Si bien la experiencia
que se resume a continuación es puntual, consideramos que podría servir como un
ejemplo para mirar la política de
otra manera, dejar de ver a los “políticos” como los únicos actores principales
y entender qué está haciendo la sociedad civil para construir
ciudadanía, conciencia ambiental, etc., y a partir de ello encarar lo que están
haciendo quienes ocupan hoy los espacios de poder. Es pues un análisis de
coyuntura hecho mirando la política desde otro lado y a partir de otras
vivencias.
En medio de las
dificultades que atraviesa nuestro país, surgen espacios que ofrecen esperanza
y caminos hacia un futuro mejor mostrando desde su vida cotidiana experiencias
y prácticas que constituyen otras maneras de concebir la vida en colectividad.
Uno de ellos, por ejemplo, es el trabajo en laboratorios de innovación
urbano-ambiental en barrios de escasos recursos y en las escuelas que allí
funcionan.
Mientras el Estado se concentra
en construir infraestructura escolar en colegios medianos y grandes, otra vía para
fortalecer la democracia es impulsar procesos participativos con comunidades y
estudiantes de barrios pobres o muy pobres para mejorar su educación. Esa es
una respuesta de acción paralela y simultánea a análisis de coyuntura que en
muchos casos quedan restringidos a debates entre especialistas, sin impacto real
en la comunidad. Estas iniciativas, fuera del mundo de “la política de los
políticos”, palpitan a diario y son una forma de toma de conciencia ante los
sucesos de la coyuntura pues involucran a autoridades locales, organizaciones
barriales, jóvenes líderes y a la comunidad educativa, logrando con su
desempeño soluciones ajustadas a las realidades territoriales y no a planes
burocráticos o debates que para muchos son abstractos sobre el autoritarismo,
la democracia y el desinterés por la calidad de vida de las y los peruanos.
En Lima Sur, por
ejemplo, se ha conformado el grupo Guardianes de Lima Sur, que busca asumir un
rol de liderazgo en la mejora urbana. Pese a limitaciones de infraestructura y
recursos presupuestales, decenas de jóvenes de
barrios como Halcón Sagrado, Vista Alegre y Héroes del Cenepa participan activamente, liderando ejecuciones
de obras y diseños. Motivan a otros grupos de mujeres y jóvenes a sumarse. Los
planes maestros no quedan en el papel: se concretan en intervenciones
ecoamigables en colegios como el Peruano Canadiense, Juan Carlos de Borbón,
República Alemana y Nuevo Progreso. Estos barrios de Lima Sur han logrado una
alta participación de estudiantes y docentes a través de faenas voluntarias
coordinadas entre barrios y escuelas. Repercuten también, qué duda cabe, en
movilizaciones, reclamos y marchas que se hacen para demandar cambios y más
recursos. Fuera de las luces de la llamada gran prensa y los medios masivos de
comunicación, constituyen espacios en los que se forman, de a poco, nuevas
alternativas de organización, de poder y de conciencia que seguramente se
expresarán con sorpresa en los escenarios oficiales cuando irrumpan más
adelante.
Estas experiencias no
son poca cosa: fortalecen efectivamente el empoderamiento de mujeres y adolescentes que, al arborizar, crear
huertos o proteger muros de contención, aportan a la resiliencia barrial frente
al cambio climático y la indolencia gubernamental. Además –y esto es muy
importante– impulsan el liderazgo de mujeres organizadas, en especial señoras
de comedores populares, quienes han logrado fortalecer sus capacidades en
agricultura ecológica, salud comunitaria y gestión ambiental, como una nueva
manera de mirar la política, convirtiéndose en actores clave de la
transformación barrial sostenible.
En paralelo, se
desarrollan talleres replicables en distritos como San Juan de Miraflores,
Villa El Salvador y Villa María del Triunfo, ampliando progresivamente la red
de comunidades organizadas y comedores populares. Es decir, reconstruyendo el
tejido social deteriorado por el abuso, la desconfianza y la frustración que
han traído las formas de hacer política, de buscar y de ejercer el poder en
nuestro país a todo nivel.
Los jóvenes, por su
parte, actúan como facilitadores intergeneracionales, acompañando a las mujeres
–que pueden ser sus propias parientes– fortaleciendo lazos comunitarios que
apuestan a nuevas formas de entender la sociedad, sus derechos y las
obligaciones del Estado con la sociedad concreta que ellos constituyen en sus
barrios e instituciones. No es poca cosa. Así, las experiencias barriales –que
al inicio parecen aisladas– se enlazan, multiplican y consolidan redes de
trabajo comunitario y ambiental que no están escritas en el papel: son
realidades dinámicas que demandan derechos y exigen la participación del Estado
–sectorialmente o desde el municipio– para la solución progresiva de sus
problemas diarios, de resolución de sus carencias, elementales como la falta de agua potable y
de sistemas de desagüe y otros servicios públicos urbanos. Lo hacen como
ciudadanas y ciudadanos. Esto les permite contrastar y evaluar desde sus
propias experiencias el rol que cumplen quienes ocupan actualmente los poderes
del Estado (ministerios, Congreso, Poder Judicial, Defensoría del Pueblo,
fiscalías, etc.).
Por eso, cuando se ve
cómo se fortalecen capacidades en agricultura urbana, gestión de residuos y
econegocios escolares, con participación activa de docentes y voluntarios de
colegios, por ejemplo, el entusiasmo demostrado por estudiantes
y maestros
confirma que la educación ambiental tiene gran potencial de réplica a bajo
costo y de movilización de la sociedad. Se involucra a toda la comunidad
educativa en temas que les atañen directamente, sin mediaciones y análisis más
complejos para entender qué hay que hacer para acabar con una situación
generalizada de políticos corruptos, autoritarismo y combatir el maltrato a los
más pobres.
desco Opina - Regional / 29 de
agosto de 2025
descoCiudadano
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