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lunes

Crisis metropolitana de Lima: problema nacional



En medio del caos creciente del tránsito en la ciudad de Lima, el surgimiento de nuevos problemas urbanos y la profundización de otros existentes (seguridad, contaminación ambiental, falta de equipamiento y servicios urbanos y ausencia grave de espacios públicos); la cuestión urbana, objeto y preocupación de estudio de urbanistas, sociólogos urbanos y otros especialistas cobra creciente importancia como el escenario en el que se desenvuelve una parte muy significativa de nuestra vida nacional. 
Sin duda existe una preocupación tan grande como segmentada de los habitantes de Lima-Callao por el evidente deterioro de la calidad de vida que soportan gran parte de los vecinos y ciudadanos que diariamente sufren la ciudad y sus carencias en medio de un también acelerado proceso de urbanización y «des-ruralización» poblacional. Sin embargo, es muy poco lo que se hace por corregir esta creciente tendencia negativa.
Entre las grandes dificultades en el funcionamiento urbano de Lima están las ocasionadas por el aumento del parque privado automotor, la extensión descontrolada de la urbanización de baja densidad (en zonas de riesgo mediante la ocupación creciente de cerros y montañas del contrafuerte andino que rodea los valles de Chillón, Rímac y Lurín) y simultáneamente, una muy fuerte y también descontrolada densificación con edificios residenciales y de oficinas en unas pocas zonas internas del casco urbano que están generando ya una nueva forma de tugurización encubierta.
Por cierto, otro grupo de problemas serios corresponde a las manifestaciones de la intensa contaminación ambiental de los recursos naturales (principalmente aire, agua y suelo) y la dependencia de fuentes de energía altamente contaminantes (gasolinas y petróleo) y de ineficiente en rendimiento; así como la paulatina pérdida de los espacios públicos de socialización junto con la consolidación de nuevos escenarios privados cerrados que llevan a que cada vez más, tipos diferentes de actores centren ahora sus agendas de estudio y acción en la cuestión urbana en general y la gestión urbanística de Lima en particular.
A puertas del inicio de una nueva campaña electoral municipal en nuestro país, consideramos que es imprescindible llamar la atención sobre la urgente necesidad de salir de los esquemas tradicionales de tales procesos y abordar el tema del centralismo de Lima y sus distritos con verdadera preocupación, así como la gestión de riesgo ante un gran sismo.
Lamentablemente, nuestras autoridades del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y gran parte de las autoridades municipales, no están prestando atención a una realidad como la de Lima que está generando crecientes pérdidas en competitividad, eficiencia y productividad en la dimensión económica por falta de una intervención enérgica que corrija las tendencias en curso; y por otro lado, ampliando las condiciones de malestar y anomia creciente que a nada bueno nos puede conducir.
Es muy escaso el interés en el factor ambiental y la necesidad de una forma más apropiada de organización del Estado –léase municipios en Lima Metropolitana y Callao– para enfrentar el reto de una ciudad que bordea los 10 millones de habitantes, cuya dinámica urbana la sitúa al borde del colapso (económico, político, tecnológico y social).
Las administraciones municipales locales solas no podrán salir exitosas sin un compromiso creciente de muchos otros actores ante el desafío existente. Abordemos con seriedad la crisis urbana de Lima, sin empaquetarla en solo problemas de seguridad ante la delincuencia y falta de fluidez en el tránsito. Una megaciudad como Lima requiere también de megasoluciones y mucha participación ciudadana que nadie está planteando.

desco Opina - Regional / 4 de diciembre de 2017
Programa Urbano

viernes

Cuando de verdad pase el temblor



El pasado 30 de mayo se llevó a cabo el simulacro nacional de sismo y tsunami. Pese a haberse establecido que la participación fuera de «carácter obligatorio» en las instituciones públicas, el ejercicio no tuvo mayor impacto. Y es que si se considera la poca participación real de personas, en la hora programada, en otros locales de afluencia masiva como son los centros comerciales, mercados, campos feriales, etc. es evidente que no se tomó en serio este ensayo preparatorio.
Resulta interesante hacer notar que solo cuatro días después del simulacro, en la ciudad de Lima se producía un sismo de 5.4 grados en la escala de Richter, que sin haber sido de mayor intensidad, nos mostró muchas falencias y la falta de preparación de los habitantes de Lima para responder ante eventos sísmicos de magnitud. De hecho se reportaron hasta un total de cinco emergencias, producto de crisis nerviosas y golpes, ocurridos durante el proceso de evacuación, en los distritos de Villa María del Triunfo, Villa El Salvador, San Juan de Miraflores, Surco y Lince.
Una vez más constatamos lo mal preparados que nos encontramos como sociedad para hacer frente a un fenómeno natural que va a ocurrir y que puede afectar significativamente nuestras vidas. Lamentablemente, los esfuerzos de Defensa Civil devienen en nada ante la poca seriedad con la que se asumen los procesos de prevención con miras a evitar una situación de desastre.
Por otro lado, en más de una oportunidad los especialistas han hecho notar que el déficit cualitativo de las edificaciones en el país (léase bien: su mala calidad) es mucho mayor que el cuantitativo. Esto adquiere una dimensión crecientemente preocupante si se tiene en cuenta que en Lima y varias ciudades importantes del país se están produciendo acelerados procesos de aumento de la densidad que traen múltiples consecuencias. La densificación urbana tan importante, en la lógica de plantear las ventajas para una ciudad más compacta, no necesariamente está visibilizando ni planteando soluciones ante el problema de lo ya construido. Menos en lo que significa contar con la compleja preparación que corresponde a las implicancias de dar el paso de trasladarse de la vivienda unifamiliar a la multifamiliar, incluyendo, por cierto, las prevenciones de riesgo a tomar ante eventos sísmicos de magnitud.
En este contexto, resulta alarmante observar la pobre reacción y compromiso que existe por parte de nuestras autoridades, técnicos e inclusive la propia sociedad civil, para dar solución a un problema siempre latente, que se enfrenta con desidia, sin convocatorias importantes a la toma de conciencia y previsión. Sin duda, de seguir igual, terminará por pasarnos una factura difícil de pagar, particularmente en una metrópoli como Lima con más de 9 millones de habitantes y serios puntos de zonas en grave riesgo.
Pensamos que las autoridades de Defensa Civil se encuentran en la necesidad de hacer una profunda autocrítica, evaluar sus magros resultados y emprender campañas con metodologías que resulten siendo de verdad exitosas y calen en la conciencia ciudadana y la organización del tejido social. Eso es responsabilidad de todos y hasta ahora lo estamos haciendo bastante mal, burocráticamente, con procedimientos puramente formales y llenándonos de carteles y señalización de rutas y aforo que en verdad de poco sirven a la hora de las crisis verdaderas.

desco Opina - Regional / 13 de junio de 2014
Programa Urbano
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