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sábado

Un debate a la peruana: los retiros de fondos de las AFP

 

El jueves 11 de abril, el pleno del Congreso decidió aprobar un nuevo retiro de fondos de las AFP, con 97 votos a favor, 5 en contra y 5 abstenciones. Debido a esto, los peruanos afiliados –y que cuenten con fondos– podrán retirar hasta 4 UIT (US$ 5.500).

Tras la votación, algunos de los congresistas se manifestaron en sus redes sociales para celebrar los resultados. Por ejemplo, JoséLuna Gálvez, de Podemos Perú, señaló que se impuso la voz del pueblo: “El Pleno del Congreso aprobó por amplia mayoría la ley que permite el retiro de hasta 4 UIT de las AFP. Tras tres contundentes marchas que Podemos Perú lideró. ¡Lo logramos!”

De acuerdo con estimaciones previas, la medida significa la salida de más de US$ 9 mil millones del sistema privado de pensiones y que 7 millones de peruanos se queden sin ahorros para la jubilación. Seguramente, esto último es lo que tuvieron en consideración los integrantes de la bancada de Fuerza Popular para, luego de dar sus votos para aprobar la ley, publicaran un comunicado señalando que su objetivo era impulsar una reforma del sistema de pensiones y no solo el retiro parcial de los fondos, para “asegurar una vejez digna para todos los peruanos con el sistema de pensión por consumo”.

En otras palabras, nos ejemplifican como la política es también un medio para quedar bien con Dios y con el diablo, hasta donde se pueda, claro está. Por eso, la congresista Sigrid Bazán señaló que “la hipocresía fujimorista siempre queda retratada. Durante el debate se negaron al retiro de las 4 UIT de las AFP, pero al final votan en verde para la foto”.

Obviamente, las AFP pusieron el grito en el cielo, nuevamente. Criticaron que los fondos que administran se hayan convertido en una continua fuente de liquidez para los afiliados, trastocando su objetivo, es decir, asegurar una renta jubilatoria.  Al cierre del 2023, estos fondos representaban el 13% del Producto Bruto Interno (PBI), proporción muy inferior a la que implicaban, cuatro años atrás (23%). Esta situación, según Elmer Cuba, de Macroconsult, está conduciendo al desmontaje del sistema privado de pensiones y, como consecuencia, si vamos por este rumbo, “solo uno de cada 10 peruanos va a tener pensión en la vejez”.

Como suele suceder entre nosotros, cada vez con mayor frecuencia, parece que uno y otro lado apoyan sus posiciones en supuestos imaginados. Veamos.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la población ocupada en Perú está conformada por alrededor de 18 millones de personas. De este total, el empleo formal abarca a 4 millones de personas, mientras que el trabajo informal llegó a una cifra récord de 9.7 millones de personas en zonas urbanas durante el año móvil julio 2021-junio 2022; a esta cifra debe agregarse la que arroja la informalidad laboral rural. Esto significa, como sabemos, que más del 70% de los peruanos trabajan en la informalidad y la precariedad. Dicho de otra manera, tres de cada cuatro trabajadores de la población ocupada tienen empleo informal.

En cuanto a la distribución por género, el 44.7% de la población ocupada en Perú son mujeres, mientras que el 55.3% son hombres. Además, hay un dato por demás significativo que atañe al motivo de este artículo: se observa un aumento en la población ocupada de 45 años o más, mientras que el grupo de 14 a 24 años ha disminuido.

Recordemos, para contextualizar adecuadamente, que los trabajadores informales son aquellas personas que tienen una ocupación, pero no cuentan con beneficios sociales o cuyos trabajos no están registrados. Por otro lado, los trabajadores formales cuentan con vínculos laborales sujetos a la legislación laboral, fiscal y de la seguridad social.

Pero, debemos prestar cuidado al hecho de que el empleo informal no está concentrado exclusivamente en el sector informal. En efecto, como señalael INEI, el empleo informal se descompone en empleo informal dentro del sector informal y fuera de él.

Es decir, también pueden existir empleos informales en sectores institucionales que por definición son “formales”: sociedades financieras y no financieras, instituciones sin fines de lucro, gobierno, etc. Significativamente, el desagregado territorial de estas variables, dan como resultado que el lugar donde existe mayor informalidad laboral en el sector formal es la provincia de Lima, con el 22%. 

De otro lado, luego del quinto retiro de fondos de las AFP, se constató que el 70% de los afiliados activos habían retirado (total o parcialmente) sus fondos de pensiones. En este punto, el mayor porcentaje de afiliados con retiros fue el rango de 31 a 40 años (80% de este grupo retiró); es decir, se trata de una población joven que, al retirar o agotar su fondo, acorta el ciclo laboral de ahorro jubilatorio. En promedio, en esa ocasión, los afiliados retiraron en promedio el 82.1% del ahorro jubilatorio.

Sin embargo, para modular el impacto general de esas cifras, debe decirse que al 2023, los afiliados al sistema privado de pensiones eran 9 millones 220 mil 198 personas, mientras que los afiliados al sistema nacional totalizaban 4 millones 624 mil 201. De ellos, cotizantes activos solo fueron 3 millones 839 mil 547 en el caso del sistema privado y 1 millón 433 mil 679 en el del sistema nacional.

Asimismo, actualmente el total de pensionistas que cubren las AFP es de 203,443, el sistema nacional otorga cobertura a 738, 358 y en Pensión 65 tenemos a 627,924; totalizando 1 millón 569 mil 725 pensionistas. Pero, en el Perú existen 4 millones 140 mil adultos mayores, lo que significa que el 62% de esta población no tendría ninguna cobertura jubilatoria.

Ahora bien, al remitirnos a las estadísticas del INEI, constataremos que más allá de las preocupaciones sobre la pérdida de su rentabilidad que presentan las AFP o la extravagante apelación “al pueblo” que hace el congresista Luna, se yergue un drama nacional invisible y de connotaciones graves.

Cuando discutimos sobre las pensiones nadie refiere a los actores centrales en este asunto. Resulta que el 38,9% de los hogares del país tiene entre sus miembros al menos una persona de 60 y más años y que, del total de hogares del país, el 25,2% tiene como jefa o jefe de hogar a una persona adulta mayor. Además, la población adulta mayor con algún problema de salud crónico es del 78,6% y que el 42.7% de las personas con discapacidad son adultos mayores.

En realidad, lo que han venido planteando los funcionarios de las AFP y los congresistas es como desligar la producción de los sistemas de cuidados. En sus cabezas, esto último forma parte de lo que llaman “sobrecostos”. Es decir, creen que en la consabida centralidad que le otorgan al PBI no cabe interés alguno en cómo van a sostenerse los adultos mayores y las familias que dependen de ellos o, en su defecto, de las cuales dependen.

Aunque les suene extraño y paradójico, el cuidado es una parte central de la vida socioeconómica y esto no es tomado en cuenta cuando se licúan los ahorros hoy sacrificando el futuro, desplazando los costos a la sociedad y sin ofrecer alternativa alguna al vaciamiento de los fondos previsionales; o cuando los pensionistas son considerados simplemente como instrumentos de rentabilidad y miden su existencia desde la cantidad de soles que pueden ahorrar y no deberían gastar, aun cuando las urgencias del presente apremien.

Debe darse una solución para todos los trabajadores, mediante propuestas consistentes desde el Legislativo sobre un fondo pensionario que aspire a su universalización.

 

 

desco Opina / 19 de abril de 2024

viernes

¿Cuesta abajo en la rodada?



La reciente encuesta de GfK publicada por La República registra tres datos importantes: la caída de la intención de voto de Kuczynski y García, acompañada por la consolidación de la intención de voto por Keiko Fujimori; el significativo aumento de quienes creen que las elecciones del 2016 se decidirán entre ellos tres; así como el número creciente de quienes hoy piensan votar en blanco o viciado. El entusiasmo que estos resultados podían generar en una derecha, dedicada los últimos meses a demoler al gobierno y las izquierdas –en los dos casos ayudados por la precariedad de ambos–, se ha visto ensombrecido por el comportamiento del fujimorismo en el conflicto generado alrededor del lote 192 en Loreto, que les recordó el carácter pragmático y oportunista de aquél, evidenciando que su candidata no es lo moderna que quisieran creer.
En este marco, en el que los indicios para un proyecto conservador autoritario empiezan a aparecer bajo las formas aparentemente contradictorias de los sucesivos pronunciamientos en defensa del cardenal Cipriani y de la censurable campaña «Chapa tu choro y déjalo paralítico», distintos sectores de la sociedad parecen agotar sus expectativas de encontrar un candidato del centro a la izquierda, capaz de alterar el escenario electoral y salir de la guerrilla fratricida en la que se encuentran envueltos.
Quienes defienden al primado de la Iglesia Católica, tratan de hacernos creer que éste, demostrado plagiario «por falta de espacio», es atacado por su «infatigable defensa a favor del respeto de la vida humana desde la concepción, el matrimonio, la familia y la difusión y vigencia de la doctrina y las tradiciones cristianas, así como de la Paz del pueblo peruano», apoyando así las reacciones conservadoras que aquél alienta contra la unión civil, el aborto en caso de violación y el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, olvidando además, que se trata del mismo personaje que señaló que los derechos humanos son una cojudez. Los promotores de «Chapa tu choro», por su lado, evidencian, de manera bárbara y extremadamente peligrosa, el hartazgo y la desesperación de sectores de la población, cotidianamente afectados por la delincuencia y la incapacidad del Estado para hacerle frente.
Mientras tanto, las dificultades de nuestra economía se acrecientan y los síntomas de la crisis empiezan a manifestarse. La devaluación del sol, continúa aún lentamente por la intervención del BCR a un alto costo, pero parece lejos de detenerse; el incremento de los precios empieza a sentirse, todavía discretamente; los despidos en los sectores más afectados por la situación internacional se van multiplicando y, como es obvio, la inversión privada sigue retrayéndose mientras la inversión pública cada vez más centralizada, evidencia su ineficiencia. El Ministro de Economía, tratando de ocultar su incapacidad y justificar su proyecto de presupuesto 2016 que concentra el 75% de recursos en el nivel central, insiste en responsabilizar a los gobiernos descentralizados y trata de hacernos creer que el gobierno nacional ha mejorado su capacidad de gasto, obviando que al 31 de agosto, sectores claves de su gabinete (salud, educación, vivienda, desarrollo social y ambiente, entre otros) no habían ejecutado ni el 27% de sus recursos en proyectos.
Si a ello le añadimos la inminencia del fenómeno de El Niño, de cuyos estragos estamos advertidos, tenemos un panorama pálido del ardiente verano que se nos avecina. Con una campaña electoral que estará marcada por la disputa a cuchilladas entre los candidatos que previsiblemente se moverán entre los grandes medios de comunicación, las investigaciones periodísticas sobre su actuación pasada y los juicios que más de uno tendrá que seguir atendiendo; una economía ya debilitada que se verá golpeada por los efectos de El Niño y la improvisación para atenderla; un gobierno de salida, sin aliados, ad portas del rompan filas y hundido en su improvisación e incapacidad, encabezado por un Presidente que, quizá nunca, terminará de entender porqué aquellos que le dictaron las principales políticas de su gestión, insistirán hasta el último día en liquidarlo.
El escenario, definitivamente no pinta bien, pero aún no es inevitable. A pesar de nuestro escepticismo, como lo señala una columna reciente, aún es posible que aparezca una fuerza política capaz de proponer reformas que se caen de maduras en la opinión pública, romper el interés mediático de la diatriba y la multiplicación de acusaciones, trascender la disputa a cuchilladas que hoy se observa y responder a las necesidades e inseguridades que la calle reclama. Eso supone empezar a hacer política y entender que el esquema populista y fuertemente ideológico en el que la derecha quiere encasillar las elecciones, sólo la beneficia a ésta y a los sectores más conservadores y autoritarios dentro de ella.

desco Opina / 4 de setiembre de 2015
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La caída del cuarto Gabinete ¿devela el poder real?

César Villanueva el derrotado y renunciante presidente del Consejo de Ministros, atacado con humillaciones descalabradas y misteriosas, ha sido el cuarto Premier de este gobierno.  Demasiados cambios para un régimen que  desde su inicio emprendió fuertes giros a lo que fue su oferta electoral inicial, a la llamada Hoja de Ruta  y  los regateos posteriores. 
Todo se ha movido dentro de la normalidad del momento: no hay ningún cuestionamiento a la derecha y su modelo económico, y los cambios en el gabinete evidencian que las estructuras de poder se consolidan y giran en torno a la tendencia que lidera Nadine  Heredia como presidenta del Partido Nacionalista y el ministro Luis Miguel Castilla como operador técnico de los poderes económicos, nacionales y extranjeros, para los que se gobierna desde hace más de una década.
La crisis ministerial, rápidamente resuelta con la salida de Villanueva y de ministros como Gladys Triveño –incómodos al statu quo– además de permutas ministeriales, ha servido para reforzar en el gobierno de Ollanta Humala una línea tecnocrática liderada por el ministro de Economía, amparada por el poder fáctico de la señora Nadine Heredia y contando con la bendición de la CONFIEP. Los cambios ocurridos han mostrado una vez más que el gobierno aplica a su gestión una lógica definida por los poderes fácticos y el corto plazo que evidencian una gran improvisación, aunque esta vez han hecho transparente el peso de Castilla y Heredia, sincerando su nivel de intervención.
Preocupa, sin embargo, que nada provoque un desvelo por lo que ocurre con el ciclo de crecimiento de la economía nacional iniciado en dictadura durante los años 90 que parece acercarse a su fin como lo insinúan importantes indicadores que ya nos dan cuenta de la crisis de este modelo de Estado. Si bien el contexto actual marcado por importantes indicadores económicos muestran hace buen rato una tendencia negativa o por lo menos de estancamiento de la economía, la presencia del ministro René Cornejo como Premier refuerza el entorno de Castilla y su manera de gestionar el Estado de espaldas a las mayorías nacionales en un gabinete cada vez más uniforme, homogenizado por el liderazgo del ministro de Economía.
El contexto que se anuncia venir, cargado por las protestas sociales (como las paralizaciones de Cusco en esta semana y las anunciadas en Ancash y Arequipa o las movilizaciones de 300 mil mineros ilegales) y las campañas de elecciones municipales y regionales, con seguridad radicalizarán a los diversos actores en su enfrentamiento al gobierno nacional. Son combustible suficiente para mover esas maquinarias la caída del canon, la frustración ante  la imposibilidad de ejecutar gastos previstos en las regiones, el retraso o parálisis en la tarea de impulsar los nuevos proyectos y el encarecimiento de productos de consumo popular por la disminución de la producción agrícola. Al parecer  «el gobierno paralelo de los empresarios» va a tener problemas y probablemente optará por poner mano dura en el escenario de la calle donde los ministros tecnócratas y no políticos no saben moverse ni concertar como sí lo hacen con los empresarios en sus gabinetes. El refrán taurino dice «no hay quinto malo», pero el toro que puede tener delante este gabinete de tecnócratas distanciados de la política puede ser difícil de lidiar.
La precariedad institucional, ahora muy grande, reforzada por la poca representatividad social y política del gabinete Cornejo/Castilla en el gobierno, no augura una gestión que responda a las demandas crecientes de diversos sectores para los que la aparente  defensa de la aplicación de doctrinas económicas, de la ortodoxia económica identificada con grupos que han estado en el poder esté por delante y les baste. Será necesario estar alertas al juego aventurero impredecible y bastante particular de la pareja presidencial, que a estas alturas lo que han mostrado es su interés por mantenerse en el poder, sin ningún proyecto o propuesta, sin ninguna capacidad partidaria o colectiva que les permita responder a las posibles situaciones de crisis con racionalidad y concertación. Y sin embargo Nadine Heredia se lanza a decir que Villanueva seguro emprenderá una aventura política propia.

desco Opina / 28 de febrero de 2014
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Los primeros anuncios del nuevo Presidente

Las declaraciones presidenciales advirtiendo la ratificación del Presidente del Banco Central de Reserva y la designación del ministro de Economía, llamaron la atención. El primero, olvidando su función, venía declarando contra el anunciado aumento de la remuneración mínima, mientras Castilla, ex vice ministro de Hacienda, estaba enfrentado con el equipo económico de Gana Perú que había denunciado el papel del Ministerio de Economía y Finanzas y el suyo particular, en la disminución que se ha producido en el crecimiento del país.

Mientras los sectores empresariales y el mundo del gran capital aplaudían, distintos analistas e incluso técnicos y políticos próximos al futuro gobierno, expresaban su desazón y sus temores, imaginando una gestión prisionera, si no entregada a quienes los combatieron duramente a lo largo del proceso electoral. En cualquier caso, la decisión presidencial permitió que el «affaire» protagonizado por su hermano con su viaje a Rusia, pasara a un segundo plano.

Ya en control del escenario, el Presidente Humala adelantó parte de la composición de su primer equipo ministerial. El premierato encargado a Salomón Lerner tuvo la virtud de tranquilizar a los nerviosos, mientras el nombramiento de Kurt Burneo en el Ministerio de la Producción, que además incorporará a distintos programas sociales, equilibraba las cosas. La presencia de Giesecke a la cabeza de la gestión ambiental del país, tanto como la de Roncagliolo en Relaciones Exteriores y la de García Naranjo en el MIMDES, le dan fuerza al discurso y a las orientaciones sostenidas por Gana Perú entre la primera y la segunda vuelta electoral.

Más allá de esa percepción, es evidente, como no podía ser de otra manera, que la integración definitiva del equipo ministerial y la precisión de quiénes ocuparán los principales cargos públicos, será resultado de un arduo y cerrado proceso de negociación. De varios en realidad. Con los empresarios y el gran capital es uno; con los partidos políticos aliados, en especial Perú Posible, es otro. Pero igualmente importantes serán los acuerdos con Gana Perú y los más internos, estrictamente dentro del nacionalismo. El resultado final, todo parece indicarlo, será el de la moderación y el cálculo, como sellos distintivos del futuro gabinete.

Diera la impresión, en consecuencia, que los primeros meses de la próxima gestión, se caracterizarán por el equilibrio entre distintas posiciones y el realismo pragmático que evidencian las decisiones que ha tomado hasta ahora el Presidente. Justificadas éstas legítimamente desde su reiteradamente declarado afán concertador, resta saber cuáles serán en definitiva las grandes orientaciones de su gobierno. A fin de cuentas, desde la sociedad y la opinión pública, resulta difícil imaginar al futuro Ministro de Economía negociando el impuesto a las sobreganancias con las principales empresas extractivas y la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo, la misma que mediante su reciente y poco feliz campaña publicitaria, pone en evidencia en qué consiste su compromiso con la inclusión social.

Como es obvio, en este escenario móvil, quienes votaron por el candidato Humala, mantienen importantes expectativas sobre los anuncios que hará el Presidente Humala en su primer discurso. Si en éste no aparecen cuestiones como el incremento del salario mínimo, el futuro del lote 68 y el precio del gas, la Ley de Consulta, algunos de los programas sociales comprometidos y la manera como se atenderá el tema de las sobreganancias y las necesidades de renta del Estado, su vinculación con parte significativa de su electorado empezará a deteriorarse rápidamente.

Si por el contrario –más allá de nombramientos más y menos, que siempre encontrarán defensores y detractores– el Presidente ratifica algunos de los compromisos adquiridos en la campaña electoral, mantendrá las expectativas de cambio que alimentó primero su candidatura y después su victoria. La moderación mostrada hasta ahora indica realismo pero no está libre de riesgos. Es evidente que sus primeros anuncios marcarán, más de lo que puede suponerse, su relación con sectores importantes de la ciudadanía y es claro que si busca cumplir con sus compromisos, requerirá renovar sistemáticamente el apoyo que obtuvo de quienes votaron por él.
desco Opina / 22 de julio de 2011
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