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La incertidumbre del mapa político en el sur

Las votaciones del 4 de octubre para las elecciones regionales en el sur, dejaron más preguntas que certezas. Solo en tres de las siete regiones de la macrorregión sur se eligió al nuevo gobernante en primera vuelta. En las otras cuatro, la decisión se ha pospuesto hasta el 6 de diciembre.

Lo que hemos visto con nitidez en esta primera parte de la elección es el reacomodo de las fuerzas políticas. Los movimientos regionales, que durante años fueron los dueños del escenario sureño, han perdido peso. No es una sorpresa total: los cambios legales discutidos y aprobados por el Congreso pasado empujaron a muchos dirigentes a abandonar sus movimientos y a refugiarse en partidos nacionales, a quienes también les tiraron un salvavidas para que no desaparezcan del mapa político nacional. Lo que antes era un archipiélago de identidades locales hoy se parece cada vez más a un tablero controlado desde los partidos nacionales.

En ese tablero, el nombre que más resuena es el de Ahora Nación. Un partido novísimo que se quedó con dos de los siete sillones regionales, Apurímac y Madre de Dios, y que disputará la segunda vuelta en Arequipa, Puno y Tacna. Es decir, está presente en cinco de las siete regiones. Para una organización recién llegada, es un debut que impone respeto y que obliga a preguntarse si estamos ante una fuerza con vocación de permanencia o ante una ola pasajera como tantas que ha visto la política peruana. Las últimas decisiones de López Chau, líder del partido y una de las cabezas de la oposición en el Legislativo nacional, nos hace preguntarnos sobre cuál será el rol de los gobernadores en caso consiguieran un bloque de cinco asientos en el sur. Es una incógnita.

Tampoco conviene pasar por alto el resto del mapa. En Moquegua el duelo se da entre Acción Popular y Somos Perú, dos partidos nacionales de largo recorrido, pero inmersos en varios escándalos parlamentarios y conflictos de intereses. Y en Cusco, la victoria de Verónika Mendoza con Venceremos causó pánico en varios medios de comunicación limeños y despertó los sentimientos de odio más bajos en opinólogos y políticos capitalinos. Hay, además, una ausencia que merece atención: Fuerza Popular no presentó candidaturas en toda la macrorregión, quizá temiendo un rechazo en cadena que le hubiera restado aún más a la pobre performance de la presidenta Keiko Fujimori en sus primeros 100 días de gobierno.

Ahora que los movimientos regionales ceden terreno, las organizaciones nacionales ganan el escenario, pero no necesariamente el arraigo. Un partido puede ganar una elección sin tener estructura, cuadros, ni un proyecto territorial. Ya lo hemos visto en las elecciones nacionales. La pregunta es si estas organizaciones políticas que disputan los sillones regionales, serán algo más que un vehículo electoral. Si los gobernadores electos serán militantes orgánicos, aun siendo invitados, y si tienen la vocación de formar un bloque interesante para levantar diferentes banderas como, por ejemplo, el de la culminación del gaseoducto sur andino o la lucha contra al centralismo, ad portas de la aprobación del presupuesto público 2027. Si, en cambio, los partidos son solo un trampolín, la región seguirá sin tener una voz colectiva.

Las urgencias no esperarán a que los partidos se acomoden o que los posibles gobernantes, provenientes del sector privado, se reseteen para manejar lo público. Tenemos encima al Fenómeno El Niño y una serie de demandas por sus posibles consecuencias que aún no han sido resueltas como la descapitalización a productoras y productores alpaqueros que se concentran en esta parte del país, donde se pronostica una dura sequía. Seis de estas regiones concentran el 58,6 % de la renta extractiva del país y diversos estudios muestran que esos recursos no se han usado con eficiencia. A ello se suman la entrada en operaciones de Tía María en Arequipa (ahora en construcción), las expectativas por la explotación del litio de Corani (Puno), la formalización minera con el cierre del Registro Integral de Formalización Minera (Reinfo) a fin de año y la minería ilegal, cuyas prácticas se han extendido en todo este inmenso territorio. Por último, está pendiente la resolución de las obras paralizadas, reportadas en todos los departamentos, a excepción de Madre Dios. Dos de estos departamentos tienen las cifras más llamativas: Arequipa con 14 obras paralizadas, con una inversión comprometida de 154 millones de soles, y 7 en Puno, con 429 millones comprometidos.

El sur no será contrapeso del poder central si los nuevos gobernadores no se trazan metas comunes aprovechando diferentes espacios de convergencia como la Mancomunidad Macrorregional del Sur que, aunque existe desde 2023, ha tenido un papel limitado por falta de un presupuesto común, personal y un horizonte compartido.

En el sur necesitamos gobernadores que dialoguen entre las regiones que lo integran y no solo con Lima, a fin de resolver los problemas interregionales en temas sensibles como el agua, la energía y los límites territoriales. Sin embargo, con la poca claridad en la mayoría de los discursos políticos durante la contienda, sobre todo lo referido a la integración, no sabemos si el nuevo mapa político del sur representará un cambio de fondo, la continuidad de una disputa entre caciques por los recursos o la desolación de quienes gobiernan en solitario.

 

desco Opina – Regional / 6 de noviembre del 2026

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