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martes

De nuevo a lo mismo



Tras el voto de confianza a Mercedes Aráoz, el Gobierno dio la impresión de remontar sus malas relaciones con el Congreso de la República y lo que es más importante, logró mejorar la percepción ciudadana de su gestión. Los 83 votos obtenidos por el nuevo gabinete tras su presentación en el Congreso de la República la primera quincena de octubre y los 8 puntos que «saltó» la aprobación de la gestión presidencial, que llegó al 30% en algunas encuestas, así parecían evidenciarlo; cierto que ayudadas por la llegada de Perú al ´repechaje´ rumbo a Moscú 2018.
El veranillo definitivamente duró poco. Fiel a su terca vocación suicida, el Gobierno se disparó a los pies varias veces en menos de diez días. La crisis del censo 2017 fue el primer clarinazo: cientos de miles de compatriotas que se quedaron esperando al personal voluntario del INEI en Lima y las principales ciudades del país, miles de voluntarios que no recibieron el entrenamiento necesario y que continúan demandando el pago que les ofrecieron, formularios del censo que no alcanzaron, el poco transparente auspicio de una universidad privada ligada a un político nacional y su acceso a información privilegiada, y, lo que es más dramático y censurable, muchos casos de violencia contra los censadores incluyendo la violación de una encuestadora… Todo ello ante los ojos de los desconcertados y balbuceantes voceros del ente estatal.
A la base de este descalabro, una importante institución pública y un proceso que no recibieron la indispensable atención y conducción del Ejecutivo. Un censo que puede llegar a una omisión superior al 5%, porque no se realizó un precenso adecuado –conocer el total de puertas en zonas urbanas–; elaborado con una metodología de puerta por puerta, sin contemplar que mucha de la información levantada ya está en manos del Estado –la RENIEC, por ejemplo– lo que permitía cruzar la data; preguntas mal formuladas, como la de autoidentificación étnica, que excluían opciones importantes como la asiática o preguntas definitivamente sospechosas, que cerraban opciones, como la de la opción religiosa. La lista, que es más larga, nos muestra un Estado de espaldas a la realidad de su sociedad. El resultado no podía ser otro: la renuncia del jefe del INEI y la consiguiente crisis, no obstante la buena voluntad y disposición de la población para participar en el proceso.
La virtual parálisis del proceso de reconstrucción es el segundo ejemplo. La renuncia de Pablo de la Flor y la virtual designación de Edgar Quispe como su reemplazante, es el final de una película que se veía venir. Más allá de las limitaciones del esquema por el que se optó al crear la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC) e incluso más allá también, de las tensiones inevitables con las autoridades subnacionales que se derivaban del esquema adoptado, las declaraciones del responsable de la ARCC responsabilizando a las autoridades subnacionales del ostensible retraso de la reconstrucción, provocaron finalmente su renuncia, ante la comprensible reacción de los gobernadores regionales involucrados, quienes en respuesta a sus acusaciones, exigieron su cabeza.
Independientemente de los entretelones de su salida, recordemos que fue convocado por Fernando Zavala y que no era necesariamente santo del entusiasmo de la nueva Premier, De la Flor y el Ejecutivo han obviado en el proceso recorrido, algunos de los rasgos básicos de nuestro Estado. Obsesionados por resolver la «tramitología» que cuestionan las grandes inversiones, mantuvieron la misma para la reconstrucción: para empezar, concursos organizados subnacionalmente que deben ser observados /aprobados por la OSCE en Lima, que tiene 30 días para responder cada trámite y un plazo similar para atender el levantamiento de sus observaciones. A nadie se le ocurrió, por ejemplo, crear un equipo especial y abreviar tales trámites. Una vez más, el Estado a espaldas de la realidad, y los diversos actores políticos jugando en función a sus intereses antes que pensando en las necesidades de la gente. El reemplazo de un exitoso gerente privado por otro, con varios años y gobiernos de experiencia en la gestión pública, no garantiza, por cierto, cambios mayores ni en el enfoque ni en los problemas evidenciados hasta hoy.
Por si fuera poco, haciendo notorio que el nuevo gabinete parece estar interesado en asegurar la continuidad de los errores del anterior, el Ministro de Justicia, argumentando la existencia de evidencia sobre su carácter disuasivo, anunció que apoyaría la pena de muerte para los autores de crímenes atroces, como la violación sexual de menores de edad. Abre así un nuevo debate donde las primeras respuestas ya llegaron de un congresista de la bancada oficialista y del Presidente del Poder Judicial.
En este escenario, como resulta obvio, el gobierno parece decidido a permanecer como el pato en el tiro al blanco. Un pato que alimenta cotidianamente con abundante munición a sus opositores.


desco Opina / 30 de octubre de 2017

viernes

La reconstrucción es cosa seria



Las dimensiones del desastre tras el Fenómeno El Niño Costero (FENC) 2017 exceden lo que los analistas económicos estiman y van mucho más allá de la caída del PBI nacional. Son 185 873 damnificados, 242 433 viviendas inhabitables o colapsadas, 549 puentes destruidos o desplomados, 2150 colegios afectados; y dañados 6477 kilómetros de vías, 60 400 hectáreas de cultivos y 45 335 canales de regadíos. También son “damnificadas” cientos de municipalidades cuyos locales han quedado destruidos, perdieron su patrimonio y parte de su acervo documental, además de sus ingresos regulares (impuesto al patrimonio predial, por ejemplo).
El FENC, como otros eventos de la naturaleza provoca desastres, principalmente por la falta de prevención. Al focalizar el interés nacional en las zonas y poblaciones afectadas, se evidencian problemas preexistentes e históricos como la pobreza, la exclusión y la profunda desigualdad en nuestra sociedad. Por ello, creemos que la reconstrucción debe trabajar no solo para resolver la situación inmediata en las zonas afectadas, sino en cómo cambiar de raíz los factores que producen el desastre.
Para ello no solo es indispensable contar con un buen diagnóstico de daños, es necesario también enfrentar los puntos ciegos de las políticas de reconstrucción que hemos implementado en el pasado: los planes de desarrollo y los catastros urbanos pierden vigencia luego de un desastre y resulta indispensable actualizarlos o formular nuevos, así como proyectos a ser trabajados con participación de la sociedad desde el nivel local junto al respectivo gobierno regional o central. Asimismo, debe tenerse en cuenta que las familias no esperan y «reconstruyen» en las mismas condiciones: con informalidad y sin asistencia técnica. Sin Estado.
El gobierno anunció que a fines de junio contará con un catastro final de daños y que el Plan de Reconstrucción Con Cambios se presentará en agosto. Se ha previsto disponer de Oficinas de gestión de proyectos (PMO) en una perspectiva de trabajo de al menos tres años. La primera etapa prioriza seis regiones: Tumbes, Piura, Lambayeque, La libertad, Ancash y Lima provincias. Pero sabemos que otras regiones como Cajamarca y Huancavelica demandan urgente atención. Sin una gran concertación nacional, difícilmente podremos tener éxito en la tarea, y por lo que se ha conocido del modelo de reconstrucción, los mecanismos de diálogo y representación de intereses de los afectados son los grandes ausentes.
En desco consideramos obvio que se requiere una política pública para las familias que reconstruyen, que admita que en nuestro país estas edifican por su cuenta y tienen problemas legales  que no son «individuales». La propiedad y vivienda de población desplazada debe ser atendida con un enfoque de prevención de riesgos, aunque haya desacuerdos y el proceso sea «más complicado». Las decisiones sobre el uso de suelo y la planificación de espacios, en esta medida, no pueden ser pensados como procesos técnicos: por el contrario, deben atender a la situación de vulnerabilidad individual y social mediante políticas de reasentamiento y relocalización que reduzcan futuros riesgos físicos, pero también respete y evalúe los medios de vida que provee el entorno (creación de empleo, generación de ingresos y calidad de vida).
Pablo de la Flor, encargado de la reconstrucción, debe decidir si será un «zar de la reconstrucción» o una autoridad democrática que funcionará con legitimidad en la coordinación, planificación y promoción de la inversión pública y privada. A las coordinaciones previstas con entidades estatales, autoridades locales y el sector privado, debe sumar el diálogo con las organizaciones de la sociedad, aunque la ley no las contemple: organizaciones de base, profesionales, organismos multilaterales y ONG. Ese es el gran desafío más allá de las cifras y las soluciones «técnicas». Eso será igualmente, ir más allá de promover la gran inversión privada o la participación de la industria de la construcción y sus gremios. Aportar a construir un país de todos y para todos.

desco Opina - Regional / 16 de junio de 2017
Programa Urbano