viernes

Política a la peruana


Las afirmaciones del presidente Vizcarra a Camilo Egaña, de la cadena estadounidense CNN, fueron leídas como una respuesta tajante a Keiko Fujimori y a varios voceros de su agrupación política, Fuerza Popular. Señaló que no descartaba ninguna medida para lograr el objetivo de destruir la corrupción “que tanto daño ha hecho al Perú”.
Previamente, desde el lado fujimorista, como reacción ante los anuncios hechos por el presidente Vizcarra en su Mensaje a la Nación en Fiestas Patrias, se conminó al Mandatario a «gobernar» y dejar de lado el referéndum que había solicitado para consultar a la población sobre las reformas políticas y judiciales que tenía previsto realizar, como acciones pensadas precisamente para contener la corrupción.
En realidad, para el fujimorismo lo peligroso no es el referéndum en sí mismo, sino que se realizara en medio de la desestabilización del Poder Judicial y del Ministerio Público, provocada por los audios que vienen revelando la existencia de redes delincuenciales en la administración de justicia, y que esta situación termine por hacer rodar la cabeza del actual Fiscal de la Nación, Pedro Chávarry; uno de sus engranajes en el sistema judicial peruano. También puede ser menos sofisticado: dejar claro ante todos quién es el que «ronca». No deberíamos dudar que, para ser benévolos, una buena parte del fujimorismo piensa de esa manera.
Con todo ello a cuestas, los fujimoristas buscaron polarizar el desencuentro entre el Legislativo y el Ejecutivo, abriéndose algunas posibilidades, como la vacancia presidencial o, en su defecto, el cambio de Premier. Ahora se sabe, los fujimoristas pasaron a la ofensiva colocando el supuesto de un «acuerdo» bajo la mesa en el que ellos se consideraban la parte mandante . Por eso, pronto revelarían como complemento de su mensaje imperativo hacia el Presidente, que habían sostenido conversaciones con el actual mandatario durante y luego del proceso que finalizó con la renuncia del expresidente Kuczynski.
Por otro lado, ahora también se sabe que el presidente Vizcarra busca con el referéndum la legitimidad que no puede recabar ante la inexistencia de un partido político propio y sin bancada en el Parlamento, pues lo que le dejó el ppkausismo en dicho recinto fue un menguante grupo de personas que ya desde los tiempos de PPK no articulaban absolutamente nada.
Todo ello configura una apuesta, es cierto. Una apuesta, además, en donde el jugador tiene gran parte de las probabilidades en contra. En suma, lo que ha llevado a cabo Vizcarra en estas últimas semanas, es evitar ser finalmente arrinconado teniendo plena conciencia de su escasa fuerza. La reciente carta mostrada, es la posibilidad de cerrar el Congreso ante la negación de un hipotético pedido de confianza que pueda solicitar al Legislativo.
En este escenario, el fujimorismo calculó terriblemente mal sus fuerzas. Se decidió por tensar la situación creyendo que podía repetir lo hecho ante PPK. Lo único que consiguió fue acentuar el declive de la popularidad de su lideresa y demostrar nítidamente que detrás de sus actitudes envalentonadas no posee una sola alternativa para gobernar, además del hacha y el cuchillo.
Así, es indudable que en esta pulsión de fuerzas, el que obtuvo mejores réditos ha sido el titular del Ejecutivo. Hasta aquí las cosas parecen irle bien a Vizcarra. Pero, más pronto que tarde, debe demostrar la pertinencia del referéndum –además de las garantías que va a darse de todas maneras y en un plazo relativamente corto– y que posee un plan que conduzca a dar cuenta de la corrupción imperante.
En esa línea, ha optado por una alternativa plebiscitaria, es decir, apelar a «la calle» para contener al fujimorismo parlamentario, en una confrontación en donde no se pone en juego ni ideas ni estrategias, sino tan solo evitar el desborde matonesco de éste, que en las pobres condiciones en las que se desenvuelve lo que eufemísticamente podemos denominar «la política peruana», ya es bastante decir.  Si no, basta remitirse a lo dicho por uno de sus más leales aliados parlamentarios: “Martín Vizcarra debe decidir si quiere guerra o tranzar para avanzar”.
En este contexto, el premier Villanueva tiene razón cuando dice que en realidad, los plazos deberían estar marcados por la urgencia de restablecer la normalidad del sistema de justicia, porque sin éste tambalea la seguridad jurídica, un bien muy preciado por los empresarios. Entonces, ¿cuál es el límite para la política fujimorista y sus aliados, en circunstancias donde nadie puede asegurar ninguna proyección saludable en la economía?

desco Opina / 14 de setiembre de 2018

Los límites de la cuota de género en las próximas elecciones regionales


Muchos años después de los festejos de los colectivos feministas peruanos, por haber conquistado cuotas de género para la inscripción de listas de candidatos, basta mirar éstas en las 26 regiones –incluyendo Lima Metropolitana y Callao– para constatar que en nueve de ellas no existe candidata mujer alguna. Además, como se sabe, la cuota de género no garantiza que las mujeres accedan a cargos de elección y su ubicación dentro de las listas es relegada. 
En el centro del país es visible la casi total ausencia de candidatas a las gobernaciones regionales; en Junín, los doce candidatos son varones y sólo dos de estas listas incluyen mujeres como postulantes a vicegobernadoras. En Huancavelica, sólo una de once candidaturas es de una mujer y dos a vicegobernadoras; en Pasco, los nueve candidatos son hombres y apenas hay una sola aspirante a vicegobernadora. Todo ello demuestra una vez más, que la cuota de género es un mero formulismo, por la persistencia del machismo o por un escaso posicionamiento femenino al interior de estos grupos políticos. Cabe preguntarse si no hay mujeres que se sientan capaces de dirigir a sus regiones o si los grupos políticos las discriminan en sus procesos internos de elección, a pesar de que la gran mayoría de aspirantes mujeres –entre otras ventajas– suelen tener menos problemas judiciales que pudiesen eventualmente obstaculizar sus pretensiones electorales, tal como ocurre de manera bastante alarmante entre los postulantes varones de la Región Junín.
A nivel provincial, el panorama no varía mucho. En Junín destaca la provincia de Tarma, donde solo cinco de dieciséis postulantes a la alcaldía provincial son mujeres (31%), pero el asunto es más grave en Concepción y Jauja, donde no hay ninguna postulante femenina, al igual que en Churcampa, Angaraes y Castrovirreyna (Huancavelica). En este escenario, no sorprende que aun cuando la lucha contra la violencia hacia las mujeres sea una política de Estado incluida en los planes regionales de desarrollo concertado, los planes de gobierno de muchas candidaturas no contengan ni una línea sobre el tema. Es en verdad alarmante que las demandas de las mujeres no estén apareciendo en las propuestas políticas, pese a los altos índices de violencia contra ellas y que desde hace años existen colectivos de defensa de sus derechos en casi todas las regiones, sin que hayan logrado posicionar sus aspiraciones en las propuestas de campaña.
La participación política de las mujeres en los próximos comicios, evidencia un notorio retroceso respecto al año 2014, en que su presencia ya era mínima: solo un 25% de regidores provinciales elegidos en todo el país fueron mujeres, un 23% consejeras regionales y solo una fue gobernadora regional. Un 3% son alcaldesas provinciales, 2.7% son alcaldesas distritales y el 28% regidoras distritales. Estas cifras serán previsiblemente mayores que las que se alcancen después del proceso electoral regional y municipal del 2018, por que el Estado peruano y la clase política no han podido garantizar el acceso a los derechos políticos de las mujeres.
Hay sin duda, una serie de factores que desalientan la participación femenina, uno de ellos es el acoso político hacia las postulantes y autoridades femeninas en ejercicio, lo que merecería una tipificación legal actualmente inexistente. En el caso de Junín, se aprobó una Ordenanza Regional para la regulación contra el acoso político hacia las mujeres de la región (Ordenanza Regional Nº 211-GRJ/CR, octubre 2015); sin embargo, en la práctica ha servido de poco para reducir las acusaciones de acoso político contra ellas.
La escasa tribuna que prestan los medios de comunicación local a las mujeres autoridades y candidatas, es también una forma de discriminación, aun cuando existen estudios que demuestran que la percepción popular mayoritaria es positiva sobre el accionar político de las mujeres autoridades, sobre todo por su preocupación en temas sociales. La situación descrita evidencia que la participación igualitaria de las mujeres en la política no se va a lograr solo por decreto, que los avances logrados no son aún irreversibles y que la formación, reconocimiento y revalorización social del rol y el aporte de la mujer en el desarrollo integral demanda políticas más activas, así como una mayor apertura y voluntad política de las fuerzas que aspiran a gobernar el país en sus distintos niveles.

desco Opina - Regional / 7 de setiembre de 2018
Programa Regional Centro - descocentro

domingo

Vizcarra: Una oportunidad para romper la soledad


Los duros cruces de acusaciones y denuncias entre Keiko Fujimori y el presidente Vizcarra, seguido por unas intervenciones que lindan con lo desopilante por parte de la mototaxi (Letona, Salaverry, Becerril) y anónimos trolls fujimoristas, muestran que en nuestro país la política puede ser todo menos aburrida.
El “disclosure” que la jefa de Fuerza Popular practicó esta semana en la televisión, revelando las reuniones reservadas que tuvo con el presidente Vizcarra y la respuesta de éste, cambió el tono de las pugnas políticas vigentes, aunque no el fondo de la misma. En un intento –muchos piensan que desesperado– por defender al fiscal Chávarry, Keiko Fuimori equiparó las reuniones reservadas entre ella y el Presidente con las sostenidas entre el actual Fiscal de la Nación, el ya tristemente célebre magistrado supremo César Hinostroza y otros personajes.
Así, la lideresa del principal partido de oposición presenta ante la opinión pública una negociación política aparentemente legítima como algo ilegal, comparable a un cubileteo entre mafiosos. Quien en principio debería estar interesada en tratar de ensanchar la legitimidad del sistema político, no vacila en deslegitimarlo y presentarlo de hecho como una guarida de aprovechadores. A su declaración siguieron otras del Presidente del Congreso y del secretario general de Fuerza Popular, José Chlimper, revelando otras reuniones, incluso previas al segundo intento de vacancia y renuncia de PPK; todo con el fin de golpear al Presidente, arrinconarlo con acusaciones de haber mentido y recuperar la iniciativa política que perdieron tras el mensaje del 28 de julio.
Fuerza Popular y su jefa confirman así su absoluta indiferencia o despreocupación por la legitimidad del sistema político peruano, evidenciando sus prioridades en esta coyuntura: inviabilizar el referéndum y ciertas reformas políticas, así como defender la permanencia del muy desacreditado fiscal Chávarry, quizá por su disposición a librar a Keiko Fujimori de ciertas acusaciones que podrían conducirla a la cárcel. Recurrir al ataque artero, violar reservas acordadas y agitar fantasmas absurdos con desaforadas comparaciones entre el presidente Vizcarra y Maduro, son muestras destacables de cómo el fujimorismo hace política y de cómo está contribuyendo a aumentar la desconfianza del país hacia su clase política.
Estas maniobras afectan al fujimorismo, tan venido a menos en los últimos meses, pero también al propio Presidente, el destinatario directo de todos los dardos. Los estilos pragmáticos y poco transparentes que hasta hace poco practicó, le pasarán la cuenta a Vizcarra, un político sin gran experiencia en el plano nacional y sin una importante fuerza política en la cual respaldarse. Sacar adelante el referéndum y sus propuestas ante el Congreso es hoy más complicado que antes, más aun considerando que prácticamente está solo, no cuenta con sólidos apoyos o alianzas con otros actores políticos y Fuerza Popular recurrirá previsiblemente a todo tipo de maniobras para bloquearlas.
Frente a ello, son pocas, aunque no menores las cartas que el Presidente Vizcarra puede jugar para lograr los objetivos que se ha planteado; una de ellas es la construcción de alianzas con otros actores políticos, con aquellos que tienen presencia en el Congreso más allá de la reducida bancada PPK (que además de pequeña y fragmentada, no parece ser muy cercana y afín al Presidente), pero también con actores a nivel regional y subregional, lo que podría significar abrir el abanico de preguntas inicialmente planteado para el referéndum, a fin de incluir otras cuestiones que pueden convocar el apoyo de nuevas fuerzas.
A nivel de la sociedad civil, el Presidente puede también construir alianzas, ya sea con organizaciones sociales como con gremios empresariales, laborales y de otro tipo. Algunos sindicatos y federaciones han mostrado disposición a movilizarse en apoyo del referéndum, en tanto los gremios empresariales parecen ir tomando silenciosa distancia del fujimorismo keikista, debido a su comportamiento político al que algunos voceros y opinólogos consideran conservador y populista, que se ha ido alejando de la economía de libre mercado por una serie de leyes aprobadas en el congreso. Existen entonces condiciones para que el Presidente rompa su soledad y aislamiento, aun cuando su problema para ello tiene que ver, en lo inmediato, con su falta de operadores políticos.
Este es también un momento clave para que las distintas fuerzas de izquierda impulsen una alternativa propia de conjunto, que vaya más allá de alinearse tras propuestas del Ejecutivo y de celebrar una consulta ciudadana con preguntas centradas en aspectos meramente jurídicos y electorales que, aun cuando importantes, no abordan temas de fondo relacionados con la economía, la sociedad y la política del país.


desco Opina / 1 de setiembre de 2018