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La cárcel dorada de Ollanta Humala

Las últimas semanas la atención de los medios estuvo capturada por los indebidos privilegios de los que gozaba Antauro Humala en la cárcel. Administrando su asombro, ciertos medios de comunicación se escandalizan de que pueda haber celdas así, cuando es sabido que nuestras cárceles están llenas de «presos VIP», desde empresarios en desgracia hasta jefes de bandas delincuenciales. Aunque una lectura simplista quiere ver en Antauro a un delincuente más, parece que goza de mayor poder que un ‘Marca’ cualquiera. Tal vez una lectura más realista, al margen de los delirios de grandeza de Antauro, sea que, a falta de un partido y de cuadros para ocupar puestos en el Estado, se perciben flancos débiles a explotar estratégicamente.

Tal es el caso del capitán de fragata en retiro Hans Essenwanger, que se habría comunicado con Antauro para plantearle la necesidad de recuperar el dominio de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) o para solicitar que esta deje de estar bajo el control de la PCM, y de nuestro castrense Primer Ministro. Queda por averiguar qué significan estas movidas en un esquema en donde las labores de inteligencia aún son asumidas como una función militar, contradiciendo a los objetivos de un Estado que intenta organizarse bajo premisas democráticas. Otra revelación es que empresarios mineros se habrían reunido con Antauro con el fin de buscar su intermediación para alcanzar la licencia social en una futura zona de explotación en Cajamarca.

Volviendo al tema de la capacidad política, las señales desde el gobierno siguen siendo poco satisfactorias, empezando por la explicación del Presidente a la embarazosa situación del menor de los Humala –Alexis– cuando aún no se había iniciado su gobierno. La solicitud de los empresarios, que parecen interpretar su propia versión de lo que significa ‘pragmatismo’ (una de las palabras preferidas del Premier) refleja el hecho de que no existan operadores políticos en el gobierno, y que la relación más cercana que los empresarios perciben con las, para ellos, insondables rondas campesinas o movimientos de protesta, sean los etnocaceristas liderados por Antauro. Otras señales de debilidad parecen ser la facilidad con la que se desarmó el programa de ‘Gestores para el desarrollo’ y el hecho de que sectores del fujimorismo demanden la cabeza de la ministra Salas, una de las pocas que es percibida como cercana al sector progresista del gobierno.

La supuesta prueba de fuego para el gobierno que representa Conga, viene siendo aplazada con peritajes de uno y otro lado. Mientras tanto, se presentan cifras sobre la popularidad del Presidente que han llegado a un pico de 59% y que hoy bajan a 53%. La explicación de los medios para la baja es, cómo no, el tema de Antauro. Hace unos meses, reflexionábamos sobre el «nuevo cerco» a Ollanta Humala desde sectores del aprismo y el fujimorismo y la prensa conservadora. Esperábamos entonces, cuando todavía existía el gabinete Lerner, que esta presión encuentre un tope.

Hoy, pareciera que la estrategia del palo y la zanahoria se viene imponiendo, vía las encuestas que parecen manejar el humor de la pareja presidencial. Por otro lado, el acercamiento a Antauro de ciertos personajes en busca de influencias indica que hay varias formas de «resolver» los problemas al margen del Presidente, es decir, que éste todavía es una figura relativamente impredecible, aun cuando sea porque se percibe que casi todo su poder real ha sido cooptado. Tampoco parece haber forma de recuperar, desde la izquierda, el espacio perdido en el gobierno. Lo que queda sigue siendo una serie de negociaciones que dejen al Mandatario en ese tibio lugar entre el 55 y el 60% de popularidad.
desco Opina / 19 de marzo de 2012
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