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viernes

Las víctimas que se olvidan

Es de lamentar toda fatalidad que causa inocentes víctimas. Personas que, por causa del infortunio, estuvieron en el lugar y el momento equivocado y que, por ello, sufrieron las consecuencias de los embates de la naturaleza o, peor aún, de la desidia del Estado.
Desde este punto de vista, nos solidarizamos con los familiares del niño que en enero pasado quedó en estado de coma luego que una piedra le cayera desde el acantilado de la Costa Verde, en Lima. Coincidimos en que esta desgracia pudo ser evitada si las municipalidades correspondientes hubiesen cumplido con sus responsabilidades funcionales.También creemos que desde el Estado se debe de dar el apoyo al niño hasta lograr su total recuperación. En este caso la cobertura de la prensa fue de vital importancia. Sin presión mediática, quizá ninguna autoridad o funcionario hubiese asumido responsabilidades claras.
Desde el inicio de las lluvias hasta la fecha, en la selva central se han registrado muchos huaycos, ocasionando múltiples pérdidas de vidas humanas así como localidades arrasadas. Sin embargo, no hay seguimiento sistemático de los medios frente a estas tragedias, que terminan reducidas a incidencias presentadas en pocas líneas de un periódico local o en un par de segundos en alguna televisora: como si lo ocurrido no tuviese mayor importancia.
Los medios deberían hacer seguimiento más allá de la tragedia al interior de los distritos afectados, donde el aislamiento por desastres naturales deja desabastecidos de alimentos y medicinas a los pobladores de localidades probablemente pobres o muy pobres.
Las radios locales, sí hacen este tipo de cobertura, que se extiende durante varios días. Su alcance, sin embargo, no parece suficiente para sensibilizar a las autoridades, o siquiera llamar su atención. Cabe preguntarse cuáles son las fuentes de información que los gobiernos locales y regionales de la Selva Central usan para atender sus problemas, especialmente en el contexto de Pasco, donde el espacio de selva está muy distante del centro del gobierno, en la ciudad de Cerro de Pasco.
Inclusión social significa promover el desarrollo del país de manera mínimamente equitativa. Lamentablemente, es evidente que existe cierto desdén frente a los problemas del Perú rural y que la gestión de los territorios le queda muy grande a algunas autoridadas locales y regionales; o que los medios de comunicación no tienen el suficiente peso para ejercer presión sobre ellas.

desco Opina - Regional / 21 de marzo de 2014
Programa Selva Central
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lunes

El Estado de emergencia en Cajamarca y primeras notas sobre el Gabinete Valdés

El mensaje en el que el Presidente Ollanta Humala declaró el estado de emergencia en cuatro provincias de Cajamarca dura menos de tres minutos. Su alocución anterior había sido más larga pero lo central podía resumirse en dos palabras: «Conga va». Todo indica que el desarrollo público y privado de los hechos de Cajamarca terminó por volver inviable la correlación de fuerzas sostenida por el renunciante Salomón Lerner y abrió la puerta al supuestamente «ejecutivo» Óscar Valdés.

El breve mensaje de Humala es significativo porque muestra una forma de ejercer hegemonía que va a contrapelo de lo que se esperaba bajo el rótulo de ‘gran transformación’. Muestra a un mandatario que dicta la medida pero no marca una agenda a seguir. El conflicto de Conga tiene muchas aristas, lo cual lo hace más complejo pero a la vez hubiera constituido una oportunidad para diversificar la agenda con miras a una negociación que dure más de las ocho o nueve horas tras lo cual algunos de los enviados del Ejecutivo decidieron que los dirigentes eran «intransigentes», entre ellos el ex viceministro Otárola, que señaló que la policía estaba «con la moral alta», como si fueran a defender el fuerte apache. Por muy civil que sea, el hoy Ministro de Defensa ya dio muestras de que el autoritarismo no tiene que venir uniformado.

No es poca cosa que Humala haya declarado el estado de emergencia contra la autoridad regional de Cajamarca. Es cierto que ha habido declaratorias de este tipo desde el inicio del actual proceso de descentralización, pero ninguna en abierta confrontación con el Presidente Regional. Recordemos que las provincias de Ayacucho, Huancavelica, Cusco y Junín que forman parte del VRAE declaradas en emergencia cuentan con una especie de admisión de las autoridades regionales de que la situación es inmanejable en esta porción de sus territorios. Ciertamente no es el caso en Cajamarca, donde el Presidente Santos, que era el primero en pedir que salga Valdés, ve hoy un escenario de confrontación asimétrica más claro desde el gobierno.

El aparente giro hacia la derecha, se ha dicho, no resulta el quid del asunto para comprender lo que ha pasado con el gabinete. Si se buscó «blindar la hoja de ruta», ciertamente Valdés parece estar más «alineado» que Lerner, al cual el gobierno también hubiera podido acusar de no tener operadores políticos en Cajamarca que amortigüen el conflicto. Tal vez el Presidente, en su pragmatismo, piensa que no vale la pena llenarse de voces críticas desde el interior (el caso de las observaciones de Giesecke al EIA de Conga es paradigmático) si no obtiene a cambio la capacidad de controlar la conflictividad social desde sus bases.

No debemos perder vista que se viene un acumulado de EIA aprobados a la carrera por el hortelanista García y que probablemente servirán como argumento en los conflictos que están esperando en fila. Una forma de encauzarse en la institucionalidad del Estado es profundizar el proceso de descentralización, lo cual implica negociar con las autoridades electas y avanzar en resolver el desaguisado de (in)competencias que impiden a las regiones ser más autónomas en relación a la actividad de las industrias extractivas en su territorio. Es decir, un real compromiso con la descentralización del Estado, la única reforma que se sostiene desde el nuevo «pacto social» post dictadura. La Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales es un actor muy importante que debe ampliar sus esfuerzos por presentar una postura conjunta con visos de sostenibilidad.

desco Opina / 12 de diciembre de 2011

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