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viernes

Cultivando conflictos agrarios en la selva central


Hace pocos días, la titular del Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), Fabiola Muñoz, anunció la reestructuración total de su sector con la finalidad de mejorar la provisión de servicios a los pequeños agricultores. Previamente, ella se había reunido con representantes de algunos gremios agrarios para analizar diversos temas: problemática del café, financiamiento al agro, modificación a la ley de organizaciones de usuarios, gestión participativa, impulso a la agricultura orgánica y familiar, fortalecimiento de la institucionalidad del Minagri, el seguro agrario, acceso a crédito agrario, entre otros. Ello, sin embargo, no logró detener el paro de agricultores, y al igual que en movilizaciones anteriores, sus interlocutores no fueron los organizadores de la medida de fuerza, lo que mostraría problemas de representatividad, tanto como la pretensión del Ejecutivo por prevenir incendios, pero ignorando a los pirómanos.
Por otro lado, no es la primera vez que durante este gobierno se plantea la reestructuración del Minagri; sin embargo, nunca ha quedado claro el modelo alternativo a implementarse, que priorice la problemática de la agricultura familiar y campesina. No es lo mismo la pequeña actividad agropecuaria de la costa que la de sierra o selva, pues aunque comparten elementos comunes, afrontan también problemas específicos (cultivos estacionales y permanentes, ganadería diversa, precios de mercados locales e internacionales como el café, el cacao o la fibra de alpaca, entre otros).
En la actividad agraria de la selva, las insatisfacciones tienen que ver con productos emblemáticos como el café, que aún no recupera totalmente su productividad luego de la plaga de roya amarilla y experimenta una baja cotización internacional, lo que no permite generar rentabilidad, dificultando incluso cubrir costos de producción y pagar deudas a Agrobanco. Esto sin duda cierra posibilidades de acceder a créditos, así como satisfacer las necesidades económicas familiares.
En este escenario no es extraño que, tal cual ha alertado la Junta Nacional del Café (JNC), muchos cafetaleros están abandonando el cultivo e incursionando en la producción de coca, poniendo sus tierras y su mano de obra al servicio de cultivos ilícitos. Mientras no se manejen alternativas válidas en los valles amazónicos, el Estado tendrá que emprender campañas de erradicación, generando tensiones y enfrentamientos.
Otro aspecto a considerar es que en los distritos más aislados se está deforestando el bosque para nuevos cultivos como el kion y la piña, que si bien permiten que los agricultores se capitalicen rápidamente en tiempos de crisis, dadas las características de su manejo degradan los suelos, lo que va en sentido contrario a los esfuerzos del Estado en la conservación de los servicios ecosistémicos de nuestra riqueza forestal.
Las movilizaciones de los campesinos han sido pacíficas y con poca cobertura de los medios capitalinos, que se han limitado a visitar los mercados de abastos y decir que no habrá problemas de abastecimiento ni justificaciones para la especulación de precios, lo que no permite conocer la magnitud de los reclamos y menos, un entendimiento de la problemática por parte del ciudadano común.
En conclusión, el problema de fondo es la ausencia de políticas explícitas para el fomento de la agricultura familiar en los diversos ámbitos del Perú. La reestructuración del Minagri es ciertamente válida, pero a condición de tener clara la política agraria para el país, que reconociendo la diversidad existente, formule estrategias diferenciadas y entienda el sector agrario peruano como algo mucho más complejo y de mayor amplitud que la agroexportación. No olvidemos que, después de todo, la agricultura familiar y campesina juega un importante rol en el abastecimiento del mercado nacional de productos alimenticios. Reestructurar el MINAGRI no puede entenderse solo como un cambio de organigrama y el reordenamiento institucional –lo que ciertamente es necesario– sino, sobre todo, políticas diferenciadas y asignación de recursos adecuados para los grupos más desfavorecidos del campo. El Estado debe saber interpretar las necesidades del agro, capitalizar sus saberes, proveerlos de recursos de inversión con enfoque empresarial, fortalecer sus organizaciones y modernizar la actividad agrícola.

desco Opina - Regional / 17 de mayo de 2019
Programa Regional Centro - descocentro

¿Es la agroexportación la mejor alternativa para la agricultura familiar?


En recientes declaraciones la nueva ministra de Agricultura y Riego - MINAGRI, Fabiola Muñoz, ha destacado la importancia del sector agroexportador, poniendo de relieve su capacidad para generar empleo y el uso eficiente del agua, entre otros factores positivos. Según la ministra, la agroexportación es motivo de orgullo para todos los peruanos y peruanas al colocar nuestros productos en el exterior.
Según el último censo agrario (CENAGRO 2012), la pequeña agricultura familiar genera el 83% del empleo en el sector agropecuario nacional, representando en Huancavelica el 67% de su PEA.  Este sector aporta el 70% de los alimentos que consumen los peruanos y contribuye al mantenimiento de la agrodiversidad.  Así, por ejemplo, un productor de papas nativas en Paucará (Huancavelica), puede cultivar hasta 200 variedades, y un productor de maíz amiláceo canchero de Pichus en la misma región, hasta 15 variedades; ambos en predios que no superan las dos hectáreas de terreno. Esta realidad debería también hacer sentir orgullosa a la ministra, y proponer acciones para mejorar la calidad y rentabilidad de la pequeña agricultura, así como lograr la justa retribución a la labor de cuidado de los recursos, principalmente el agua.
Así como la ministra considera a la exportación como una gran oportunidad para mejorar la pequeña agricultura, en Huancavelica existe gran interés por desarrollar esta alternativa, especialmente por incentivar los cultivos orgánicos destinados al mercado externo, lo que demanda certificaciones del agua y de la sanidad.
Recientemente, el Gobierno Regional de Huancavelica, ha lanzado su programa “Huancavelica la primera región orgánica del Perú y Sudamérica”. A nivel nacional, la región se encuentra entre las tres últimas con áreas dedicadas a una producción orgánica, contando solo con apenas 270 hectáreas certificadas, a diferencia de departamentos como Madre de Dios o Junín que poseen varias decenas de miles de ha en esta condición.
El gran desafío de los departamentos andinos como Huancavelica es el desarrollo de la agricultura familiar, que involucra a dos tercios de los productores agropecuarios de la región, bajo actividades que se caracterizan por una creciente integración al mercado y la pluriactividad familiar, pero con bajos niveles de productividad y rentabilidad, lo que bloquea sus posibilidades de salir de la pobreza. En ese contexto, iniciativas como el impulso de la agricultura orgánica, principalmente para la agroexportación son en principio importantes, aunque no hay que desconocer que las posibilidades de competir con las ventajas comparativas de las que gozan los valles costeños son limitadas para los productores huancavelicanos, tanto por la calidad de sus recursos disponibles como por las dificultades de acceso a mercados y las tecnologías escasamente productivas predominantes.
En este marco, las iniciativas del MINAGRI y del mismo Gobierno Regional, siendo en principio positivas, son en realidad soluciones parciales y distan de una alternativa integral, que es lo que necesita el sector agropecuario de Huancavelica. La región aguarda aún por políticas públicas integrales y efectivas de desarrollo agrícola y rural en general.

desco Opina - Regional / 5 de abril de 2019
Programa Regional Centro - descocentro