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viernes

Valle de Tambo en alerta

 

Dos empresas mineras han despertado la indignación en el valle de Tambo ubicado en el distrito de Cocachacra en la provincia de Islay en Arequipa: Southern Peru Copper Corporation y Aruntani SAC.

La primera mantiene un conflicto continuo con los ciudadanos y ciudadanas tambeñas desde hace 14 años debido a la imposición del proyecto Tía María, pese a la mala reputación que esta tiene en el valle, la cual le ha restado credibilidad a su oferta de desarrollo. Además de eso, desde entonces no han cesado los desaciertos como el expresado por uno de sus funcionarios cuando calificó de “terroristas antimineros” a las personas que estaban en contra del proyecto, en una radio limeña de alcance nacional. Tampoco ha disminuido la consuetudinaria altanería del presidente de Southern Peru Copper Corporation, Óscar González Rocha, quien dijo que habría que cambiar de gobierno si el proyecto no estaba en su agenda; o recientemente el memorando dirigido a sus empleados para reiniciar sus labores el primero de julio, sin antes haber mediado una comunicación con la población, ni con las autoridades locales de Islay.

De todos los proyectos mineros a nivel nacional paralizados por diferentes conflictos, el proyecto Tía María es el de menor impacto económico, como lo afirmó el Premier en la primera entrevista que dio en televisión; sin embargo, es el más emblemático para la gestión de Boluarte, porque su puesta en marcha demostraría una supuesta capacidad del Ejecutivo para resolver con éxito los actuales conflictos socioambientales; pero sabemos que eso no es así. Y si bien para el ministro de Energía y Minas, Rómulo Mucho, se trataría solo de un grupo “pequeño y disminuido” contrario a dicho proyecto, lo cierto es que con el reinicio de las protestas se demostró lo contrario. Otro hecho a tener en cuenta sobre la poca popularidad que tiene el proyecto en la población de Islay, es que durante estos años de conflicto sólo han sido electas autoridades locales con una posición contraria a la operación de Tía María. El alcalde provincial de Islay, Richard Ale Cruz, otrora presidente de la Junta de Usuarios del Valle de Tambo, ha pedido a la presidenta Dina Boluarte detener el reinicio de las operaciones con el fin de calmar las movilizaciones en el valle.

En marzo de este año Southern ofreció la construcción de una represa de 50 MMC (millones de metros cúbicos) en el valle de Tambo apenas inicie el proyecto, como una forma de ganarse la aprobación de la población. Pero debemos tener en cuenta que esta construcción es una promesa de larga data hecha desde el Gobierno Nacional por el déficit hídrico que sufre el valle y que sería de beneficio para las operaciones de la misma empresa. De esta forma ya no usarían agua de mar desalinizada, sino agua dulce. Esta propuesta de cambio aún no se habría aprobado en un nuevo estudio de impacto ambiental, según lo manifestado por un funcionario del Servicio Nacional de Certificación Ambiental.

La segunda empresa minera que ha alterado la tranquilidad de los tambeños ha sido Aruntani, responsable de la contaminación del río Coralaque en el distrito de Quinistaquillas, en Moquegua, la cual está en etapa de cierre, manteniendo aún ciertas labores. Esta descarga de desechos contaminantes ha sido intermitente desde el 2011 y sólo afectaba a la zona alta del norte de Moquegua; pero esta vez la contaminación ha sido tal que ha llegado hasta el valle de Tambo. Ante esto, el Ministerio de Energía y Minas (MINEM) está considerando formular una declaración de emergencia en Tambo y la emisión de un decreto de urgencia para el cierre definitivo de la empresa Aruntani.

El río Coralaque es tributario del río Tambo. Aunque la contaminación de este último es evidente, se está a la espera del informe de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) para determinar si en sus aguas se halla presencia de metales dañinos para la salud de la población, que la usa para su consumo y labores agrícolas. SEDAPAR, la empresa encargada de la distribución del agua potable, cerró preventivamente las compuertas de captación para el río Tambo, aunque posteriormente las abrió, instalando una cuadrilla de monitoreo permanente. Los pobladores de Cocachacra desconfían y han optado por comprar agua embotellada. El Gobierno Regional de Arequipa está coordinando con el sector Salud para realizar una evaluación y plantear estrategias frente a posibles problemas que puedan presentarse, según manifestó la vicegobernadora Ana María Gutiérrez.

Ciertamente, la reciente contaminación del río Tambo opaca la campaña del MINEM para reactivar el proyecto Tía María en el valle de Tambo, sobre todo porque este hecho preocupante demuestra la falta de control del Ejecutivo sobre las operaciones mineras. El problema de la contaminación de Aruntani lleva años en Moquegua, por esta razón tiene incluso sanciones del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA); sin embargo, la dejaron seguir operando. Tampoco hay que pasar por alto que la empresa ha continuado con sus operaciones con impunidad a pesar de tener otras denuncias de contaminación, como el caso de la Cuenca de Llallimayo en Puno, tema al que también nos hemos referido en este espacio.

Los conflictos socioambientales persistirán en el valle de Tambo y en el sur mientras no se construya confianza, no sólo desde las empresas mineras mediante la implementación de una adecuada política empresarial de respeto y transparencia con la ciudadanía; es imprescindible que el Gobierno cumpla con eficacia su rol fiscalizador frente al tema ambiental y pueda hacer viables los acuerdos que surgen en las mesas de diálogo, cuyo prestigio está por los suelos por su propia desidia.

 

desco Opina – Regional / 19 de julio del 2024

descosur

¿A quién quería convencer la Tía María?

Ya se cuenta por meses la confrontación entre los ciudadanos de la provincia de Islay y la empresa Southern Copper Corporation. Los múltiples errores de comunicación de la empresa para explicar su proyecto y relacionarse con la comunidad, la poca disposición del gobierno para escuchar y la debilidad de las fuerzas políticas, abonaron la paralización de la población de Cocachacra y el bloqueo por seis días de la carretera Panamericana Sur.
Southern Copper ya tiene un mal precedente en la zona. Los agricultores de Cocachacra, –específicamente del Valle de Tambo– hace muchos años fueron ignorados en sus reclamos por los daños que en sus campos causaban los humos tóxicos provenientes de la Fundición de Ilo. Más recientemente, el ingreso de esta empresa a la zona en busca de licencia social para su nuevo proyecto Tía María, deja mucho que desear. En primer lugar, su estrategia de incentivar la creación de nuevas organizaciones sociales como base de legitimidad, parte de desconocer o subestimar el tejido social existente. Cuenta también que, en marzo de 2010 –después de «medir» la reacción de los pobladores– recién se presentaron oficialmente salidas alternativas a la propuesta inicial de uso de aguas del subsuelo para sus operaciones. Se ofertan así la construcción de la represa de Paltiture o la desalinización de agua de mar, esta última opción planteada con la «advertencia» de que el incremento de los costos de producción se reflejaría en la disminución del canon minero, lo que constituye una amenaza innecesaria.
Un elemento que contribuyó decisivamente a la tensión entre la empresa y la población fue su estrategia de comunicación. En una de sus últimas campañas publicitarias personificaron al proyecto minero como una mujer sonriente: La Tía María, que viste traje y sombrero de Caylloma, otra provincia de Arequipa que nada tiene que ver con la idiosincrasia de la costeña Islay. Diseñada en la desesperación por las reiteradas postergaciones de audiencias públicas, esta «Tía» tiene cero identificación con la comunidad con la que quiere convivir y además se luce con comunicados en periódicos nacionales a los que regularmente no tienen acceso los pobladores de Cocachacra. ¿A quién quería convencer la Tía María? Quizá quería tranquilizar a sus comadres en la «opinión pública» limeña, las que siempre respaldan las salidas represivas ante la «terquedad» de esa parte del Perú que «no entiende» las bondades de la inversión minera.
Por su parte, el gobierno nacional no se tomó el tiempo para analizar el resultado de la consulta popular realizada en setiembre del año pasado en Cocachacra, donde más del 90 % de participantes votó contra las operaciones de Tía María. No se quiere ver que los pobladores de la zona prefieren programas de desarrollo sostenibles en el tiempo; no se quiere reconocer que para ellos es más importante su tierra y el agua, que el dinero que eventualmente puede proporcionar la explotación de Tía María. Contra lo que muchos desearían, el impulso a la inversión privada ya no hace invisibles los reclamos de la gente, más bien pone en evidencia la ceguera de los gobernantes: hay que recordar que el Ministerio de Energía y Minas se rehusó a postergar la audiencia del 19 abril, pese a que no era difícil vislumbrar las consecuencias de llevar a cabo el proceso en medio del malestar generalizado en la población.
Con este conflicto también se ha puesto en evidencia la debilidad de las fuerzas políticas locales, lo que ha dado lugar a posiciones intransigentes. Tras la decisión de Southern de postergar la audiencia, los protestantes no se movieron de la carretera; la Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, no pudo convencerlos en su papel de mediadora. No se veía al alcalde de Cocachacra, Juan Guillén López, uno de los principales opositores del proyecto. Finalmente el Presidente Regional Juan Manuel Guillén –que durante todo este tiempo no mostró una posición clara para solucionar el embrollo–, acompañado de varios alcaldes provinciales llegó hasta la zona y tras varias horas de diálogo se concluyó en levantar el paro. «Si no hay acuerdo, toda la región se sumará a su reclamo», dijo Guillén entre la algarabía de los protestantes.
Se ha anunciado la instalación de la mesa de diálogo en la que participarán, además de autoridades y dirigentes locales, el presidente del gabinete, Javier Velásquez Quesquén y los ministros de Energía y Minas, de Ambiente y de Agricultura. Se espera que el gobierno esté dispuesto a discutir con claridad los temas cruciales del conflicto, que no se agota en despejar la carretera. Lo que está en juego es si el tipo de desarrollo que busca la provincia admite el proyecto de la Southern, pues eso es lo que definirá el uso del agua –muy escasa en el valle de Tambo– y las medidas de protección del medio ambiente. En esta mesa la Tía María tendrá que estar atenta, escuchar callada y dejar de lado la altanería de una vez por todas.

Ver Mapa de concesiones mineras en Islay elaborado por CooperAcción.


desco Opina - Regional / 23 de abril de 2010
Programa Regional Sur


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