por su candidatura a la municipalidad de Lima, aunque espera un evento partidario en abril para ratificar su decisión. Presionada por la derecha política y por distintos medios de comunicación, pero también por parte de la dirigencia nacional de su partido, la lideresa del PPC tuvo que optar por la decisión menos riesgosa para su futuro político. A fin de cuentas, la alcaldía metropolitana parece más a su alcance en el corto plazo, que el palacio de gobierno. Quienes la empujaron a esta opción lograron así su cometido: limpiarle el camino a la candidatura presidencial de Luis Castañeda, a quien sienten como la garantía silenciosa de la continuidad del modelo de crecimiento y exclusión, iniciado por el fujimorismo.

Demostrando sus ganas, pero también sus reflejos políticos, la virtual candidata metropolitana, aprovechó la propuesta humalista de construcción de un frente anticorrupción y se proclamó la adalid de la decencia, versión «occidental y cristiana» de la indispensable lucha contra la corrupción, largamente instalada en el país. Por esa vía –además de dejar sin bandera a un importante sector de la oposición– la ex rectora de la universidad San Ignacio de Loyola, golpea a quien entiende su principal opositor, Alex Kouri, presidente regional del Callao, actualmente a la búsqueda de un «vientre de alquiler» para candidatear al municipio capitalino, a la vez que trata de reposicionar a su partido en el frente de derecha que tendrá como candidato a la presidencia al actual burgomaestre limeño.

Dejarle a la virtual candidata pepecista la bandera nacional de la lucha contra la corrupción y reducirla a sus aspectos más formales, aquellos referidos seguramente a la decencia y las buenas maneras, sería un gran error. Pero sería también una manera de exonerar a sus inminentes socios nacionales, con Luis Castañeda a la cabeza, que se esconde tras la supuesta eficiencia de su gestión, de pronunciarse y actuar en un tema que a todas luces está minando las instituciones y la democracia toda.


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desco Opina / 5 de marzo 2010

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martes

Agua versus minería ¿y el desarrollo?

Las últimas semanas en el sur peruano apreciamos una dura confrontación entre la empresa Southern Perú y los agricultores y gobiernos locales del valle de Tambo en la provincia de Islay. Esta batalla es consecuencia del proceso iniciado por la empresa minera para poner en marcha el proyecto cuprífero Tía María con una inversión anunciada de 900 millones de dólares que generarían empleo permanente para 600 personas y transitorio para otras 3000 en los tres primeros años, mientras dure la puesta en marcha del proyecto.

A la base del conflicto se halla un tema crucial de nuestro tiempo: el uso del agua, muy escasa en el valle de Tambo, entre la agricultura que se desarrolla en este espacio desde tiempos inmemoriales y que llegó a ser calificado por Raimondi como la despensa de Arequipa, frente a los intereses de la principal empresa minera cuprífera del país para explotar recursos que son demandados en el mercado internacional de manera creciente, y por tanto con la perspectiva de una generación importante de ingresos.

El 27 de setiembre de 2009 se realizó una consulta vecinal donde el 95% se pronunció en contra de la ejecución del referido proyecto minero. Casi de inmediato aparecieron las acusaciones de manipulación desde los sectores interesados en la ejecución del proyecto, que quieren llevarlo adelante de cualquier manera o como lo quiere la empresa. En las condiciones que se realizó la consulta, bajo una fuerte presión mediática a favor del proyecto minero, se logró una participación del 30% de los electores hábiles. De manera similar a la consulta realizada en Piura sobre la pretendida explotación minera de Majaz, el rechazo de la población fue absolutamente mayoritario e igualmente descalificado por los defensores de la «teoría del perro del hortelano», según la cual es inconcebible que «pequeños grupos de agricultores poco instruidos impidan extraer las riquezas del subsuelo y traer el desarrollo».

Sin embargo, las actitudes de los agricultores, los reparos a la inversión minera, la defensa de los recursos hídricos y del medio ambiente, ponen sobre la mesa temas centrales del problema nacional que no debieran ser soslayados de ningún modo. El caso del Valle de Tambo es, en este sentido, aleccionador.

La escasez de agua de riego que sufre el valle, tiene una de sus causas en la construcción de la represa de Pastogrande, que derivó aguas de la cuenca del Tambo, agudizando los conflictos internos en la época de estiaje y deteriorando su calidad por el incremento de las concentraciones de boro. Fue así como este proyecto «desvistió un santo para vestir otro», propiciando agudos enfrentamientos con la población de Moquegua. En este marco, el proyecto Tía María requiere de 8 millones de metros cúbicos anuales. Ante la intención de la minera de usar agua del subsuelo, que no es inagotable –como lo muestran los problemas actuales por la sobre explotación del agua de subsuelo en Ica– la población ha propuesto que se use el agua de mar desalinizada, un proceso más costoso para la empresa minera, pero que no afectaría la supervivencia de la actividad agropecuaria.

Otro antecedente que influye en este conflicto es una antigua confrontación de los agricultores del valle de Tambo contra la empresa Southern por los efectos contaminantes de los humos de la fundición de Ilo sobre los cultivos, acusación negada reiteradamente por la empresa. Luego de varios años de presión, finalmente la empresa instaló una planta de recuperación de ácido sulfúrico de los humos de la fundición, confirmando los reclamos de la población con las miles de toneladas que actualmente se recuperan y que anteriormente eran arrastradas por los vientos sobre los cultivos del valle de Tambo, propiciando lluvias ácidas y severas pérdidas a los agricultores.

Finalmente, al ponerse sobre el tapete el tema del desarrollo, el sentido común de la población ha planteado abordarlo de manera integral y no solamente como una contraposición de agro y minería, estableciendo un campo de negociación más amplio y con posibilidades reales de abordar un conjunto de intereses presentes, considerando:

- El afianzamiento de la cuenca del Tambo mediante la construcción de la represa de Paltiture o Huayrondo
- Desarrollo hidroenergético mediante la construcción de una central hidroeléctrica
- Desarrollo agropecuario
- Desarrollo de la infraestructura educativa y la mejora de la calidad de la educación promoviendo carreras técnicas
- Tratamiento de aguas servidas y residuos sólidos
- Fortalecimiento de los servicios de salud y salud preventiva
- Desarrollo del turismo
- Desarrollo pesquero
- Mejora de la infraestructura de transporte.

Durante la reunión convocada por el Gobierno Regional de Arequipa, el viernes 19 de febrero, el Presidente Regional, los alcaldes distritales y dirigentes de la población, han ratificado los acuerdos de la consulta vecinal y exigen la declaración de intangibilidad del valle del Tambo.

Por otro lado, la empresa fortalece la presión mediática anunciando su disposición a financiar la represa de Paltiture y disponer de parte de las aguas represadas para el proyecto minero y señala los efectos negativos que tendría sobre el canon minero un incremento de los costos al procesar el agua de mar en lugar de usar el agua del subsuelo.

Que sea ésta una ocasión para desarrollar el debate sobre el rol de la minería frente al desarrollo regional y nacional, pues frente a nuestra larga historia de país minero, comienza a afirmarse el sentido común ciudadano sobre un rol diferente de la minería cuando el poblador común se pregunta: ¿Por qué tenemos que seguir exportando solamente el cobre y no alambre de cobre?

desco Opina - Regional / 2 de marzo de 2010
Programa Regional Sur

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viernes

Poniendo el ojo en la cerradura equivocada

Información reciente emitida por la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI) ha generado una reacción de sospecha en varios medios de comunicación sobre el manejo financiero de las ONG. Algunos diarios han destacado a una lista de estas organizaciones en función al gran volumen de sus presupuestos y a otro grupo debido a que habrían cometido irregularidades en la ejecución de fondos de cooperación.
desco ha ocupado un lugar central en estos «rebotes» periodísticos, al ser la ONG que mayor presupuesto ha ejecutado durante el 2009. Cabe aclarar que ejecutar mayor presupuesto no equivale a obtener mayores ingresos, como ha afirmado una de estas publicaciones. Por lo demás, organizaciones sin fines de lucro como desco, si bien buscan la rentabilidad social, no generan dividendos ni reparten excedentes al modo de una empresa privada; los fondos recibidos se canalizan a proyectos o investigaciones en beneficio de las colectividades en un determinado ámbito de intervención. En ese sentido, el correcto manejo de los recursos en las ONG no deriva en un beneficio económico cada vez mayor, sino en el aseguramiento de un capital de trabajo que permita contratar profesionales y proporcionar condiciones laborales aceptables.
Por otro lado, varias de las organizaciones llamadas a justificar las que por ahora son presuntas irregularidades administrativas han alzado su legítima voz de protesta, con documentos inapelables en mano, al considerar que APCI, además de obrar con ligereza y poco criterio en su evaluación, fue irresponsable al difundir en los medios información que no entregó a las instituciones observadas, a fin de que pudieran realizar sus descargos.
Nadie puede estar en contra de la transparencia y las ONG somos las primeras en reclamarla, como ha quedado expuesto en las declaraciones de Francisco Soberón, presidente de la Asociación Nacional de Centros (ANC). La difusión de los resultados de fiscalización de APCI pretende sembrar dudas sobre la voluntad de transparencia de las ONG, cuando estas año tras año no sólo presentan informes a dicha agencia, sino que se someten rutinariamente a varios otros controles, como Registros Públicos, SUNAT, EsSalud, Ministerio de Trabajo, etc. Otro punto ambiguo ha sido el manejo de cifras exorbitantes. Dicho sea de paso, la escala de sueldos en las organizaciones sin fines de lucro no se compara a la del sector empresarial en el Perú, donde, según la consultora canadiense Mercer, los gerentes generales y gerentes senior reciben en promedio 23,360 dólares al mes. Al respecto, sería muy conveniente que los funcionarios de APCI informen, por ejemplo, sobre los sueldos que perciben los directores de las ONG y, si fuera posible, mostrar al menos extrañeza ante las cifras antojadizas que difunden los medios de comunicación.
Al contrario de lo que sugiere la prensa conservadora y de derecha, creemos que la fiscalización es posible y necesaria. Es más, sostenemos que no debe agotarse en las ONG, que finalmente gestionan recursos privados (provenientes de cooperaciones internacionales, organismos multilaterales, empresas, fundaciones, estados, etc.) Por ejemplo, se debe también informar a la ciudadanía sobre la gestión de recursos de cooperación en las entidades públicas, que receptan de lejos el mayor porcentaje de cooperación que fluye hacia el país. Tomemos como ejemplo al Metropolitano en la ciudad de Lima. Como es sabido, parte del financiamiento de este sistema de transporte masivo provino del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. En aras de la transparencia en la inversión pública, ¿a quién le compete observar el retraso de más de año y medio en este proyecto, que implica uso de fondos de organismos multilaterales de decenas de millones de dólares?, ¿quién cuestionó que la Municipalidad de Lima haya iniciado las obras sin contar con el estudio de impacto ambiental?
Si bien en esta oportunidad la coyuntura no es propicia para la aparición de los más destemplados voceros anti-ONG –especialmente aquellos que se ponen nerviosos ante las agendas de justicia, reparación, derechos humanos o luchas medioambientales– sí se tiene como antecedentes los repetidos intentos por controlar y perseguir a quienes promueven la organización y la toma de conciencia de derechos ciudadanos. Hoy, que se nos señala con menos adjetivos y supuestamente más «pruebas», es preciso tener en cuenta el lugar que las ONG ocupan en las tareas del desarrollo. En nuestro país, las políticas públicas se han caracterizado por ser oscilantes y poco claras –como en el caso del desarrollo urbano– ignorantes de las articulaciones económicas y sociales de los territorios –como en la promoción de la inversión minera– e incluso por ser a todas luces ineficientes, como en la reconstrucción de Pisco y las localidades afectadas por el terremoto de 2007. En todos los casos, la acción de las ONG ha contribuido no sólo a mejorar las condiciones de vida de la población, o a promover articulaciones productivas, sino que ha ayudado a mejorar la actuación del propio Estado tanto a través del soporte que ha dado a numerosos espacios de concertación, como por medio de la producción de conocimiento en forma de evaluaciones, líneas de base y diagnósticos en los más diversos temas.

Entre los pendientes de APCI, más bien, se ubica la formulación de una agenda de cooperación, más urgente en cuanto la misma está disminuyendo sensiblemente en el país. Así las cosas, es probable que muchas ONG dejen de operar en Perú en el mediano plazo, escenario frente al cual se necesita un verdadero esfuerzo de concertación, salvo que se piense que la alternativa pasa por ser «imaginativo» en la búsqueda de fondos, como ocurre con el Instituto del Trabajo y la Familia, que preside la Primera Dama, organización que ha visto incrementar sus ingresos en 403% en un año, cosa que no tiene punto de comparación con las otras ONG acusadas veladamente en base al «temible» informe de la APCI.

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Página web de la Asociación Nacional de Centros de Investigación, Promoción Social y Desarrollo (ANC)
Sobre el Perú como país de renta media alta

desco Opina / 19 de febrero 2010

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Respuestas locales al cambio climático en Lima Sur

Las lluvias de principio de año debilitaron las bases de las viviendas más pobres de Lima. El Estado ha llegado con ofrecimientos de títulos de propiedad pero sin planes para reubicar viviendas asentadas en terrenos vulnerables. Con suelos y edificaciones inestables no es difícil concluir que un sismo de regular intensidad podría cobrar aquí muchas víctimas. Los gobiernos locales de Lima Sur hacen esfuerzos por apoyar las iniciativas surgidas desde los propios pobladores por darle más seguridad al suelo que pisan. ¿Qué hará la municipalidad metropolitana?

Diez millones de soles destinó el Estado para que INDECI realice «actividades de rehabilitación de las zonas directamente afectadas por las lluvias y deslizamientos» en Lima. Invertir en prevención costaría menos que declarar en emergencia nueve distritos de la ciudad debido a las inundaciones, derrumbes y huaycos en las zonas más pobres como Carabayllo, Ventanilla o Villa María del Triunfo o incluso menos costoso que instalar carpas del Módulo Perú con la misión de atender a familias afectadas. La cobertura mediática de los daños ocasionados por las lluvias fue una fuerte motivación para anunciar acciones paliativas que dejan el problema de fondo: las lluvias pasaron, pero el cambio climático no termina y menos la actividad sísmica. Entonces los riesgos subyacen, como silenciosa enfermedad. Pero ante la ausencia de un plan, nacional, metropolitano o regional, nacen diversas iniciativas locales y adquiere lógica la diversidad de acciones que en la ciudad se vienen desarrollando frente al tema de cambio climático y vulnerabilidad.

La Quebrada de Santa María es una de las zonas más vulnerables del distrito de Villa María del Triunfo y alberga a tres mil personas cuyas viviendas -asentadas sobre pircas en las empinadas laderas de los cerros- fueron afectadas por desprendimientos de rocas y deslizamientos de tierra. Los daños materiales son cuantiosos para quien poco tiene. La zona del Parque Metropolitano en Villa El Salvador, alberga a casi diez mil personas con viviendas sobre arena, base inestable para construcciones de más de dos pisos, edificadas sin asistencia técnica. Aquí el riesgo no es tanto frente a las lluvias, como ante un sismo de regular intensidad. En ambos casos, los pobladores, conscientes de su situación, están realizando acciones de capacitación para la prevención, las que demandan el involucramiento de los gobiernos locales, en tanto responsables de la defensa civil en su territorio.

Por su parte, el gobierno local de Villa María del Triunfo contempla habilitar vías de acceso hacia las zonas altas, en tanto que en Villa El Salvador la municipalidad ha elaborado cartillas de defensa civil con acciones de prevención frente a las lluvias. La Asociación de Municipalidades del Área Sur de Lima, AMASUR, ha formado un comité de defensa civil que está en vías de legalización y está iniciando la coordinación entre distritos, dando seguimiento a la firma del acuerdo municipal sobre prevención de desastres en 2007.

Aunque estamos en etapa electoral y muchos de los avances tendrán necesariamente que reformularse para las nuevas gestiones, es indispensable construir con la población mapas de zonas vulnerables en los distritos, para identificar las acciones preventivas específicas a implementar en el marco de un plan que tenga como premisa la mitigación de desastres y que incluya a quienes menos oportunidades tienen de afrontarlos con éxito.
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desco Opina - Regional / 12 de febrero de 2010
Programa Urbano

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El huaico de la derecha y la crisis en el sur

Adornada con una canción de Tongo y sustentada en un «programa mínimo» que incluye el indulto a Fujimori, la candidatura presidencial de Jaime Bayly es publicitada como el hecho político del momento. Como sabemos, de cara a un proceso electoral no sólo importan las candidaturas fuertes, sino a dónde apuntan los que tienen opciones más limitadas, tanto por su capacidad de endose como por la agenda que pueden plantear.

Con poco que arriesgar en términos de caudal electoral, tendencias partidarias o alianzas políticas, Bayly y sus eventuales socios –personajes oscuros como Barba Caballero o Ghersi– optan por el negocio de radicalizar el discurso más allá de lo que cualquier candidato de derecha o izquierda podría. El anticlericalismo, la disolución de las FF. AA., la legalización del aborto y del consumo de drogas; presentados bajo un empaque «liberal», son en realidad el «gancho» para movilizar a un electorado joven, con aspiraciones de modernidad, más bien antipolítico y en ese sentido condescendiente con el fujimorismo y apático frente al gobierno aprista y a las consecuencias del modelo económico. Es el voto antisistémico de derecha y, en la medida en que el único punto que podría prosperar de su plataforma política es el indulto a Fujimori, podría ser la salida para el voto vergonzante por la heredera del dictador. Una broma que en Lima ha pasado de entretenimiento de domingo por la noche a un seis por ciento de intención de voto.

Pero, ¿qué es lo que expresa una candidatura de este tipo? En primer lugar, la renuencia de la derecha política a verse enfrentada a los temas cruciales para el país. Esta vez, no están dispuestos a que la agenda se la vuelvan a marcar sectores que se mueven bajo las banderas del cambio de orientación del modelo económico. En el 2006, la contienda ante Humala los hizo abandonar a su cuadro más orgánico –Lourdes Flores– por García, disfrazando la voluntad de continuidad con la consigna del «cambio responsable», obligándolos a enfrentar temas calientes como el abandono del sur andino, la firma del TLC con EE.UU o la redefinición de políticas sobre recursos naturales y energéticos. Hoy, nuevamente sacrifican a Flores ante un inorgánico Castañeda, colocan unas cuantas fichas en Bayly, se hacen de la vista gorda con Keiko y le dejan la puerta entreabierta a Toledo.

El hecho político del momento es pues la definición de la derecha entre sus múltiples opciones electorales –con escasos matices programáticos entre ellas–. En las elecciones anteriores la pelea era por quién captaba la opción por un cambio. Hacia el 2011 –esto es sintomático de la inexistencia de oposición real y de las limitaciones del nacionalismo– la lucha está por quién ocupa la opción de continuidad, sin importar si para eso hay que farandulearse con Bayly como «animador del campeonato» o tragarse el sapo de la corrupción y el autoritarismo que encarnan los Fujimori. Dado que la opción por el cambio –sea cual sea– parece ser la única constante del electorado peruano (salvo Toledo, ninguno de los mencionados sería creíble en esa postura), la pelea está por alinear fuerzas contra un eventual repunte de Humala o la aparición del ya clásico outsider que juegue «por izquierda».

La vigente radicalidad de los electores del sur del país se ve en tanto reavivada por la tragedia. Las terribles inundaciones por lluvias no son una catástrofe solamente por las muertes o el aislamiento de las zonas afectadas. Las tomas aéreas en televisión y las campañas para la emergencia (alimentos, ropa, medicinas) nos solidarizan con la conmoción de los damnificados, pero no con la pérdida de su capital –miles de cabezas de ganado y de hectáreas de sembradíos– lo que supone un retraso económico de varios años; más aún si a la luz del terremoto de Pisco, ya se sabe del grado de indolencia del Estado y el sector privado frente a la recuperación de la infraestructura y de los circuitos económicos que están fuera de la economía «moderna», como en este caso son la agricultura serrana, la ganadería de altura y el tejido económico local comercial y de servicios. Si bien alguna respuesta se vislumbra frente al sector turismo, es sólo en tanto se ha afectado el más sobresaliente patrimonio arqueológico peruano, Machu Picchu, que dinamiza fuertemente la economía cusqueña y pone en juego «la imagen» del Perú, que es lo que parece preocupar más a los ministros de Agricultura y de Desarrollo Social, semanas atrás más apurados en viajar a Haití –donde eran de lejos menos necesarios que los rescatistas que desembarcaron del avión–, que en evaluar los reportes de la intensidad de las lluvias, usuales protagonistas de esta época del año que en esta oportunidad cobraron especial violencia.

Así las cosas, el sur andino parece un fantasma temido por los asistentes al CADE y a las convenciones mineras, sólo en el momento electoral y olvidado luego una y otra vez. Nada se ha hecho y no tendría por qué llamar la atención que estén dispuestos a votar por un candidato que cuestione este orden que ningún beneficio importante les ha traído. Más aún si son alentados por el ejemplo de los cambios que ocurren en la vecina Bolivia –una refundación jacobina: la república plurinacional– y que la prensa nacional discretamente ignora, tergiversa o minimiza, más allá de su sostenibilidad en el mediano plazo.

Mientras tanto, la política menuda y el cubileteo irresponsable para definir las reglas de juego para las elecciones regionales y municipales de octubre de este año, parecen apuntar a debilitar el sistema político, alentar la fragmentación y por tanto hacer inviable el desarrollo interno del país. Los posicionamientos en juego en el proceso de 2010 se pierden en el mar mediático, dejándose absolutamente de lado no sólo el necesario balance de la descentralización y el desarrollo territorial desde las regiones, sino también, las reacciones ante la última modificación a la Ley de Elecciones Regionales, asunto que seguramente resulta esotérico para la banalizada «opinión pública» que expresa la prensa nacional, aunque sean cruciales para la distribución de poder en el país.


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desco Opina / 5 de febrero 2010
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