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viernes

Cuando el río suena


El Congreso de la República ha iniciado la interpelación a la ministra Flor Pablo, usando como coartada el tema de los textos escolares. Será la tercera ocasión en la que el titular del sector pasa por este trámite desde la elección del gobierno de PPK. Recordemos que Jaime Saavedra fue censurado, mientras la gestión de Marilú Martens estuvo a la base de la caída del gabinete Zavala. En el primer caso, se argumentó una compra irregular de computadoras y retrasos en las obras para los Panamericanos; en el segundo, la ministra se puso en la mira del Legislativo en el contexto de una larga huelga magisterial. La arremetida actual, porque de eso se trata, es parte de la estrategia fujimorista que se encuentra con el fundamentalismo religioso más derechista, en su búsqueda de una base social de apoyo que les permita remontar la derrota política que ha sufrido.
Como ha sido certeramente señalado, tras el cuestionamiento a los materiales educativos, a los directamente involucrados en el caso y al conjunto de los contenidos elaborados, se esconde la pretensión de controlar la información a los escolares sobre la sexualidad, pero también sobre el conflicto armado interno. El fujimorismo, en alianza decidida con el fanatismo religioso, a partir de una campaña de desinformación y mentira, busca imponer su visión «provida y profamilia» anunciada por Luis Galarreta en su relanzamiento partidario, así como su particular narrativa sobre la violencia en el país. Lo hace en alianza con los comerciantes de la educación superior en el país, interesados en terminar con el papel de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) que los obliga a condiciones básicas de calidad en sus negocios, recuperando el «poder» que perdieron los rectores de las universidades que defienden.
La interpelación a la Ministra, hay que decirlo, es parte del ambiente crecientemente enrarecido y polarizado que se observa en las últimas semanas, donde el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso, ingresa a un nuevo capítulo. El retorno de Fuerza Popular a su discurso más duro y de bloqueo a la acción del gobierno –que le costó su derrumbe en la aprobación de la gente– busca aprovechar la debilidad de un Ejecutivo que descubrió tarde que sus problemas de gestión y su debilidad política, exigían de propuestas y capacidades que no se resolvían con un simple cambio de rostros. Sus opositores, es decir, el conjunto de fuerzas políticas en el Congreso, incluyendo a parte de «su» bancada, encontraron espacio para presionar y avanzar en sus diversas pretensiones y en su afán compartido de supervivencia. La multiplicación de la información de Lava Jato y la evidencia del desplome de la clase política tradicional, sirvieron como acicate.
En este escenario, el fujiaprismo y sus distintos aliados de ocasión como los congresistas Sheput y García Belaunde, juegan a consolidar el «poder» del Congreso y a mantener su desprestigio. Bloquear toda posibilidad de reforma política hasta el 2021 y postergar la reforma judicial es su consigna. Golpear al gobierno en su precariedad es el camino, como lo evidenció el patético espectáculo de la asistencia del Ministro del Interior y un equipo policial a la Comisión de Defensa. A fin de cuentas, de lo que se trata es de proteger sus privilegios y de mantener su impunidad, afectados los últimos años, sin duda, por el debilitamiento del partido naranja y de sus socios de la estrella. Desde el Ejecutivo, durar hasta el 2021 sigue siendo la tarea prioritaria.
La pregunta de fondo es si le resultará posible sin enfrentar al Congreso y recuperar formas de encuentro con la sociedad. El Primer Ministro, aunque tardíamente, parece pensar que no, a juzgar por sus declaraciones recientes que evidencian creciente malhumor por la «mecida» de la reforma política y el apoyo decidido a la ministra Pablo. Parece decidido, por lo menos, a una escaramuza grande. Le queda la relación del Ejecutivo con la sociedad. Ésta, distante y harta de la disputa en las «alturas», manifiesta cada vez más los malestares de su situación cotidiana. El conflicto de Las Bambas y los colaterales del corredor minero están lejos de resolverse y la impericia del gobierno no asegura puerto cercano; la inminencia del paro agrario convocado por CONVEAGRO, más allá de su fragmentación, evidenciará la distancia creciente entre el régimen y el interior del país, mientras la inseguridad y la delincuencia que permanecen indetenibles en las grandes ciudades, alimentan la insatisfacción de la gente que no parece dispuesta a movilizarse por una reforma política, que les resulta abstracta, cuando lo que quieren es que se vayan muchos de los que pretenden mantenerse.



desco Opina / 10 de mayo de 2019

Toda repetición ¿es una ofensa?


El presidente Martín Vizcarra, repitiendo un comportamiento que lo caracteriza, luego de harto silencio en una coyuntura en la que las debilidades de su gobierno se evidencian cotidianamente –un Premier y un gabinete remozado que no despiertan interés y que obtienen un voto de confianza raspando y gracias al fujimorismo, el conflicto de Las Bambas desnudando la impericia gubernamental, acusaciones de corrupción contra nuevos ministros y altos funcionarios, 17 muertos en el incendio de un bus en un paradero informal del que se «responsabilizan» distintas autoridades, el escándalo de los textos escolares y el enfoque de género– dio un mensaje al país, manteniendo el estilo de sus comunicaciones anteriores.
Las encuestas recientes que coinciden en la caída de la aprobación presidencial –la última de ellas presentada por DATUM le da 49%, registrando un descenso de 17 puntos en los últimos meses– evidencian que si bien la opinión pública sigue considerando que la lucha contra la corrupción debe ser el eje más importante de la gestión pública (56%), el tema en el que debiera concentrarse el equipo ministerial es el de la lucha contra la inseguridad (34%). Por lo demás, ya desde meses atrás, los diversos sondeos de opinión pública revelaban que el principal argumento para la desaprobación de la gestión, era la falta de gobierno.
En este escenario, el mandatario, que sin duda encuentra en las encuestas un termómetro que le parece adecuado para medir la temperatura de la gente, anunció en su mensaje la presentación de doce propuestas de reforma política, ratificando su teórico compromiso con la misma. Se quejó de la lentitud grosera del Congreso con los proyectos de la reforma judicial, sin llegar a pecharlo claramente. Buscó convencernos que sí gobierna y que el país crece. Afirmó que el conflicto de Las Bambas se resolverá dialogando, lo que sin duda es positivo en un escenario en el que se multiplican las voces que exigen autoridad. Insistió, finalmente, en la importancia de aprobar la norma antielusión, duramente resistida por los mismos que exigen orden en el corredor minero.
Con el mensaje, el Presidente parece querer equilibrar el tablero político que le era favorable hasta fines del año anterior y que hoy día le resulta adverso. Si no, veamos: El fujimorismo y sus aliados paulatinamente recuperan el control del Congreso de la República y amenazan con lograrlo completamente. La salida de César Villanueva del Premierato y el pálido entusiasmo generado por Del Solar, así como sus primeras «patinadas», evidencian que los límites en el gobierno no eran responsabilidad exclusiva del ex Primer Ministro.
Los empresarios, superado el espanto inicial que les causó el «club de la construcción», recuperan sus usos y costumbres e insisten en bloquear la norma antielusión con el respaldo de congresistas que continúan diciéndose oficialistas. La paralización de las Bambas en este escenario, fue la fresa de la torta, que evidencia problemas de gran calado que son anteriores y que van más allá de Martín Vizcarra y su gestión.
Así las cosas y siendo conscientes de que este gobierno no está interesado en resolver algunos de nuestros temas de fondo, porque ni las propuestas de reforma presentadas van a la médula de los cambios que requerimos en el sistema político, ni las mesas de diálogo y las compensaciones económicas resolverán el fracaso de un modelo donde el Estado renunció a su rol dejando en manos de las grandes empresas extractivas el control de los territorios; parece claro que la insinuación de cambio y rebelión que supuso la lucha anticorrupción y el empoderamiento que le dio al Presidente, ha llegado a su término. Parece que volvemos entonces al interés inicial de Martín Vizcarra al comenzar su mandato: durar hasta el 2021. Seguramente porque nunca hubo convencimiento ni ideas para un cambio real.


desco Opina / 12 de abril de 2019

Cambios y expectativas



Dos cuestiones, casi obvias, surgen cuando el Presidente de la República decide hacer cambios en su entorno. Por qué se van los que salen y por qué vienen los que entran. Sobre estas dos preguntas básicas, los periodistas nos han acostumbrado a formar parte de una cadena infinita de suposiciones y conjeturas en la lógica de los astrólogos, para luego afirmar, como un nefasto conductor de TV del pasado, «yo lo dije», si se diera el caso.
Lo cierto es que a estas alturas César Villanueva –fiel a su estilo– salió del Premierato sin tirar la puerta, lo que significa, de alguna manera, que la deja abierta para volver a trasponerla en algún momento propicio en el futuro. Si el Presidente estuvo ofuscado con él por no «cubrirle las espaldas» en su viaje a España, que personajes que pululan en Palacio lo querían fuera, que no tenía capacidad de decisión en la reconstrucción del Norte o que está comprometido con operaciones de Odebrecht son, ni más ni menos, presunciones con las que se arman las «noticias-reality» que buscan entretenernos, pero no informarnos.
Salir del Gabinete significa, generalmente, un costo político que Villanueva no parece que fuera a pagar. Su retiro no lo conduce a su casa, sino a optar por alguna alternativa en una serie de oportunidades para continuar con su carrera política. Pero, sí parece que dejará un vacío en las coordinaciones que buscaban construir un precario piso político al Ejecutivo, que se debía a un estricto capital individual. Nos referimos a los espacios paulatinamente consolidados que permitían consensuar a las autoridades de los diferentes niveles del Estado, como los GORE Ejecutivo y MUNI Ejecutivo.
En suma, su poca empatía mediática la suple con creces con su capacidad para conversar, coordinar y consensuar, lo que no significa incapacidad para definir oponentes. Todos ellos son elementos escasísimos en la política peruana actual. Sin embargo, es cierto que pudo conducir un Gabinete de mayor calidad, aunque, desgraciadamente, condicionamientos que pudo manejar de mejor manera impidieron que esto sucediera.
Entonces, dejemos que las razones existentes entre el presidente Vizcarra y su ahora expremier Cesar Villanueva para tomar las decisiones que conocemos las divulguen, en su momento, ellos mismos.
Por otro lado, es innegable la buena opinión que ha generado la designación de Salvador del Solar como Premier en gran parte de los analistas capitalinos, así como los nuevos ministros. También que se haya mostrado una paridad numérica de género en el Gabinete.
Decíamos que Villanueva no es ni mucho menos una persona que se desenvuelva con naturalidad en los medios de comunicación. Por el contrario, la gran fortaleza de Del Solar es precisamente esto. En esa línea, podríamos comprender su designación si los asesores del Ejecutivo hubiesen ubicado problemas de comunicación. Pero, no parece ser así.
En su lugar, diera la impresión de que el creciente malestar ciudadano puntualiza deficiencias en la priorización, la gestión y, fundamentalmente, la habilidad política para formular acuerdos, promover la participación y, subrayar esto último, habilitar la comunicación adecuada. Entonces, la pregunta que surge es si más allá de las cualidades personales y profesionales de los nuevos integrantes del Gabinete, pueden manejar estos desafíos mostrando resultados en el corto plazo, digamos en el mes de julio.
En esa línea, veamos qué nos anuncia el flamante Premier en su presentación ante el Congreso. Es crucial para la estabilidad del Gobierno saber qué van a hacer, cómo, con quién y en qué plazos. Como nunca en las recientes décadas, se demanda política, un bien escaso en la actualidad.


desco Opina / 15 de marzo de 2019