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viernes

La reconstrucción de Pisco y los nuevos amigos

Tras el mensaje y las primeras encuestas sobre aprobación presidencial, el clima político parece, por el momento, relativamente estable para el gobierno en ejercicio. En parte, esto se debe a que el presidente, al haber optado por el silencio, se abre pocos frentes para la crítica. No obstante, en su primera gira en Pisco, el presidente habló, lo cual es importante tanto porque fue la primera vez que soltó prenda como por el motivo de la visita: relanzar el proceso de reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del 15 de agosto de 2007, gesto importante para diferenciarse de la clamorosa inoperancia que el gobierno pasado exhibió en el tema.

Sobre su mutismo, Humala dijo «más acción, menos palabras» lo cual, a decir verdad ya quedaba claro. Así, busca marcar un estilo “ejecutivo” de conducirse en el poder. Los problemas que se ha ahorrado con su pragmatismo han aparecido más bien por el lado de su entorno familiar cercano. Políticamente, el tema de Alexis debería ser más preocupante que el de su otro hermano, actualmente en aislamiento en el penal de Piedras Gordas. Decimos esto aún a sabiendas de que los dislates de Antauro agitan los temores de la derecha más pacata; aún así, cada vez es más claro que las propias declaraciones del autoproclamado “precursor” contribuyen a su propio aislamiento y a distanciarlo del presidente.

En cuanto a la reconstrucción de Pisco y otras localidades, Ollanta Humala ha recibido un proyecto para «mejorar las ciudades», empezando por Pisco, de las manos de Walter Piazza, presidente de la Cámara Peruana de la Construcción (CAPECO) En efecto, en una reciente reunión del gremio de empresas privadas de construcción se reveló las grandes expectativas que este sector tiene sobre la reconstrucción de Pisco, orientadas, además de a la vivienda, al fortalecimiento del ángulo turístico que podría tener la zona. Así dicho, no suena del todo mal.

Sin embargo, en varios espacios se ha señalado la necesidad de intervenir en Pisco y en las otras localidades afectadas, que incluyen partes de Huancavelica, no para reconstruir la pobreza de muchos de los habitantes de esas zonas sino para mejorar sus condiciones de vida y habitabilidad con intervenciones que se enfoquen en vivienda y espacios públicos basados en una adecuada concepción del territorio. No conocemos los detalles del plan de CAPECO pero hay señales de que no serán precisamente abiertos a consulta y debate ciudadano real, y no como ocurrió con la «democratización» que terminó por fragmentar la reconstrucción en pequeñas obras sin horizonte claro. Por otro lado, parece que CAPECO está muy bien representado y es relativamente influyente en el actual Ministerio de Vivienda.

Esto nos lleva a pensar en los espacios grises que el gobierno de Ollanta Humala a veces parece mostrar ya que, si en muchos casos hay funcionarios de carrera, competentes y abiertos al diálogo con la sociedad civil, en otros, hay decisiones que responden a lógicas distintas y a menudo más opacas; desde los criticados nombramientos de militares en retiro para cargos «civiles» hasta sectores, como Vivienda, donde los empresarios parecen estar calmando rápidamente los temores que les generó la elección de Humala al asegurar negocios que les permitan unos buenos años de rentabilidad, monetaria y también política, por su cercanía al poder.

Todo esto ocurre en el contexto de una aguda crisis mundial cuyos efectos acumulados parecen más severos que hace un par de años. El consenso dice que el Perú está relativamente bien preparado para capear el temporal, y medidas saludables como el aumento del Sueldo Mínimo Vital (SMV) parecen expresar la misma confianza. Estas medidas, que nos hablan de buenos augurios en la conducción de un Estado para todos, contrastan con espacios en los que se ha optado más bien por conformar a los empresarios (su crítica al incremento del SMV ha sido más bien tibia, acaso como aceptación tácita del bajo nivel de partida del mismo).

Veamos cómo se lleva a cabo la negociación por las sobreganancias mineras y si el Estado tiene propuestas acordes a su promesa de inclusión en la próxima presentación del Gabinete en el Congreso. Para entonces ya estará clara la configuración del Ejecutivo y también la de la oposición, de la cual solo hemos visto el lado más burdo en los gestos de Martha Chávez. Una cosa es segura: las acciones del Ejecutivo deben reflejar su vocación por una conducción más decidida de los asuntos públicos, y alejarse cuanto pueda de la sensación de mezclar el “piloto automático”, en lo económico, con los gestos de exclusión, en lo social (marcas del gobierno pasado), y eso puede significar dejar de hacer algunos amigos.

desco Opina / 19 de agosto de 2011

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Orientaciones y desafíos del nuevo gobierno

A menos de un mes de la instalación del nuevo gobierno y ya avanzada la transferencia administrativa del gobierno saliente, analistas y políticos se interrogan por las prioridades y las principales orientaciones que tendrá la nueva gestión. Los desafíos que ésta afrontará desde el 29 de julio son grandes y complejos, en un escenario en el que será presionado permanentemente desde arriba y desde abajo. Desde arriba, el gran capital no le dará tregua en sus presiones y en su intención de subordinarlo a sus intereses. Desde abajo, la conflictividad social, en particular aquella ligada a las disputas por la minería y los recursos naturales, tampoco le dará pausa; ello sin olvidar que su electorado esperará desde el primer discurso presidencial, señales claras de cumplimiento de sus ofertas electorales: el destino del lote 88, el aumento del salario mínimo, el precio del gas, la ley de consulta y los nuevos programas sociales, entre otras cosas.

Se tratará de un gobierno, hay que recordarlo, que carecerá de mayoría parlamentaria y que contará con una bancada importante, pero no necesariamente bien afiatada y orientada en la misma dirección. Su posibilidad de alianzas en el Parlamento, pero también más allá de él, pasará por sus vínculos con Perú Posible, Acción Popular y Somos Perú, grupos que por cierto, no es que sean especialmente consistentes.

Así las cosas, todo indica que una de las primeras y más importantes pugnas se dará alrededor de la forma y la modalidad que tome la anunciada afectación a las sobreganancias de las empresas extractivas. Como es obvio, aunque varias de ellas ya acepten que a futuro tendrán que aportar más, tratarán de afectarse lo menos posible en nombre de la competitividad del país, mientras que desde el Estado se buscará el mayor aporte posible, porque es obvio que dichos recursos son los que pueden sostener el cumplimiento de varias de las ofertas electorales de Gana Perú.

Pero esa disputa será seguramente paralela a aquella otra ligada a la conflictividad social que no se detendrá. Puno, es el aviso reciente, pero atrás hay un largo etcétera de corto plazo, donde resaltan, entre otros, Tía María (Cocachacra, Arequipa), Sechura (Piura) y el proyecto Inambari (Puno y Madre de Dios). Conflictos, que como en el caso de Puno y Huancavelica, pueden demostrar dramáticamente las consecuencias de la indolencia cuando no la ausencia de Estado y de la fragilidad y fragmentación de la sociedad civil, generando escenarios en los que pueden actuar sectores vinculados en el pasado de alguna manera con Sendero Luminoso, que tendrán que ser aislados y derrotados políticamente.

Además, en el corto plazo está el tema de la gestión pública. Gana Perú requerirá, según sus propios números, cerca de 4000 funcionarios de confianza, para ocupar los casi 18 000 cargos de responsabilidad, en un Estado en el que trabaja alrededor del 7% de la Población Económicamente Activa (PEA), pagados a través de 428 reglas diferentes, con el 25% del presupuesto público. En otras palabras, la gestión de un Estado, que en la práctica, más que transformar hay que crear.

Por si fuera poco están las distintas «bombas de tiempo» que no se cansa de sembrar Alan García cotidianamente, la última de las cuales es el proyecto de ley presentado sobre la escala remunerativa y el régimen pensionario de policías y militares, carente de cualquier provisión presupuestaria en el corto plazo y muy difícil de cumplir en el largo plazo. Esa decisión, que se suma a otras que ocasionaron la retracción del gasto público durante varios meses, parece apuntar a generar gran desorden en el manejo presupuestal, pero también en el necesario equilibrio macroeconómico, alentando expectativas seguramente legítimas, que serían «frustradas» luego por el gobierno de Gana Perú.

Todo ello, sin olvidar la complejidad de la propia familia del nuevo mandatario. La irrupción de Alexis Humala, recibido por altas autoridades y empresarios energéticos rusos, como supuesto representante presidencial, es una pésima señal de una gestión que hizo de la lucha contra la corrupción una de sus banderas electoralmente más significativas, alimentando innecesariamente de argumentos a todos aquellos sectores, parte de la prensa entre ellos, que no le darán tregua en ningún momento al nuevo gobierno.

Así las cosas, es claro que éste tendrá que hilar fino. Que requerirá de un equipo cohesionado desde el primer momento pero que también tendrá que ratificar sistemáticamente su relación con el electorado que le dio la victoria y con la sociedad toda. El nuevo gobierno necesitará, en consecuencia, de un discurso muy claro y de medidas que evitando el riesgo de la polarización que se vivió en el proceso electoral, muestren su disposición al cambio que anunció.

desco Opina / 8 de julio de 2011

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