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viernes

Los asentamientos humanos de Lima sur y El Niño Costero

 

El fenómeno El Niño Costero vuelve a instalarse en la agenda nacional. Mientras gran parte de la atención pública suele concentrarse en las posibles afectaciones en la zona norte del país, los efectos que este fenómeno puede tener sobre Lima Metropolitana y sus sectores en situación de mayor vulnerabilidad, reciben menor consideración.

La Comisión encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene actualmente el estado de "Alerta moderada de El Niño Costero" y advierte que el evento, iniciado en marzo de este año, podría prolongarse hasta el verano de 2027 con muchas probabilidades de alcanzar una intensidad fuerte.

En Lima Metropolitana, las proyecciones del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) indican temperaturas superiores a las habituales durante los próximos meses, las cuales podrían superar los 29 °C y la posibilidad de lluvias fuera de lo normal para la capital. Aunque estas cifras pueden parecer moderadas frente a las emergencias que enfrenta el norte del país, su impacto no será igual para todos los habitantes de la ciudad.

El Instituto Geofísico del Perú recuerda que los grandes eventos de El Niño de 1983, 1998 y 2017 afectaron significativamente a Lima Metropolitana. Su análisis señala que el crecimiento acelerado y desordenado de la ciudad llevó a miles de familias a ocupar quebradas, laderas y otras zonas de riesgo. Ello demuestra que los desastres no son únicamente producto de la naturaleza; también son consecuencia de la manera en que construimos y gestionamos nuestras ciudades.

Esta realidad resulta especialmente relevante para distritos que cuentan con numerosa población asentada en terrenos de mala calidad y carentes de servicios como ocurre en las partes más altas de San Juan de Miraflores y Villa María del Triunfo. Asentamientos humanos ubicados en la zona de La Nueva Rinconada y Nueva Esperanza, enfrentan diariamente desafíos relacionados con la movilidad, el acceso al agua y la calidad de la vivienda. Frente a un escenario de ocurrencia de un fenómeno El Niño excepcional, estos problemas pueden agravarse. El calor extremo incrementa los riesgos de deshidratación y afecta principalmente a niños y adultos mayores. Asimismo, las condiciones de almacenamiento de agua y el aumento de la temperatura pueden favorecer la proliferación de mosquitos y otros vectores, generando nuevas preocupaciones sanitarias. Situaciones similares ocurren en otros distritos, tanto en Lima Metropolitana como otras ciudades de la costa peruana.

Por otra parte, estos asentamientos también son espacios de organización y trabajo colectivo. La experiencia acumulada por dirigentes vecinales, organizaciones comunitarias y redes de apoyo, constituyen un recurso fundamental para enfrentar emergencias. La prevención no depende únicamente de obras de infraestructura; también requiere información, participación ciudadana y capacidad de respuesta colectiva. Las experiencias de mejoramiento barrial en Perú –varias impulsadas por organizaciones como descoCiudadano y otras instituciones– muestran que cuando los vecinos participan en el diseño, la ejecución y el cuidado de las intervenciones, la sostenibilidad suele ser mayor que cuando las obras son completamente externas.

La eventual llegada de un Niño Costero más intenso nos obliga a mirar más allá de las predicciones meteorológicas. El verdadero desafío no consiste solamente en anticipar cuánto aumentará la temperatura o cuándo llegarán las lluvias, sino en reconocer que los impactos del clima se distribuyen de manera desigual.

Allí donde persisten las brechas urbanas y sociales, los riesgos encuentran menos barreras para convertirse en crisis. Por ello, prepararse para El Niño implica también avanzar hacia ciudades más equitativas, planificadas y capaces de proteger a quienes hoy enfrentan las mayores condiciones de vulnerabilidad.

 

desco Opina - Regional / 3 de julio de 2026

descoCiudadano

El desorden y los desastres



El Niño Costero desnudó varias de nuestras falencias como Estado. La población percibió el impacto directo de la corrupción durante esta emergencia al ser testigo y víctima de obras públicas deficientes o sin mantenimiento. El golpe también hizo que la ciudadanía preste más atención al tema de prevención de desastres y a poner el foco en la ejecución del Presupuesto Público para proyectos de este tipo.
El Niño Costero no fue una catástrofe en Arequipa como lo ha sido en otras partes del país, pero sus lecciones sobre la falta de planificación del territorio, en especial en los distritos más populosos donde no se han puesto límites a la expansión urbana, no han calado lo suficiente. Hacemos tal afirmación después de ver el empeño que le ha puesto el alcalde provincial de Arequipa, Alfredo Zegarra, estas últimas semanas al Programa Municipal de Vivienda (Promuvi), lanzado sin una adecuada planificación.
El problema central del Promuvi es la ubicación de estas viviendas. Hasta ahora el municipio no puede asegurar en qué terrenos se construirán, pero las primeras informaciones pusieron en alerta al Ministerio Público, que advirtió que uno de los terrenos estaría ubicado en una zona de riesgo volcánico e incluso el propio órgano de control del municipio ha hecho observaciones por la definición de terrenos.
Toda la información generada tras el anuncio del Promuvi, no ha hecho sino develar una cierta improvisación en la gestión edil. Justamente, este tipo de cálculos políticos ha permitido la invasión, y la posterior legalización de viviendas en zonas donde el peligro es inminente o con pocas posibilidades de acceder a servicios básicos. ¿Cómo podemos responsabilizar sólo al ciudadano/ciudadana por ubicarse en zonas de peligro cuando son visibles una serie de falencias en la políticas municipales?
El congresista Carlos Bruce puso en la mira las malas prácticas ediles en el tema del acondicionamiento territorial y propuso una ley para sancionar a alcaldes que entreguen certificados de posesión indispensable para tramitar un título de propiedad en zonas riesgosas. Se sumó otra propuesta de ley elaborada por la congresista Ana María Choquehuanca, para evitar que se instalen servicios básicos en zonas de riesgo. De aprobarse, sería una medida de control valiosa para contribuir a acabar con los favores políticos y las fanfarrias electoreras.
Es indispensable que El Niño Costero deje como lección la necesidad de incorporar la gestión de riesgos en cualquier proyecto de desarrollo a implementar, y si es de desarrollo urbano con mayor razón. Hay presupuesto para prevención y hay que saber usarlo oportunamente.


desco Opina - Regional / 21 de abril de 2017
Programa Regional Sur

El dengue, la muerte que llega entre dos luces

La selva central se siente conmovida por el fallecimiento de una joven de 18 años víctima del temible dengue hemorrágico, ocurrido en Chanchamayo. Como es de suponer, las autoridades reaccionaron tarde, cuando era inevitable que el avance del mal llegara a niveles alarmantes. Este tipo de enfermedad es endémica, es decir, siempre estará presente en la selva central. Al no existir vacunas posibles, desde las dependencias del MINSA se debió coordinar con la Municipalidad provincial, con la UGEL y con las organizaciones de base antes del brote epidémico, para aplicar las medidas de prevención necesarias.

La ciudad de La Merced y los centros urbanos más importantes de la provincia están siendo fumigados, en coordinación entre la Municipalidad Provincial y el sector Salud. Sin embargo, por la frecuencia e intensidad de las lluvias, es limitado el retroceso del zancudo vector, que halla en los recipientes dejados a la intemperie, las condiciones adecuadas para su reproducción. En primer lugar, debemos señalar que el zancudo transmisor de esta enfermedad, a diferencia de otros vectores de su tipo, sólo se reproduce en aguas estancadas pero limpias, es por ello que en las ciudades estos insectos encuentran el hábitat que facilita su reproducción. Esto, sumado a sus hábitos de aparecer entre dos luces (hacia el amanecer o atardecer), garantiza su alimentación picando a los madrugadores o a quienes salen a las calles a la puesta del sol.

Esta epidemia ha puesto en evidencia lo poco preparadas que están las dependencias locales del Ministerio de Salud. Si en las postas y puestos de salud se contara con profesionales médicos en lugar de técnicos, los primeros indicios de la epidemia hubiesen tenido mejor tratamiento. Desde la DIRESA de Junín se están preocupando ahora para dotar de los medicamentos necesarios a los puestos de salud; pero si esta enfermedad, al igual que la malaria, es endémica en la selva central, cabe preguntarse por qué no se hace un trabajo de educación permanente a la población. Con una campaña constante se puede incorporar en los hábitos de la población las prácticas preventivas adecuadas, para desechar los objetos inservibles capaces de acumular agua de lluvia (llantas viejas, latas, botellas, juguetes y frascos), mantener libres de obstáculos las cunetas para que circulen las aguas de lluvia, cubrir los recipientes y tanques de agua de las viviendas, y drenar las piletas públicas por lo menos hasta que la natural proliferación de zancudos, que en tiempo de lluvias se incrementan, reduzcan su presencia hasta niveles controlables. Incluso, la cálida temperatura de la selva hace que las familias busquen ventilación con puertas o ventanas abiertas, sin ningún tipo de malla que limite el ingreso de los insectos, con lo cual se da ventajas a los vectores del contagio.

La emergencia sanitaria ha provocado que la Municipalidad Provincial implemente campañas de erradicación de inservibles, que bien pudo hacerse antes del inicio de la temporada lluviosa, con lo cual se hubiesen reducido los altos costos de tratamiento de los actuales enfermos.

Otro aspecto que ha permitido la proliferación de casos de dengue, es el desconocimiento que tiene la población sobre los síntomas, muchos de los cuales se confunden con los del resfriado común. Por condición económica o por ignorancia, existe la costumbre generalizada de la automedicación, y sólo se acude a los puestos de salud cuando la situación para el afectado es bastante crítica.

En definitiva, esta muerte tal vez pudo ser evitada, porque el Plan Regional de Prevención y Atención de Desastres del año 2007, así como los diagnósticos del sector Salud de Junín, señalan al dengue como un riesgo permanente para los habitantes de la provincia. Si las instancias competentes son conscientes de la vulnerabilidad de la población ante esta enfermedad endémica, entonces por qué en este país se hace habitual que en materia de salud sólo se actúe cuando las lágrimas de alguna familia tengan que dar cortejo a un difunto, por qué no se invierte en sensibilización al respecto, con lo cual se optimizan los resultados y se reducen las víctimas.
desco Opina - Regional / 23 de marzo de 2012
Programa Selva Central

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Emergencia y cambio climático en Arequipa

Contrariamente a lo observado los últimos años, en los que las previsiones del SENAMHI se han caracterizado por anunciar probables sequías por los efectos del fenómeno del Niño –a los que nos habíamos acostumbrado en el contexto del cambio climático–, las últimas semanas se han caracterizado por intensas precipitaciones pluviales que han superado en un 100% el promedio de los últimos 50 años para esta misma época.
Esta situación ha desnudado las debilidades de los sistemas de prevención para afrontar los efectos de las variaciones climáticas, ocasionando costosos daños en viviendas, centros comerciales de reciente inauguración en medio del boom comercial de la región (y que se suponían poseedores de los mayores avances tecnológicos) destrozos de calles, algunas recientemente pavimentadas, interrupción de carreteras, colapso de las redes de desagüe, estimándose en 6,218 los damnificados en un total de 47 distritos.
El crecimiento urbano en lugar de guiarse por la definición de los usos del suelo en función de planes rectores o una adecuada caracterización del espacio, ha estado condicionado por las presiones de la población para acceder a una vivienda ante la inacción de los gobiernos locales y por la ausencia de políticas públicas. En su lugar, ha primado la iniciativa de traficantes de terrenos, culminando en invasiones que al poco tiempo son reconocidas con propósitos electorales.
Esta situación ha motivado, el 15 de febrero, la declaratoria de emergencia luego de la convocatoria del Comité de Defensa Civil y con la participación de los alcaldes distritales. Ahora se busca afrontar de la mejor manera posible, la destrucción de viviendas y del pavimento de la mayor parte de las calles. Como suele ocurrir tradicionalmente en la gestión pública, se actúa sobre los hechos consumados.
Los cauces naturales para el drenaje del agua de lluvia han sido invadidos por pobladores que construyeron sus viviendas, posteriormente autorizadas con las respectivas licencias municipales. Estas han sido las más afectadas por el embate de las aguas en las torrenteras especialmente en los distritos de Paucarpata y Mariano Melgar donde hay una mayor concentración de estas viviendas precarias.
Por otro lado, conforme avanza la estación lluviosa se acentúan los peligros de la improvisación. El sistema de represas ya tiene almacenado alrededor del 85% de su capacidad lo que está obligando a incrementar el desembalse de las mismas a fin de evitar su colapso. A ellos se añade el pronóstico de SENAMHI sobre la prolongación de las lluvias hasta el mes de marzo. Esta situación ha puesto en riesgo los cauces del río Chili, repitiéndose en otras cuencas como Majes donde se viene registrando la pérdida de 400 hectáreas de cultivos de arroz en terrenos ubicados en las proximidades del cauce. En este caso, los problemas se generan en gran medida por la expansión de las áreas de cultivo sobre las márgenes de los ríos por los agricultores denominados «avanceros», quebrantando la normatividad sobre los cauces.
Estos hechos, en medio de la campaña electoral, deberían ser una oportunidad para requerir el pronunciamiento de los candidatos en cuanto a propuestas de políticas ambientales, planes de zonificación económica ecológica y las políticas de organización de la prevención de los riesgos, sobre todo cuando las manifestaciones más evidentes del cambio climático están asociadas a la dificultad para predecir o pronosticar los eventos climáticos estacionales.
desco Opina - Regional / 25 de febrero de 2011
Programa Regional Sur

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El desborde de la naturaleza y la inoperancia preventiva

Las nuevas autoridades ni siquiera habían terminado de asumir sus funciones cuando a los pobladores de Puerto Bermúdez y Ciudad Constitución el desastre les cayó encima. Los días de intensas lluvias ocasionaron el desborde del río Pichis, destruyendo 613 viviendas, afectando parcialmente a otras 291 y dejando 14 instituciones educativas deterioradas. Según cifras oficiales los damnificados ascienden a dos mil ochocientas personas de manera directa, e indirectamente otras mil seiscientas. La gran mayoría de ellas pertenecen a la etnia asháninka, han perdido sus cultivos y por ende su medio de sustento. La primera medida tomada por el nuevo presidente regional ha sido la declaración de emergencia y el INDECI, desde Lima, ha dispuesto el envío de ayuda para los damnificados. Además, desde otras localidades cercanas se han iniciado cadenas de solidaridad y apoyo, situación que no resuelve la emergencia debido a que las lluvias continúan y los deslizamientos de tierras han ocasionado una serie de cortes de las carreteras, sobre todo las que conectan con el cercano distrito de Villa Rica. Es así que, además de los desbordes en Puerto Bermúdez y Ciudad Constitución, tenemos al distrito de Palcazu literalmente aislado. Por otro lado, el apoyo enviado en botes desde la capital del distrito con alimentos y medicinas hacia las localidades ribereñas, tiene serios problemas para llegar a su destino por lo caudaloso que se halla el río Pichis. Urge pues establecer un puente aéreo para que el apoyo sea efectivo.
No es la primera vez que la selva oxapampina (Región Pasco) sufre de los embates de la naturaleza. En temporadas de lluvias son habituales las interrupciones de carreteras que aíslan a las localidades de Pozuzo, Puerto Bermúdez, Villa Rica o Palcazu. Sin ir muy lejos el año pasado el desborde del río La Sal causó la pérdida de vidas humanas en Puente Paucartambo (Villa Rica). Por otro lado, también el año pasado, una tragedia similar a la que ocurre actualmente en Puerto Bermúdez y Ciudad Constitución afectó a los nativos yaneshas del distrito de Palcazu. En esa ocasión el distrito de Palcazu no fue declarado en emergencia pero la Presidencia del Consejo de Ministros encargó al Ministerio de Agricultura –y ellos lo derivaron al Proyecto Especial Pichis Palcazu– hacer una evaluación y reporte de los daños. Hasta ahora no se conoce los resultados de esa evaluación y mucho menos las propuestas de medidas de prevención. Vistas así las cosas y por los antecedentes señalados, no sería errado suponer que ahora con el distrito de Puerto Bermúdez sucederá lo mismo. Vemos muchas fotografías, reportajes y expresiones de buena voluntad de parte de aquellos que son conscientes que hablar y posar ante las desgracias humanas es políticamente rentable, pero en el corto plazo no se viabilizan medidas concretas que resuelvan o al menos mitiguen los impactos de estos desbordes de la naturaleza.
Al igual que en ocasiones anteriores, en que por negligencia no se habían tomado medidas preventivas, en Puerto Bermúdez las autoridades salientes (locales y regionales) tampoco lo hicieron, he allí lo recurrente de este tipo de problemas. En una realidad geográfica con características climáticas tan específicas como las de la selva central, no sólo se hace necesario buscar la solidaridad; urge pues la intervención del Estado en todos sus niveles para liderar, proponer e implementar medidas técnicas y efectivas de prevención de desastres. Cuando la naturaleza llega a niveles extremos, las capacidades locales para atender la emergencia tanto de nivel distrital como provincial son rebasadas, lo cual nos hace precisar que es en el nivel regional desde donde se deben de tomar las iniciativas de gestión de riesgos (antes del desastre con la prevención y después con la atención de la emergencia). Como lo demuestra el Plan operativo regional de defensa civil, documento técnico elaborado en el 2008 por la Región Pasco, las tareas necesarias ya eran de conocimiento de autoridades y funcionarios pero, como es lamentablemente una constante, su implementación deja mucho que desear, porque se limitó a una presentación en los medios y a escasas (o ninguna) medidas efectivas en el campo.
Tenemos que reconocer que es virtualmente imposible construir defensas ribereñas en toda la extensión de los ríos, pero sí se pueden definir los puntos neurálgicos de vulnerabilidad, sobre todo de aquellos lugares en donde las vidas humanas están en riesgo. Se debe capacitar a los habitantes, fortalecer liderazgos y organizaciones locales para enfrentar de manera inmediata la emergencia, así como para que sepan reconocer las características ideales para la ubicación de sus viviendas identificando las posibles rutas de evacuación. Las autoridades del nivel regional y municipal saliente no han dejado avanzado nada en materia de Defensa Civil para esas localidades, descuido imperdonable que puede deberse a la incapacidad técnica para implementar este tipo de propuestas o a un desdén inmediatista que no actúa mirando el futuro; pero hacia adelante no se puede permitir que esas poblaciones sigan viviendo en la incertidumbre e inseguridad total. Desde las nuevas gestiones de nivel local y regional se debe asumir esta tarea como prioritaria, o de lo contrario nuevamente a los habitantes de la selva central, el infierno les caerá literalmente desde el cielo.
desco Opina - Regional / 14 de enero de 2011
Programa Selva Central

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lunes

Simulacros de sismo y tsunami: sin roches, ni paltas

Parece que cuando a principios de año se anunció un cronograma de simulacros de sismo en la capital y en el Callao, la cosa iba en serio. Tal vez los recientes temblores ocurridos en Lima –y que muchos ni percibieron–, ayudaron a mantener firmemente esta decisión.
El caso es que, con o sin presión de por medio, los días 23, 24 y 25 de noviembre se realizará el simulacro de sismo y tsunami en Lima y Callao. Lo interesante de este ejercicio de prevención, es que se realizará por etapas. El día central en que se «producirán» los sismos y tsunamis, será el 24 de noviembre a las diez de la mañana. Las zonas que participarán son el Callao, la Costa Verde y la bahía de Lima. Mientras que en la tarde, se realizará el simulacro de sismo en el Centro Histórico de Lima, Rímac y Villa María del Triunfo.
Las autoridades del Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) hacen un simulacro de prevención en caso de sismo con un estilo descentralizado, en distritos específicos y con responsables a cargo, en este caso, la Municipalidad de Villa María del Triunfo. Quizá de esta forma, menos ciudadanos «quiten el cuerpo», cuando llegue el momento de participar.
Lo curioso es que quienes habitamos en Lima Sur, tenemos más de un motivo para ser parte activa en este simulacro. Por ejemplo, los nuevos barrios que han tomado las quebradas y cimas de los cerros de Villa María del Triunfo (también hay nuevos barrios en Villa El Salvador), se ubican en zonas altamente vulnerables. Aquí el peligro no solo es preocupante por la ubicación de la vivienda, sino por los problemas estructurales que presenta la construcción de la misma. (Ver Estudio Urbano: “Vulnerabilidad Físico Habitacional por Riesgo Sísmico: Tarea de todos, ¿Responsabilidad de alguien?”). Ojalá este simulacro, involucre a estos nuevos barrios y aliente a sus vecinos a organizarse, reflexionar y tomar medidas.
Por otro lado, también es de justicia señalar que hay un sector de la población de los nuevos barrios que se está agrupando en exitosas experiencias como la reciente Feria Barrial 2010 “La prevención, ¡empieza ahora!”, en la que los propios vecinos, están empujando el coche en materia de prevención de desastres a través de los Comités Vecinales de Defensa Civil (COVEDECI). Aunque falta mucho por hacer, el esfuerzo por emprender un trabajo articulado empieza a evidenciarse como ha ocurrido con la reciente presentación del Manual “Organización, preparación y evaluación de simulacros por riesgo de sismo y tsunami en los nuevos barrios”, en la que vecinos, dirigentes y autoridades se reunieron para hablar del tema.
Frente a este panorama, y al nuevo escenario político que se viene con el inicio de gestión de los nuevos alcaldes, es válido preguntarse qué sucederá en adelante y cómo se recogerán estas iniciativas para replicarlas en otros sectores de Lima Sur.
Y es que lamentablemente, no es solo un problema de concertación entre autoridades y vecinos.
El ciudadano, en líneas generales, aún no aprende, se siente invulnerable y carece de madurez, para interiorizar que un simulacro no es un «tiempo muerto», sino un tiempo que puede emplear para saber cómo actuar y salvar su vida y la de su familia. No desperdiciemos esta oportunidad.
desco Opina - Regional / 22 de noviembre de 2010
Programa Urbano

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