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jueves

Sector camélidos: tomando el pulso al MINAGRI


Recientemente, el ministro de Agricultura y Riego, Gustavo Mostajo, declaró que una de las prioridades del sector es elevar la calidad de vida del productor agrario, contribuyendo a la reducción de la pobreza rural. Su meta: elevar el ingreso del productor en 30% al 2021. Para alcanzarla, anunció el próximo lanzamiento de diversos planes agrarios; sin embargo, en este paquete no se incluyó ninguno vinculado al manejo y a la crianza de camélidos sudamericanos, actividad de la cual dependen alrededor de 114 mil productores y sus familias, 99% concentrados en los departamentos de los Andes centrales y de la sierra sur. A esta omisión se suma el retraso en la implementación del Instituto Nacional de los Camélidos Sudamericanos (INCAS, Ley 30674)
Según el cronograma establecido en la referida norma, se encargó al Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI) su promoción e implementación. A finales de este mes vence el plazo para su creación, y ni siquiera se ha formado la comisión de cinco personas –que debió instalarse el pasado mes de diciembre– con el fin de promover su implementación. Menos aún se ha discutido el desliz –por decir lo menos– de haber supeditado su creación a la constitución de una Asociación Público-Privada, condición que haría que su propósito sea inviable: ¿Cuál es el actor privado (léase empresarial) que quiera y pueda financiar el INCAS?
En la línea de los compromisos del MINAGRI, el mes pasado se realizó en Arequipa el Seminario Nacional sobre Mejoramiento Genético de los Camélidos Sudamericanos, un encuentro que ha permitido que la comunidad científica proveniente de diferentes ámbitos (academia, expertos internacionales, ONG, empresas), autoridades del sector y productores altoandinos, discutan una vez más sobre los parámetros genéticos que deben establecerse para el manejo de alpacas y llamas. A diferencia de otras oportunidades, a partir de este evento el Ministerio se ha comprometido a impulsar la creación del Programa de Mejora Genética de Camélidos Sudamericanos Domésticos, reformulando la normatividad vigente. Según los plazos acordados, en agosto se debería aprobar el programa y en setiembre nombrar al ente que lo conduciría. A pesar de toda la disposición que hemos visto de la Dirección General de Ganadería, nos preocupa que este programa no sea parte del discurso institucional del ministro. Sabemos que en nuestro país dependemos de la voluntad política para que se aprueben las reformas que necesitamos.
Hace poco leímos con interés un proyecto de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para clonar embriones de  alpacas con la finalidad de que puedan gestar dos animales, pues las alpacas sólo tienen una cría al año. La iniciativa es positiva, como lo es la reproducción asistida por inseminación artificial; sin embargo, ello no resuelve el problema de base: tener un programa de mejora genética que pueda ser implementado desde el contexto campesino, con una inversión mínima y de fácil aplicación por los criadores, que le permita a la larga tener rebaños con fibra más fina. Para estos fines son necesarias las políticas de Estado y el compromiso de sus autoridades para llevarlas adelante.
Por otro lado, también nos preocupa la falta de medidas claras para el aprovechamiento de la fibra de vicuña de parte de los pobladores que se encargan de su conservación. Si bien desde el sector se han otorgado facilidades que simplifican los procedimientos para desarrollar las actividades de conservación, manejo y aprovechamiento sostenible de estos camélidos sudamericanos silvestres, casi nada se ha hecho por regular la comercialización. Los comités conservacionistas negocian la venta de manera individual, y ello hace que pierdan capacidad de negociación frente a las empresas de alta moda que la demandan en el exterior. Esto ha ocasionado la caída del precio de la fibra, que en los últimos años pasó a cotizarse de U$ 1000 a U$ 280 dólares por kilo, monto al que se oferta actualmente.
Hay que efectuar un seguimiento continuo al sector camélidos, pero esta iniciativa debe partir desde las mismas organizaciones de productores que –dejando de lado los problemas internos por los que atraviesan– deberían afinar la puntería y resolver con premura este problema de base. No debemos dejar que esta vez, como se dice popularmente, se nos escape la liebre.
Desde luego, hay que ser conscientes de que se trata de un sector internamente diferenciado, que incluye un reducido grupo de criadores con capacidad de acumulación e inversión tanto en este como en otros sectores, lo que obliga a diseñar políticas también diferenciadas, cautelando sobre todo al mayoritario sector de criadores pobres, para quienes un mercado oligopsónico, y con notorias fallas como el actual, les bloquea posibilidades de capitalizarse. Es a ellos a quienes las políticas públicas no deben olvidar.

desco Opina - Regional / 18 de mayo de 2018
Programa Regional Sur - descosur

viernes

Creación del INCAS, una alerta al sector alpaquero



Tanto los camélidos sudamericanos como los pobladores dedicados a su crianza, han permanecido largamente relegados en cuanto a beneficios de políticas públicas y servicios de atención del Estado. Esta situación se agravó con la desaparición del Consejo Nacional de los Camélidos Sudamericanos en 2007, luego de una efímera existencia de quince años. Así, problemas recurrentes como la disminución de la calidad de la fibra y la pérdida de competitividad en el mercado internacional, las serias dificultades en la comercialización de la fibra en el mercado interno por la inestabilidad de los precios y la falta de financiamiento, y el injustificable desaprovechamiento del potencial nutritivo y saludable de la carne de los camélidos; perviven en el tiempo reafirmando nuestro desencuentro histórico con el mundo andino.
El 20 de octubre del 2017 el Congreso promulgó la Ley No. 30674, que declara de necesidad pública e interés nacional la creación del Instituto Nacional de los Camélidos Sudamericanos (INCAS) como “organismo descentralizado autónomo, adscrito al Ministerio de Agricultura y Riego dedicado a la investigación científica, tecnológica y aplicada que incremente la producción y productividad de la cadena productiva de los camélidos sudamericanos y a la transferencia de tecnologías a los actores del sector, para innovar y mejorar su productividad y competitividad”.
 Se encargó al Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI) su promoción e implementación. Se estableció un plazo de treinta días hábiles para la constitución de una comisión de cinco personas “con la finalidad de conformar la asociación público-privada orientada a crear el Instituto Nacional de los Camélidos Sudamericanos en un plazo de ciento veinte días hábiles”, plazo que vencería el 29 de mayo de 2018. Sin embargo, lo que creíamos podría ser una gran oportunidad para que el Estado peruano recupere y asuma su responsabilidad en el desarrollo y conservación de estas especies, y su compromiso con las cien mil familias de criadores a nivel nacional, caería en saco roto al establecer como camino para la materialización del instituto, una asociación público-privada. Con ello, lo que se está haciendo es promover la inviabilidad de su propósito.
En estos más de 180 años que tiene la exportación de la fibra de alpaca, basta con preguntarse: ¿cuál es el monto destinado por la empresa privada para investigación en camélidos?, ¿cuánto ha invertido el sector privado en mejoramiento genético de alpacas?, ¿podrán los criadores alpaqueros –que en su mayoría están al borde de la línea de pobreza– aportar los recursos para la investigación y promoción del sector? Lamentablemente, el sector industrial textil que aprovecha la fibra de alpaca, ha mostrado históricamente una trayectoria estrictamente extractivista al no invertir en la base productiva que le proporciona la materia prima. A diferencia de lo que ocurrió en la industria láctea, por ejemplo.
La ley de creación del INCAS, en su artículo 3, invoca a la Ley 29987 que busca promover la ciencia, la innovación y la tecnología a través de asociaciones público-privadas, definidas como “modalidades de participación de la inversión privada para incorporar experiencia, conocimientos, tecnología preferentemente privados para crear, desarrollar, mejorar, operar o mantener infraestructura pública o servicios públicos”. Esta orientación implica la existencia de condiciones de rentabilidad para la motivación del sector privado: ¿podemos asegurar que la realidad del sector de los camélidos brinda estas condiciones en la actualidad? Definitivamente, no. Por esta razón, la Ley del INCAS –dada la modalidad para su implementación­– se presenta como el mayor riesgo para su fracaso.
Así las cosas, proponemos: la creación del INCAS como organismo público descentralizado y con autonomía; la reasignación de recursos humanos, materiales y documentales que actualmente se encuentran en la dirección de ganadería del MINAG y en SERFOR del Ministerio del Ambiente, para la implementación del Instituto; la asignación de recursos económicos estableciendo un gravamen a las exportaciones de fibra de alpaca, y una proporción del canon minero de las empresas que realizan sus actividades extractivas en las praderas altoandinas. Adicionalmente, la formulación de un plan de desarrollo a largo plazo que incorpore el mejoramiento genético de la alpaca orientado a la producción de fibra, y de la llama, a la producción de carne (en base a la concertación de los centros de investigación universitarios del país y el exterior, los especialistas del sector público de nivel nacional y regional, especialistas de la industria, y las organizaciones no gubernamentales). Finalmente, la reactivación y unificación de las organizaciones de criadores para fortalecer su capacidad de interlocución con el Estado con miras a una implementación favorable del INCAS.
Por otro lado, hay tres temas urgentes de resolver y que requieren de la formulación de un plan de acción inmediato: (i) la comercialización de la fibra no cuenta con un soporte financiero por las deudas de las organizaciones de productores ante Agrobanco, como consecuencia de la inestabilidad de los precios y, en otros casos, por desorganización y corrupción; (ii) los comités de conservación de la vicuña tienen fibra en sus almacenes debido a la drástica caída del precio y la falta de apoyo para realizar licitaciones transparentes y con buena convocatoria de los demandantes internacionales; y (iii) la comercialización de la carne (16 000 toneladas son comercializadas y consumidas anualmente en el país) se realiza de manera informal y sin ninguna responsabilidad del Estado y su ente especializado (SENASA) para inspeccionar y certificar la sanidad.
Esta pequeña agenda abonaría a favor de la economía de los productores alpaqueros, mientras nuestros congresistas o el mismo MINAGRI ven la forma de resolver los cuestionamientos que hacemos a la norma, que es vital para el sector, pero no tal como está planteada.

desco Opina - Regional / 12 de enero de  2018
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