viernes

El peligro del gatopardismo


Cuando a fines de los años 50 del siglo XX, Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió su única novela, El Gatopardo, que narra desde Sicilia el fin de una época y el inicio de otra, marcada por la unificación italiana; Tancredi uno de los personajes le dice a su tío Fabrizio la conocida frase: “si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. Casi desde entonces, muchos cientistas políticos califican de gatopardista a quien inicia o alienta una transformación política de cambio importante, que en la práctica sólo altera la cáscara de las estructuras de poder, conservando los elementos centrales de las mismas.
La convocatoria al referéndum que lanzara el presidente Martín Vizcarra en su presentación al Congreso de la República, sorprendió a tirios y troyanos. Los más, aplaudiendo el gesto que significaba confrontar el poder de la mayoría fujimorista que en la práctica viene desgobernando el país desde julio del 2016. Aprovechando la indignación ciudadana ocasionada por los audios que evidencian la corrupción campante en la administración de justicia en el país, que involucra al Ministerio Público, políticos de varios partidos, figuras del deporte y diversos empresarios emergentes y exitosos; el Ejecutivo, cuyo interés inmediato mayor es llegar como gobierno al 2021, decidió aprovechar el capital que ya iba perdiendo, y apeló a la opinión pública y la calle, para dar un paso significativo.
Su pedido al Congreso para convocar a una consulta ciudadana para iniciar la reforma judicial e introducir algunos cambios en el sistema político, así como su mención a temas tan «peligrosos» como equidad de género y feminicidio, fueron inmediatamente aplaudidos; los que no lo hicieron guardaron prudente silencio algunos días para no enfrentarse al sentido común mayoritario. La reciente visita del Presidente y el Premier al Congreso para presentar los cuatro proyectos que serían consultados –una Oficina de Control de la Magistratura (OCMA) conformada por concurso, la bicameralidad, la no reelección de los congresistas y el financiamiento privado de los partidos– ratificó su voluntad política y su decisión aparente de llegar hasta el final. Su malestar con las decisiones recientes del fiscal Chávarry, decidido a controlar «los daños» causados por los audios, mostró desde Arequipa su aparente decisión de defender su postura en todos los terrenos.
Como no podía ser de otra manera, la discusión –más aún conocidas las propuestas– ya está instalada y las críticas van desde aquellas que acusan de «populismo» a la medida propuesta por el Ejecutivo, hasta aquellas otras que discuten, frecuentemente con razón, especialmente las reformas planteadas para transformar el sistema político. Lo hacen con distintas razones reales, debatiendo principalmente la polémica ingeniería electoral propuesta, el sentido de la bicameralidad y la no reelección; todas ellas, sin duda, debatibles. El problema de fondo es que ni parecen claros los problemas que el gobierno identifica y quiere enfrentar con su propuesta, ni es evidente que quienes critican, establezcan con claridad cuáles son éstos. En lo que hace a la administración de justicia, los lineamientos para su reforma integral, producidos aceleradamente por una Comisión especial, parecen tener objetivos y un camino más claro, aunque también son debatibles en su contenido.
Así las cosas, es claro que corremos el riesgo del gatopardismo. El debate en el Congreso, de medidas que además de ser parciales y no resolver la crisis que vive el país, corre el riesgo de alargarse indefinidamente; tanto como el de derivar el contenido del referéndum hasta su inocuidad. Son, sin embargo, los riesgos que hay que correr en una sociedad con múltiples malestares, pero fragmentada, sin actores políticos y sociales fuertes. La gran virtud del referéndum es que abre espacio para el debate de algunos de nuestros temas de fondo, pero también la posibilidad de plantear otros, que seguramente no se resolverán en el referéndum –resulta imposible pretenderlo–, pero que pueden permitir establecer una nueva relación entre los actores políticos que comparten los malestares y la gente que, desde su cotidianeidad, ubica los árboles y no mira el bosque. Por esa vía, por ejemplo, se puede obligar al Congreso a discutir en otros términos la reforma tributaria, que hasta ahora es un parto de los montes; el significado de los monopolios en el precio de los medicamentos; dejar de lado el carácter subsidiario del Estado; la propiedad de los recursos naturales, y las cuestiones de fondo de nuestro sistema político y de representación, por señalar algunas de las cuestiones que nuestros políticos orillan.
El mandatario hace bien en defender la consulta a la gente y el camino que ha empezado desde su legítima indignación y su voluntad de «durar». La gente y quienes creemos que requerimos de cambios más profundos y complejos que los inicialmente propuestos, debemos impedir el riesgo del gatopardismo de un Ejecutivo que sigue siendo débil. Se trata, creemos, de ampliar una ruta que se ha abierto confusamente y que podría permitirnos llegar a nuestro segundo centenario como República, avanzando a serlo efectivamente y enfrentando a quienes en nombre de «la razón», creen que todo debe seguir igual.


desco Opina / 17 de agosto de 2018

Las heladas, una puñalada a la economía rural


Esta temporada de heladas y nevadas es una de las más crudas que viene soportando el sur peruano, sobre todo por la frecuencia. Si bien son un fenómeno natural en la estación de invierno, lo inusual es que duren tantos días seguidos y sean tan intensas.
Todavía no hay datos certeros sobre el perjuicio económico que ha causado el mal tiempo, y este es uno de los problemas que requiere urgente atención, pues sin información adecuada no hay eficacia en los planes para contrarrestar sus efectos, por ejemplo, la muerte del ganado alpaquero. En una reunión multisectorial en Arequipa, un dirigente alpaquero alzó su voz de protesta por la falta de coherencia de las cifras que maneja el Gobierno Regional de Arequipa sobre la mortandad de alpacas en Caylloma: 3%, él afirmaba que el número era mayor. En la misma reunión, la Gerencia Regional de Agricultura respondía que es la cifra oficial que le otorga el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) para sus acciones. Aquí el problema radica en la modalidad de recojo de la información, pues ésta tiene que hacerse de forma conjunta entre los productores de las zonas afectadas, los municipios como responsables del órgano de Defensa Civil a nivel local, y los técnicos encargados de monitorear; al parecer esta no es una práctica institucionalizada. Un mal cálculo puede ocasionar el reparto tardío e insuficiente de las pacas de heno, pues la alerta para accionar la movilización de ayuda desde el Estado, se relativiza. Y la descoordinación en el reparto –a dónde llevar más y a dónde menos– puede ocasionar directamente la muerte del ganado.
Durante los días de nevada, aquellas alpacas que no están bien de salud, pueden tener complicaciones mayores; a las crías les da diarrea, a las jóvenes (tuis) neumonía, y las alpacas preñadas corren riesgo de aborto. Al estar débiles, en la posnevada pueden morir de neumonía e hipotermia. Recordemos que las alpacas constituyen el capital económico de alrededor de 60 mil familias en el sur, y la falta de previsión o la mala ejecución de políticas para su cuidado o manejo, puede causar un perjuicio del que es muy complicado recuperarse.
En abril, el Gobierno Nacional publicó mediante decreto el Plan multisectorial ante heladas y friaje 2018, con el objetivo de reducir la vulnerabilidad de las personas frente a la exposición a los fenómenos de heladas y friaje mediante el “accionar articulado del Estado y el diseño e implementación de estrategias del Gobierno Nacional para la reducción del riesgo y la reparación, orientadas a intervenir en las zonas críticas para proteger la vida e integridad física de la población así como sus medios de vida”.
El plan priorizó la intervención en catorce regiones con acciones de reducción del riesgo, así como preparación ante heladas (210 distritos) y friaje (47 distritos). Si bien el plan es una buena medida de parte del Estado, a la luz de los hechos hay aún elementos que ajustar para que su ejecución sea efectiva. Por ejemplo, una de las actividades que estaban consideradas era el reparto de semillas para procurar la siembra de forraje, sin embargo, las semillas se repartieron tardíamente en algunas zonas, lo que ocasionó que se interrumpiera el crecimiento adecuado de la avena forrajera; no es lo mismo el rendimiento de una planta de 80 cm, que una que sólo alcanza a crecer 15 cm.
Todavía hay retos por superar en las políticas de prevención a nivel país. Se requiere mejorar los sistemas de información y recuperar las prácticas de complementariedad de siembra que teníamos en la época previa a la conquista, el tradicional manejo de suelos entre diversos pisos altitudinales. Conocemos de experiencias entre privados en la implementación de estos sistemas, por ejemplo la siembra de avena forrajera en valles interandinos para tener una reserva de pacas de heno de avena para pasar el invierno. Lo que hace falta es que esta práctica se lleve a política, en alianza con los productores agroganaderos. Otra medida que se podría implementar es promover la construcción de almacenes para el forraje familiar o comunal, en las zonas que ya se sabe serán afectadas.
Si no se hacen correctivos acertados, las políticas de prevención y de emergencia sólo serán un cúmulo de buenas intenciones.


desco Opina - Regional / 10 de agosto de  2018
Programa Regional Sur - descosur

jueves

Luego del Mensaje a la Nación


Llamémosle liderazgo presidencial, como dicen casi todos pero, aun así, sigue siendo algo muy insuficiente lo que transmite. El presidente Vizcarra sorprendió cuando en su Mensaje a la Nación contempló el referéndum como mecanismo para viabilizar algunas reformas institucionales. Digamos, era el atajo tomado por alguien que está consciente que no tiene una estructura partidaria propia ni nada que se le asemeje. Por ahora, su actitud le ha salvado el cortísimo plazo: logró, mal que bien, una reacción espasmódica, visceral a tono con los malestares del momento, que circunstancialmente le acarrea simpatías, pero nada más. Sin embargo, también se afirmará con mucha razón, que es lo más radical que podía hacerse hoy desde el Ejecutivo.

Digamos entonces, en el mejor de los sentidos, que tiene la idea, pero hubiésemos querido que nos exponga los medios y, sobre todo, los resultados que se esperan y los plazos que se necesitan para lograrlos.

Suena muy bien que nos consulten la conveniencia de reformar el Consejo Nacional de la Magistratura - CNM (adelantamos, todos vamos a decir sí), la reelección de los congresistas (vamos a decir no), transparencia en el financiamiento privado de los partidos políticos (nuevamente, sí) y la bicameralidad del Congreso (nuevamente, no). Pero, ¿qué resultados buscamos? ¿Para cuándo están previsto estos cambios?

Una segunda cuestión es que lo propuesto por el mandatario pasa indefectiblemente por el Congreso y se rige por lo establecido en la Ley 26300 de los Derechos de Participación y Control Ciudadanos, en la que no se explicita ninguna iniciativa presidencial como inicio del proceso. Poniendo de lado las «consideraciones técnicas» que se han expuesto en abundancia durante estos días, poco o nada se ha dicho de la pertinencia política de lo que se busca zanjar mediante la vía plebiscitaria. Al respecto, nos remitimos a la reelección de los congresistas y a la bicameralidad.

En ambos casos, ¿qué buscamos? Si en la no reelección de los congresistas se trata de fomentar mayor legitimidad de las autoridades, deberíamos hacer un balance de, por ejemplo, cuál ha sido el resultado de no tener reelección presidencial desde el 2001 o de haber instaurado ese mecanismo –junto a la segunda vuelta electoral– para las elecciones municipales y regionales desde el 2012, argumentando entonces, que de esa manera tendríamos gobiernos subnacionales más sólidos y menos propensos a la corrupción.

Para algunos, prohibir la reelección de los congresistas atentaría contra la formación de un capital fundamental para ejercer la representación política, como es la experiencia, como afirmaban los que se opusieron a una iniciativa de ley presentada en mayo de este año. De esta manera, plantean sus preocupaciones sobre si tenemos acaso una idea cercana de lo que sería un hipotético Congreso, donde ninguno de sus integrantes tenga experiencia previa.
A este planteamiento se opone la afirmación de que gran parte de los problemas que nos afectan en la dimensión política se debe al hecho de reducirlos a la actuación congresal y haber convertido el recinto parlamentario en un botín que terminamos pagando todos los peruanos y, en ese sentido, los que realmente tienen vocación pública seguramente encontrarán más y mejores vías de expresión y caminos para aspirar a legitimidades más sólidas.
De esta manera, una consecuencia política indirecta pero decisiva para nuestra incipiente izquierda política es que si quiere subsistir, está forzada a ampliar su horizonte político, más allá de las coyunturas electorales, obligando a sus líderes a actuar en otros campos, lo que tendría como probable consecuencia la consolidación de sus organizaciones y la adquisición de una legitimidad social/política más firme.
De igual manera, ¿qué buscamos con la bicameralidad del Congreso? ¿Hay un problema en la representatividad política que podría ayudar a resolver? ¿Podría otorgarle mayor legitimidad a partidos políticos inexistentes?
Dudamos que así sea. Probablemente, las reformas más eficaces en esa dirección pueden ser las menos rimbombantes como, por ejemplo, cambiar la deformadísima manera de «colocar» funcionarios públicos –incluyendo «asesores» congresales– cuyas versiones más sofisticadas de las labores que desempeñan las hemos contemplado en todo su esplendor con los audios y videos difundidos en estos últimos 25 años.
Así, no es cuestión que un presidente del Congreso haga renunciar a su jefe de seguridad como un acto político simbólico, sino que nos digan cómo el referido señor llegó a ejercer esa función. Es decir, la crisis política no se refiere únicamente a los políticos. En esa línea, hubiera sido mucho más importante que el presidente Vizcarra nos dijera, para señalar un punto, cuál va a ser el futuro de Servir antes que simplemente seguir a la indignación popular, lo cual no está mal, pero no es, ni mucho menos, suficiente para gobernar en aguas tan crispadas como las nuestras.


desco Opina / 3 de agosto de 2018